Nos Sangratu

Author: Angelus / Etiquetas: ,


Acudió el inspector al claustro de profesores con estaca en mano (referir que el cuchillo entre los dientes le había ocasionado, otras veces, algún corte que había dejado indelebles marcas en sus labios y un peculiar regusto a sangre que lo iba a acompañar de por vida). Se acomodó en la mesa presidencial con una pantalla detrás bien preparada para proyectar su PowerPoint, por lo que pidió que bajaran las persianas del aula de cara a paliar los efectos negativos de la luz -esta exigencia sería, a la postre, su perdición-. Expuso con voz de ultratumba una valoración general de lo que habían sido meses de visitas al Centro: entradas en las aulas, reuniones con el equipo directivo, revisión de documentación... Fue una disertación minuciosa y concienzuda, que le obligó a hacer metódicas pausas para aliviar los pinchazos que cada tanto sufría su cuello, del que pendía -por otra parte- un aparatoso crucifijo; un vaso, dispuesto previamente por la conserje, con néctar de frutos rojos aderezado con ajo atenuaba el esfuerzo elocutivo. Las profesoras, ajenas a criterios paritarios y mínimas normas de urbanidad, se acicalaban a gusto, pero sin que los espejitos extraídos de los bolsos reflejaran sus rostros. Los profesores, más educados, pero en sangrante minoría, bebían a pequeños sorbos -cual chupitos- de sus Pilots V5 Hi-Tecpoint rojos para corregir.

Terminó el inspector su exposición levantando la vista y observando, primero alarmado y después comprensivo, cómo los miembros del claustro afilaban las colmillos en las gomas de sus carpetas, los ojos se les inyectaban de sangre y comenzaban, al unísono, a levantarse de sus túmulos para abalanzarse sobre él y dar inicio al festín inspectorial.

Antes de que la sangre tiznara paredes, suelo y esa inmaculada pantalla, la víctima tuvo tiempo de proferir una última voluntad: "Respetad la jerarquía... La Directora primero". Al poco, el señor inspector ya  estaba emitiendo gemidos placenteros.

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