MPdC. In memóriam

Author: Angelus / Etiquetas: , ,


Cuando las nubes de tormenta te rodeen
y las fuertes lluvias desciendan sobre ti,
recuerda que la muerte no es el final.
Y si no hay nadie allí para consolarte,
con una mano de ayuda que prestar,
recuerda que la muerte no es el final.

El árbol de la vida está creciendo
allí donde el espíritu nunca muere.
La brillante luz de la salvación
refulge en oscuros y vacíos cielos
donde las ciudades se abrasan
con la carne ardiente de los hombres.
Entonces acuérdate de que la muerte
no es el final, no es el final.
Tan solo recuerda que la muerte…
no es el final.

Este fragmento poético adaptado del reciente Premio Nobel de Literatura, Bob Dylan, nos sirve para comenzar un acto de desagravio. Desagravio, sí, hacia alguien que nos dejó un triste mes de septiembre. Triste por ser el final de la época estival. Triste por dar el pistoletazo de inicio a un tiempo de trabajo y de escuela para todos nosotros. Triste por marcar el comienzo del otoño, con esas caídas mustias de hojas que “alfombrean” de color pardo y gris caminos y aceras. Triste, en fin, por ser el mes en que Manuel Peláez DEJÓ DE VIVIR.

Desagravio decía, y esta palabra puede parecer incoherente en un día en que recordamos a nuestro compañero y… amigo. Desagravio, repito y me explico: ahora que ya no estás -pero te sentimos muy vivo, por eso apelo a ti- te vamos a decir todo lo que en vida nos callamos por vergüenza, por miedo, por hombría, por… Manuel, el instituto está más triste desde que te fuiste; tu alegría arrolladora ponía la nota de optimismo en cada jornada; tu sonrisa irradiaba la sala de profesores cuando te decidías a abandonar ese sanctasanctórum -el aula de Plástica-. Manuel, el instituto está menos hacendoso desde que nos dejaste; tu dinamismo era el espejo en el que mirarse, tu vitalidad -¿de dónde sacabas tanta fuerza a pesar de los años?- nos empujaba para continuar en la lucha (y sabes a qué lucha me refiero). Manuel, el instituto está incompleto desde que partiste (¿hacia dónde?); nos falta el aliento, la fuerza, el encanto, la salsa, la luz de tus ojos - que dirían los Estopa-, nos FALTAS tú…

Manuel, fuimos cobardes y “cobardas”. Ahora que te sentimos ausente, nos atrevemos a decirte todo esto, a piropearte, a regalarte los oídos. Ahora que no lo necesitas, somos nosotros los que necesitamos expresar tanto dolor y tanta admiración, los que TE necesitamos.

Manuel, AL FIN, has sabido cuánto te queríamos, cuánto te queremos.

¡Monstruo! Hasta siempre.

Este texto, que preparé, fue leído -mejorando en su recitado las fallas del original- durante la despedida oficial en el Centro de un compañero que nos abandonó demasiado pronto.

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