"Lúcidos bordes de abismo". Luis Antonio de Villena

Author: Angelus / Etiquetas: , , , ,


Luis Antonio de Villena ha esperado que la guadaña rebañase la vida de todos los Panero para escribir un ensayo sobre una familia que conoció de primera mano y trató con cierta asiduidad. ¿Decisión ética o táctica mercantil? Supongo que ambos condicionamientos son válidos. Ningún Panero podrá ya rebatir sus opiniones al respecto (aunque esto jamás se hubiera producido en vida del último superviviente, Leopoldo María, inmerso en un devenir mental esquizoide ajeno a dialécticas ensayísticas). El tirón publicitario del Panero loco se irá apagando con el tiempo y es mejor aprovechar los rescoldos aún calientes de un periplo vital atractivo por excéntrico. De esta manera, Villena nos ofreció a fines del año pasado una semblanza personal-literaria de los tres hermanos y la madre, semblanza en la que él mismo ocupa un lugar destacado -ese afán protagonista es el mismo que caracterizó la presentación del libro en la Biblioteca Infanta Elena de Sevilla el pasado mes de febrero.

Cuando los Panero, viuda y huérfanos, se convierten en iconos de la transición democrática por mor del escándalo parricida de El desencanto y en protagonistas de la movida madrileña, Villena ya había entrado en contacto con la singular familia gracias a su querencia por la vida nocturna, su vocación poética y a su inmersión gustosa y teatrera en las bambalinas de la trastienda literaria. Allí se encuentra a un Leopodo María aún tratable y deseoso de carne masculina joven, a una Felicidad abnegada, a un Juan Luis cordial y borrachín y a un Michi secundario y ya iniciando un camino de decrepitud física. Es entonces cuando Villena empieza a adoptar una actitud de laboratorio: los bichos son analizados desde el parapeto del microscopio que protege de las salpicaduras de las peligrosas taras vitales que lastran la vida de sus cuatro cobayas.

La primera parte de la obra depara un paseo voyerista por las intimidades de Juan Luis, Leopoldo María y Villena mismo; sorprenden aquí los devaneos homosexuales del mayor, puesto que las inclinaciones homoeróticas de Leopoldo siempre fueron evidentes, por no hablar del propio autor. Pero es mediado el libro, más exactamente con la reproducción y comentario del poema de Leopoldo hijo "Ma mère", cuando el texto cobra enjundia: el autor, sin desaparecer completamente, se hace menos visible y se deja eclipsar por los personajes analizados. La obra, entonces, se convierte en un particular ensayo literario-social, análisis poemáticos incluidos, en el que abundan las reflexiones lúcidas y sagaces sobre los cuatro miembros de la familia: el hálito romántico caduco y mistificador de Felicidad, el egoísmo de Juan Luis y su oportunamente escasa poesía realista-meditativa, el irracionalismo simbólico y hermético de Leopoldo María -autor de una poesía que paradójicamente resultaba más clara que el hombre mismo- y el mito de la familia patriarcal franquista que denuncia Michi, pero que sustenta una vida siempre a la sombra de sus hermanos.

No faltan las revisiones de Ricardo Franco y su filme Después de tantos años, los libros de memorias de Juan Luis y Felicidad, así como la obra de Bunbury dedicada a Leopoldo María. La edición corre a cargo de la Fundación José Manuel Lara, que ha confeccionado un bonito libro para cuatro cadáveres no exquisitos.


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