Ciclo de Cine Polaco (III). "Kamper", de Grzegorzek Żurawski

Author: Angelus / Etiquetas: ,


Como apelativo, Camper -término de los videojuegos asignado al jugador pasivo y acechante- caracteriza al protagonista del filme objeto de esta reseña y, además, le da título por metonimia. Camper juega metafóricamente a lo largo de toda la película a ser Peter Pan y es finalmente derrotado por la vida: se queda sin casa, sin mujer y ¿sin amante?; tan solo un fiel y sufrido amigo -al que antaño había zarandeado- y el paisaje urbanita varsoviano al que da el balcón de su nuevo microhogar, lo acompañan en las secuencias postreras del filme. Ésta es la síntesis de la última, por desgracia, película del Ciclo de Cine Polaco que se ha podido ver este año en Sevilla, dado que K2. Tocando el cielo fue defenestrada, pese a sus laureles, sin que la Filmoteca de Andalucía, ni el CICUS justificaran tal nefasta decisión.

La obra, que esconde con sapiencia la escasez de presupuesto y el amateurismo, es una agradable y sin pretensiones disección de una inmadura relación de pareja. Mateusz (Camper) trabaja como líder probador de videojuegos en un suntuoso estudio, disfruta de una mujer bella y un piso agradable; pero ese juego virtual que le da de comer también es llevado a la vida real: mantiene indolente y lúdicamente su matrimonio, a la vez que inicia un escarceo amoroso con una hispana, en principio como divertimento, luego como vendetta tras la confesión de una infidelidad menor por parte de su pareja. Mania es aficionada a la cocina y, de hecho, participa en un curso dirigido por un cocinero famoso, pero cae inocentemente en las redes amatorias de éste; por otra parte, sus planes de negocio propio -finalmente llevados a cabo- rozan el esperpento. La inmadurez rige la vida de la pareja y les aboca al final antes mencionado. 

Piotr Żurawski (Camper) es el eje sobre el que gravita todo el filme y su personaje, el responsable máximo de que el edificio marital se desmorone. Su interpretación es convincente y natural: materializa la esencia de un Peter Pan treintañero (su descontrolado baile solitario final en una discoteca -magnífica escena- testimonia el meollo de su personaje y las cualidades interpretativas). Marta Nieradkiewicz (Mania) -"dotada" de un apéndice nasal protuberante, rasgo que comparte, exacerbado, con Żurawski- es la antítesis por apatía y pasividad de la mujer pasional latina representada por Sheily Jimenez (Luna -la amante-), con la cual se produce un error de bulto, que hubiera sido fácilmente subsanable modificando su origen: proponer como sevillana (tópico rancio, por otra parte) a una hispanoamericana. La pareja de compañeros -y únicos amigos- de trabajo de Camper se ofrece como la última tabla de salvación para el protagonista y los que pretenden amarrarlo a la realidad.

La puesta en escena obra maravillas para esconder la falta de presupuesto. El escaso elenco actoral incide, también, en esto. El director, Łukasz Grzegorzek, ha hecho encaje de bolillos para pertrechar a su filme de un mínimo empaque, para dotar a su obra de un poso de credibilidad y ofrecer un espectáculo amable, hodierno y suavemente moralista sobre un segmento generacional polaco.

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