"Todo suena", Lorenzo Silva

Author: Angelus / Etiquetas: , ,


La Clínica Universitaria de Navarra ha editado en diciembre de 2012, en su Colección “Historias de la Clínica” – que ya contaba con prestigiosas firmas como la de Juan Manuel de Prada, José María Merino o Gustavo Martín Garzo-, el último libro en papel de Lorenzo Silva, “Todo suena”. Se trata de un pequeño texto de apenas sesenta páginas, en formato asimismo reducido, que la editora distribuye gratuitamente –en el blog del autor se informó de cómo adquirirlo.

La obra es un reportaje sobre la paciente Ana Aísa Blanco, aquejada de sordera progresiva desde la adolescencia, que acude a la clínica navarra como tabla de salvación tras tres partos que debilitaron aun más su capacidad auditiva. Las sendas operaciones que sufrieron sus oídos resultaron un éxito y permitieron que “todo a su alrededor sonara” cuando su vida se había sumido ya en el silencio absoluto.

El texto, tal como nos lo cuenta Silva, muestra una valiente historia de superación personal. A partir de los quince años, Anuca se ve enfrentada a un drama personal que ya contaba con antecedentes familiares y que convierte su vida en una carrera de obstáculos que ella afronta con resignación, pero con gran fortaleza de ánimo. El autor pone manifiesto una y otra vez la negativa de la protagonista a que su existencia se viera afectada por la minusvalía. Las constantes “trampas” que se ingenia en la Universidad, en su vida laboral y personal son testimonio de una fuerte voluntad por no convertirse en una marginada social y por mostrar frente los demás una aparente normalidad. En ningún momento Anuca se vale de su discapacidad auditiva para obtener las más que justificadas prebendas que la sociedad le podría ofrecer, antes al contrario, sus denodados esfuerzos por suplir con astucia el silencio que se iba imponiendo progresivamente en sus relaciones personales a través del canal oral provocan en ocasiones la incomprensión de algunos conocidos, cuando no la burla de unos o la propensión en otros a ofrecer una imagen de retraso cognitivo. Sin embargo, cuando la situación se hace insostenible y su oído ya no le permite el más mínimo contacto sensorial externo, Anuca decide acudir en 2004 a la clínica navarra: las operaciones a las que se vio sometida, y que consisten someramente en la colocación de precisos implantes internos que colaboran con aparatos sujetos a la oreja, tuvieron el resultado esperado y dieron una nueva dimensión a su vida. Los problemas físicos devenidos de adaptación a los mecanismos externos y de asociación de los nuevos sonidos con la realidad –interesante cuestión que jamás uno que no haya sufrido esta dolencia hubiera podido imaginar- son males menores en comparación con los beneficios aportados por la intervención.

La narración se presenta como un somero repaso vital de la protagonista. Se centra Lorenzo Silva en sus problemas auditivos y en las distintas soluciones –personales y médicas- que se van sucediendo desde que la enfermedad se hace patente. Como se ha puesto antes de manifiesto, la intención del autor es mostrar una aleccionadora historia personal de superación. En este sentido, la obra parece en ocasiones una pequeña hagiografía laica de Anuca: inmune al desánimo, la enferma se saca de la chistera los más sagaces, y hasta peregrinos, trucos para desmontar su sordera y llevar una vida lo más normal posible. Sin embargo, algunos claroscuros ensombrecen la imagen que el texto nos quiere ofrecer de Ana Aísa: ¿no hay en esos agotadores esfuerzos un intento de engañar a la realidad y una falta de aceptación del problema físico?, ¿las manifestaciones de la hija mayor en el sentido de que su madre ha cambiado radicalmente tras las operaciones no se contradicen con la imagen que la narración nos muestra de Anuca antes de someterse al quirófano navarro? Interrogantes que planean maliciosamente sobre el reportaje y que tiñen de maldad esta reseña del texto.

El estilo adoptado por Silva se adapta al del reportaje periodístico. Si bien hay unos primeros párrafos reflexivos, pero con voluntad estilística, sobre las consecuencias de la sordera en cualquier ser humano, al poco ya se implica el escritor -ausente aparentemente del reportaje- en un sobrio repaso biográfico de la protagonista absoluta de la obra, a la que ya no suelta hasta el final del texto si no es para hacer un inciso técnico de la operación en sí misma, bien justificado con una aclaración previa: la inconsciencia anestésica de Anuca obliga a dejarla narrativamente, de modo transitorio, al margen.

Nada que escriba el autor madrileño es ajeno a este bloguero. Poco se podía aportar a lo ya dicho en numerosos lugares sobre la premiada “La marca del meridiano”, sin embargo, “Todo suena” ha pasado lógicamente más desapercibido y ello permite una mayor libertad crítica, a la vez que fomenta una cierta ilusión de originalidad en el comentario de un texto menor de tamaño, pero que se queda grabado poderosamente en la retina, mejor dicho, en el tímpano del silencioso lector.