Donna Tartt, "El jilguero"

Author: Hutch / Etiquetas: , ,


Una obra sobre la aflicción por la pérdida del ser querido, sobre cómo un adolescente, a raíz de un desgraciado accidente, va dando bandazos a lo largo de su vida hasta al final encontrar la redención social y la reconciliación personal. Eso es la monumental novela El jilguero de Donna Tartt, quien ha sabido conjugar la "alta" y "baja" literatura, el aplauso crítico y el éxito de ventas, la introspección psicológica y la novela río sui géneris, las reflexiones culturales y el placer de leer una historia bien contada. No sé si las alabanzas de Stephen King le han hecho un favor a la autora o si bien las prevenciones estéticas que pudiera despertar el famoso autor de "best sellers" transmutan la laudatoria en veneno; en todo caso, este primer clásico del siglo XXI engatusa al lector con su pericia narrativa.

La mayor parte de la novela es una gran retrospección hecha por el protagonista, Theo Decker, desde un hotel de Ámsterdam, que pretende justificar el estado de confusión y alienación en el que se encuentra, y que tiene su arcano germen en la pérdida de la madre en un atentado terrorista acaecido en un museo neoyorquino. A raíz de ese hecho luctuoso, el protagonista recorre dispares núcleos familiares, compensando el débito afectivo con la amistad, el amor platónico, el alcohol y las drogas. Hasta la entrada en la Universidad y mientras Theo es joven, la novela atrapa por su conjunción de narración y autorreflexión vital, pero a partir de ahí, se producen extrañas elipsis (como si la autora se hubiera dado cuenta de que su obra iba camino, no de las 1.100 páginas que finalmente encierra, sino del doble, y decidiera darse prisa por hacer madurar a su personaje). El aire "dickensiano" de ese Theo joven es innegable y traerlo a colación no tiene ningún mérito, aunque sí es obligatorio para poner de manifiesto el simpático vagabundeo de pillastre del protagonista.

El texto tiene su particular "macguffin": el robo que hace el niño Theo Decker del cuadro de Carel Fabritius de 1654 El jilguero -reproducido al final de la entrada-, aprovechando el desconcierto policial tras el atentado antes citado e instigado de alguna manera por la alabanzas que del mismo le había hecho su madre antes de fallecer (poseer el cuadro se convierte así en una manera de conjurar a la muerte). La difícil guarda que debe llevar a cabo Theo, la búsqueda policial y sus implicaciones mafiosas, aportan al texto gotas de intriga y suspense, a la vez que dan pie a reflexiones culturales.

6 comentarios:

Ana García dijo...

Parece muy interesante y no conozco el autor, ¿lo recomiendas como lectura veraniega?

Angelus dijo...

El adjetivo "veraniega" tiene unas connotaciones de ligereza y superficialidad que no concuerdan con la novela. Sin embargo, su extensión sí la hace propicia para el verano; eso sí, no esperes leer nada más que esta novela. La autora es premio Pulitzer de este año. Saludos.

Licantropunk dijo...

La dimensión del tocho me distrajo de su compra. En fin, que lo mismo me espero a cuando hagan la película...
Saludos.

Angelus dijo...

Es un atajo, sí, pero vete a saber cuál es el resultado de la reducción de tamaño volumen a dos horas. Saludos.

Anónimo dijo...

El tema de la pérdida, de cómo necesitamos agarrarnos desesperadamente al más tenue hilo de conexión (en este caso, el cuadro) con la persona ausente, y cómo esto puede llegar a convertirse en algo que determine nuestra vida, me resulta muy cercano, y es difícil de tratar con la debida delicadeza sin caer en la sensiblería. Me quito el sombrero ante Donna Tartt si lo consigue. Muchas gracias por llamar nuestra atención sobre esta novela, que apunto en la lista de próximas lecturas. Un saludo.

Angelus dijo...

Gracias por un comentario tan elegante. No hay sensiblería en esta novela, sino fijación obsesiva por la madre y pérdida del norte vital. Saludos.