Microrrelato regio

Author: Angelus / Etiquetas: ,


Sentía que unas manos distintas a las suyas movían su destino. Era el Rey, pero hace tiempo ya que no disponía del beneplácito unánime de sus súbditos. “Abdicación”. Ésa era la palabra que más oía para referirse a su mayestática persona. Es verdad que algún que otro monarca no había soportado la presión y había acabado por ceder, pero él aún resistía. Recuerda, todavía, cuando era una figura señera: aquella aparición televisiva –tardía, es verdad, y algo timorata- había asegurado una imagen sólida y perdurable en la retina de sus compatriotas. Pero eran otros tiempos, ahora escándalos financieros, excursiones exóticas, desgastes físicos e historias de alcoba habían salpicado de barro su hasta entonces casi impoluta imagen.
En numerosas ocasiones, tenía la desagradable impresión de que su mundo no era más que un inmenso tablero cuadriculado en blanco y negro, y él tenía todas las de perder. El maniqueísmo de la gente había hecho girar las tornas y ahora no lograba desprenderse de una mancha negra que tiznaba todo cuanto tocaba. Un rey Midas de la oscuridad, en eso se había convertido. Negro era su color y negro su futuro. Abdicar se presentaba como una solución plausible.
Aunque bien mirado, se podía decir que no era para tanto. Es verdad que sus huesos le jugaban malas pasadas de vez en cuando, pero aún se mantenía en pie. ¿Qué se habían creído, que era un inválido? No, todavía tenía cuerda para rato. Decididamente, no, que otros abdicaran si eran tan pusilánimes, él, aunque con muletas, seguiría siendo el Rey. Solo la muerte le despojaría de la majestad que se había ganado con tanta tenacidad.
Entonces, de improviso, sintió que una mano gigantesca golpeaba su corona y le hacía caer. Ya no pudo volver a levantarse por sí solo. Todo su poder rodó por el tablero.
-----------------------------------------------------------------------
“Me rindo. ¿Revancha? Pero ahora juego yo con las blancas”. 

Ha muerto Juan Luis Panero

Author: Angelus / Etiquetas: ,


No deja de tener su gracia macabra que de la saga maldita de los Panero solo sobreviva Leopoldo María, el poeta loco y suicida. Hoy, 18 de septiembre, hemos conocido el fallecimiento del hermano mayor, Juan Luis, acaecida el pasado lunes, una semana justo después de su cumpleaños. Ya conocíamos su vecindad con la muerte a raíz del cáncer de lengua que padecía, por lo que el deceso no debería pillar desprevenido a casi nadie, algo similar a lo que aconteció, por desgracia, con el hermano pequeño Michi, ambos alcohólicos irredentos.

De las famosas películas "El desencanto" y "Después de tantos años" se nutre una funesta imagen del finado que, los que no pudimos conocerle, difícilmente vamos ya a olvidar: la de un hombre desapegado de la familia hasta la náusea, cruel y distante con sus hermanos, actor de sí mismo, despreciativo y literaturizado (Michi podría corroborarlo sin duda). Pero era un buen poeta, aunque poco prolífico y con tendencia a repetir siempre el mismo libro; un escritor al margen de los vaivenes de la moda y cuya poesía solo se elevó a la altura de la de su hermano gracias al premio Loewe; escribió una lírica culturalista, pero con un lenguaje accesible, y fatalmente obsesionada con la muerte.

Había declarado ya hace algún tiempo que su caudal poético se había secado y no deseaba arrastrarse con malos versos. Aun así, nos duele su muerte y pensamos en la guadaña que temprano se cernió sobre el padre, lo mismo que sobre el cuerpo maltratado de Michi. 

Leopoldo María, ya nadie te va a llevar chocolatinas al manicomio, pero, ¿acaso alguna vez lo esperaste con razón de Juan Luis?

Sólo son tuyas -de verdad- la memoria y la muerte,
la memoria que borra y desfigura
y la sombra de la muerte que aguarda.
Sólo fantasmales recuerdos y la nada
se reparten tu herencia sin destino.
Después de sucios tratos y mentiras,
de gestos a destiempo y de palabras
-irreales palabras ilusorias-,
sólo un testamento de ceniza
que el viento mueve, esparce y desordena.

"El último concierto", Yaron Zilberman

Author: Angelus / Etiquetas: , ,


El Parkinson amenaza la carrera interpretativa del chelista (Christopher Walken) del cuarteto de música clásica "La Fuga", justo antes de comenzar una nueva temporada con el último cuarteto -"A late quartet" del original (nº. 14, Opus 131)- de Beethoven, pero el peligro también se extiende al futuro de la formación misma, y no por la más que posible retirada del miembro más veterano del grupo, sino porque el presumible cambio de solista enciende la mecha de una serie de pulsiones negativas latentes y da cuerda al engranaje malsano de relaciones afectivas viciadas en el seno del cuarteto: frustraciones profesionales, deseos inconfesables, infidelidades, relaciones materno-filiales problemáticas, amores tabú... Toda una tupida maraña afectiva que amenaza con reventar veinticinco años de convivencia profesional amistosa y, en algún caso, hasta marital; telaraña de la que sólo escapa, paradójicamente, el que había despertado al monstruo dormido y ve, ahora, cómo la enfermedad mina su cuerpo.

Con este argumento, el casi debutante Yaron Ziberman teje una película de sabor clásico, basada en el poderío interpretativo de los actores, el buen gusto de la puesta en escena, un guión sin subrayados que apela a la inteligencia del receptor y una banda sonora -Angelo Baladamenti- que apoya y refuerza el guión cuando es necesario (estar a la altura del genio de Bonn no está al alcance de cualquiera). El filme fluye mansamente, sin estridencias ni pseudomodernidades, abriendo los ojos del espectador a las relaciones interpersonales del cuarteto, al mundo de la música clásica y a una ciudad de Nueva York (extrañamente con muy pocos ciudadanos) retratada con una elegancia como hacía tiempo que no se veía en el celuloide. Una exquisitez para paladear con deleite.