"La caída de la Casa Usher", Poe-Glass-Zahir

Author: Angelus / Etiquetas: , ,


Estrenar una ópera de Philip Glass en España exige redaños. Juan García Rodríguez ha demostrado ya en su trayectoria al frente de Zahir Ensemble y de la Orquesta Sinfónica Conjunta que le sobran los ídem para acometer empresas novedosas y de enjundia con las que sublimar el nivel musical de una ciudad tan folclórica como Sevilla. Para este proyecto necesitaba una dramaturgia potente que pusiera en escena los entresijos de una ópera, aunque minimalista. El Teatro Central, volcado desde hace algún tiempo en la programación danzarina, no dispone de la tramoya necesaria para tales empeños. Con esta tesitura, el espectador se disponía a presenciar una ópera en la que el aparato escénico, por mor de la condiciones del habitáculo, pasara a segundo plano. Sin embargo, el espacio en m². para la, en esta ocasión, lata formación de Zahir Ensemble se redujo en demasía, acumulándose, por ende, sus componentes, sin que el respetable pudiera percatarse con nitidez de su pericia técnica. Al contrario, los tres -y casi únicos- protagonistas operísticos disfrutaron de la mayor parte del escenario para sus dispares correrías. Éste fue dispuesto por Thierry Bruehl con largos cortinajes negros a modo de parapetos "usherianos", con los únicos añadidos de un volátil manzano de las tentaciones y una incestuosa cama vintage. La parquedad primó en la puesta en escena, lo que en principio no es objetable -más, si no se dispone de los medios adecuados-, pero habilitar la mayor parte del espacio a los caminos iluminados con focos de los tres personajes, mientras la orquesta se hacina en una cuasiesquina, no lo considero ningún acierto escénico. Esa desnudez teatral se exacerbó con paradójico barroquismo en el atuendo postrero de la hermana Usher: desnudez sangrienta ridiculizada por una pudorosa prenda interior. El final, además, resultó de una pobreza que calificarla como ascética sería denigrar el ascetismo. Final ajeno al texto de E. A. Poe.

En el apartado estrictamente musical, el barítono David Langares se llevó la palma por el poderío de su voz y la correcta dicción inglesa, que unida a su apariencia, pudiera hacer pensar a los neófitos en un intérprete foráneo. La soprano japonesa Sachika Ito se lució con la firmeza de sus vocalizaciones sostenidas. Por el contrario, el tenor Alain Damas quedó empequeñecido por sus partenaires, debido a un torrente sonoro escaso. Zahir estuvo tan solo modélico en el acompañamiento de los actores; timorato diría yo, sin el protagonismo musical que la obra de Philip Glass reserva a la partitura. Aun así, nos congratulamos sobremanera de haber podido disfrutar de esta ópera sui géneris en Sevilla.