Jesús Carrasco, "La tierra que pisamos"

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Terminaba mi reseña de febrero de 2013 sobre Intemperie, la primera novela del afincado en Sevilla y expublicista Jesús Carrasco, aplazando la valoración justa de su talla como escritor a la publicación de su segundo relato. Han debido transcurrir tres años para que pueda volcar tal juicio. Los compromisos publicitarios de Intemperie y el esforzado trabajo formal del nuevo texto parece que han demorado en exceso la esperada irrupción de su segunda novela, esta vez con menos aparato propagandístico (Seix Barral no suele errar avizorando ventas).

El problema de La tierra que pisamos no es que sea una novela fallida o que yerre en la adopción de la estrategia narrativa más afortunada, como afirma Carlos Pardo en Babelia, sino que las virtudes que apreciábamos en su primera obra se tornan aquí limitaciones e invalidan una narrativa que no debería ya más dar de sí en el futuro (tocado y hundido al segundo libro), a no ser que Carrasco reniegue de su peculiar estilo y aborde, parece que sería lo más aconsejable, otros universos narrativos y estilísticos. Ojalá me equivoque y pueda desdecirme en el futuro -que no sea tan larga la espera-, pero todo parece indicar que con un bluf hemos topado.

El texto es una ucronía rural y doliente sobre una Extremadura agrestre destinada al retiro de viejas glorias militares de un Imperio que ha pacificado Europa a base de la guerra y el exterminio. Con este marco pseudohistórico, el escritor plantea su obra en torno a dos personajes que confluyen en el mismo espacio narrativo: "la tierra que pisan ambos" es la usurpada a uno de ellos, Leva, por dicho Imperio y a la que retorna al comienzo de la novela tras un periplo penoso; el otro personaje es Eva, la usurpadora, esposa del coronel retirado y enfermo que ha recibido como recompensa por los servicios prestados la tierra otrora trabajada por Leva. El encuentro con éste supone para Eva su particular caída del caballo, el descorrimiento del velo que nublaba la visión vital de la mujer. La difícil relación entre ambos, por el autismo sobrevenido del hombre, va permitiendo a ésta percatarse paulatinamente de las atrocidades imperialistas y del lazo imperecedero que une a Leva con su tierra. Los campos de concentración, el exterminio nazi y la limpieza étnica del pasado siglo son referentes que sustentan la obra sin mencionarse.

La novela tiene puntos de contacto con Intemperie: dos personajes que se encuentran y "ayudan", la maldad avasalladora, el arraigo vernáculo, el ruralismo salvífico... En este sentido, Carrasco no ha sabido o no ha querido, siendo compasivos, alejarse del meollo compositivo de Intemperie y que tanto éxito y dinero le supusieron. Asimismo, el estilo continúa con el periodo sintáctico breve, que ahora se torna graveza y pesadez por unirse a una narración mayoritaria en presente y primera persona a la que nunca he sabido amoldarme como lector -reconozco aquí limitaciones subjetivas no achacables al autor-; además, la mezcla de las tres personas narrativas no es que haga más compleja la historia, como deseaba y afirmaba el autor en entrevista periodística, sino que desconcierta y enoja a partes iguales. La inverosimilitud que apuntaba Intemperie en ciertos episodios se exacerba aquí en la persona de Eva, quien hasta la aparición de Leva no había ni siquiera barruntado la base sanguinaria en la que se asentaba su vida. 

A fuerza de ser justo, he de señalar que la segunda parte de la novela, con el punto de vista focalizado por fin en Leva, gana en coherencia narrativa y que Carrasco sigue manteniendo ese feliz don para dotar de poesía a sus palabras cuando transmite sensaciones y pulsiones primigenias; pero esto convendría mejor a un género más breve, concentrado y estilístico como el cuento (aquí, la hipertrofia formal ahoga la historia).

Como conclusión, debo decir que Jesús Carrasco ha querido estrujar el tirón de Intemperie escribiendo un texto con mimbres similares (esqueleto argumental, estilo y poética), pero con mayor complejidad narrativa, mas el tiro le ha salido por la culata: sus limitaciones como escritor se han puesto en evidencia. La confirmación de un novelista talentoso, que tanto me hubiera gustado suscribir, no ha podido materializarse.

2 comentarios:

Licantropunk dijo...

¡Qué pena! Cuánto nos gustó "Intemperie", ¿verdad? Me ahorraré este otro título.
Saludos.

Angelus dijo...

¡Qué gran decepción, amigo! Y lo peor es que no augura nada bueno para el futuro. Saludos.