Microrreseñas poéticas

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A la breve manera propuesta por El País, y satirizada por Ignacio Echevarría, en su reciente concurso de reseñas literarias: 500 caracteres máximo -incluidos espacios-, ofrezco cinco microrreseñas poéticas (no premiadas) de otros tantos escritores, cuatro de ellos cercanos a uno en lo personal. Los textos juegan con irreverencias y pedanterías, pero siempre bajo el prisma de la admiración:

“No sé qué parte de la luz se filtra, / pero la que se filtra / quiere que yo la piense.” Hepta- y endecasílabo reflexivos que muestran asombro ante la realidad e indagan en su significado. Así es el poemario Nocturno casi (Barcelona, 2014) de Lorenzo Oliván: yoes y túes perplejos, aprehendedores de la materia viva y desentrañadores de su sentido oculto. Descreídos versos blancos, a veces prosificados, en los que el poeta atisba haces de luz entre metafísicas nocturnidades.

Carlos Vaquerizo (Sevilla, 1978) se ha liberado con su último poemario, Preludio de una mirada, de la losa del Adonáis que lo encumbró (si es que dicho premio aún coquetea con las alturas). Su poesía se ha hecho más cercana y accesible, extrayendo, de las ruinas de la belleza incomprensible, hermosas muecas líricas, como preludio -esperemos- de un nuevo ciclo poético: página 47, paráfrasis del poema “Ruinas”. A Carlos le sobra talento, pero ahora está puesto al servicio del agradecido lector.

"Viento del Este y niebla gris / anuncian lo que ha de venir". Desde Zaragoza vuela bajo, tras el skyline pilarista, Marcos Callau, con su particular paraguas protector: Concierzo de viento (12 poemas + 1 vendaval). El libro alquitara confidencias versolibristas mañas, sujetando con fuerza las bridas del lenguaje y las emociones para que el denostado cierzo no arrastre más que institutrices negras. Flatos, acepción 2 del DRAE, no rimados al son de Sinatra, Serrat y demás. Gone with the wind.

Yo, para leer feliz a un buen traductor de poesía, quiero, cuanto menos, un mal poeta (Loquillo cuasi dixit). Uno ve superpuesto sobre el barbudo rostro de Abel Murcia la andrógina faz de Wisława Szymborska. Desguace personal (Varsovia, 2012) es un poemario comunicativo -cual enfoque ELE- y amable, pudoroso en la ofrenda de paisajes del alma. Poesía que atrapa en estrofas multiformes fugacidades íntimas, que rinde pleitesía a la tiranía de la memoria, sin olvidar las aristas urbanitas hodiernas.

Los más de cuarenta tacos de Marcos Matacana Martín (Sevilla, 1973) dan cuenta de un fatigador de versos oculto y vergonzante, que camufla un talento autoconsciente con la pátina de la humildad. El extenso poema amoroso que nutre la plaquette Mirador (Nueva York, 2014), testimonia una lírica madura que aúna tropos bellos con viscerales expresiones coloquiales,  culturalismo con suciedad realista, narratividad junto a elegía borgeana. Poesía anecdótica que clava aguijones de lirismo exacerbado.

2 comentarios:

Marcos Callau dijo...

Quedo muy agradecido. Confieso que es una de las más originales que he leídop sobre Concierzo de viento. Abrazos!!!

Angelus dijo...

Un placer leerte y escribir sobre el libro. Eso intenté: la originalidad juguetona y cinéfila. Un abrazo.