Microcríticas de cine

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Mínimos apuntes críticos para cuatro películas vistas recientemente. Puyas por doquier para ponerme al día en la cartelera:


Blancanieves, Pablo Berger. ¡Tanto talento desperdiciado! Una españolada gratuita e inocente, que solo se perdona por la pasión cinematográfica que emana la obra. A nuestros críticos -otra muestra de provincianismo- se les ha caído la baba con la cinta, ¿por qué será que en la Academia de Hollywood no ha pasado ni la primera criba...?


The Master, Paul Thomas Anderson. Demasiada elipsis narrativa para comprender correctamente la relación maestro-discípulo. Joaquim Phoenix, como es habitual en él, sobreactuado, aunque la interpretación de P.S. Hoffman compensa las ínfulas brandonianas de aquél. "No guru, no method, no theacher" cantaba Van Morrison, abominando de la Iglesia de la Cienciología.


Dans la maison, Françoise Ozon. Morir de literatura: el maestro que cae en la red literaria y vital que le teje el alumno. Ozon acierta en el tono paródico del filme, aunque el castigo al profesor es a todas luces excesivo, sobre todo en su relación de pareja, y el muchacho no da el tipo: esa cara de malo no encaja con la marginalidad intelectual y social que al personaje le caracteriza. Aun así, la mejor película de las cuatro en esta entrada reseñadas.


Amour, Michael Haneke. Espinoso tema el del autor austriaco. Uno no va al cine a sufrir. ¡Ja!, esta aseveración puede ser fácilmente rebatida: si una obra conmueve es porque el receptor se la ha creído (bien hecha, interpretada...). ¡Vale!, pero hay más: el sufrimiento deviene también por un ritmo narrativo asfixiante, una puesta en escena claustrofóbica y unos silencios excesivos. Emmanuelle Riva se llevará seguramente el Óscar, pero el que sostiene todo el filme es Jean-Louis Trintignant. Tanto afán de veracidad "hanekista" para que después de todo nos salga el guión con una escena de realismo mágico... Eso sí, la parte final de la obra -muerte de la protagonista incluida- sobrecoge; aunque la gran lección de la película quizás estribe en otro lado, más allá de debates morales sobre la piedad amorosa y homicida: vivimos una época de exhibicionismos personales gratuitos a los que el director opone una intimidad fiera en la decrepitud.

Dominique A en el Central

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Ayer, día 23, coincidieron, lamentablemente, en los escenarios hispalenses dos formaciones imprescindibles: el grupo rock de Dominque A en el Teatro Central y, apenas a 200 metros, la Orquesta Sinfónica Conjunta de la Universidad de Sevilla y el Conservatorio "Manuel Castillo" en el Auditorio de la ETS de Ingeniería. A despecho de algún "maleable" anónimo, que no podrá dejar su mala baba en este blog -que no desespere, seguro que habrá otras oportunidades para escuchar a la orquesta, reseñarla y que descargue su resentimiento por estos lares-, debí elegir al cantante francés por una simple cuestión de anticipación en la compra de las entradas (agradezco desde aquí la gentileza de los responsables del Central para solucionar generosamente la pérdida de las mismas).

El concierto, anunciado para las 21.00 horas, se retrasó 60 minutos por la prescindible actuación del telonero Benjamin Schoos. Llegado el  momento, Dominique A se presentó en el escenario acompañado por un sobrio cuarteto de batería, teclado, bajo y guitarra para presentar el disco de 2012 Vers les lueurs, con la canción homónima que dio comienzo al recital. Una hora y media enérgica de power pop y estilismo vocal: nadie como él para representar ese ejercicio musical anglo-francés que es la Nouvelle chanson. En una forma física envidiable, el cantante se metió al público -que nuevamente no llenó el aforo, como en el caso de otro concierto histórico, el de Swans- en el bolsillo a base de recorrer su trayectoria con elegancia y poderío musicales. Brilló Dominique sobre todo en los momentos duros de la actuación: aquellos en los que sus acompañantes secundaron al líder, con conciencia plena de su papel secundario ante la estrella, en las canciones con crescendo y riffs de guitarra. Uno no se esperaba que el admirador de los clásicos de la chanson ejerciera de rockero contundente de esa manera, pues el poderío vocal se le supone. No fue, por tanto, en la vertiente melódica donde sorprendió gratamente Dominique A, sino en la  rotundidad rockera sin paliativos de un concierto que se alargó generosamente en los bises. Además, estuvo el francés simpático y receptivo en la presentación de la serie vertiginosa de canciones -apenas sin descanso para que el espectador se repusiera, el mismo poco respiro que el propio cantante se daba a sí mismo en su sucesión de espasmódicos movimientos en el escenario.

Otra noche, una más, en el Central para recordar y alegrarse de la sorprendente presencia entre el público de compañeros de trabajo y fatigas. Au revoir!, monsieur Ané.

"Hombre en la niebla", Jesús Bernal

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El Premio Adonáis 2011 puso en circulación -función primordial del galardón a lo largo de su historia- a un escritor casi inédito, Jesús Bernal (Elche, 1976), autor hasta entonces de un único poemario, Amar es mi ejercicio, 2005, asimismo premiado. La cubierta de la edición de RIALP ofrece un acertado y sintético análisis de la obra: "poemas reflexivos [...] que atienden tanto a asuntos existenciales, básicos, del ser humano -el paso del tiempo, las cuestiones metafísicas del ser y del morir...- como a la expresión de la comunión plena con la naturaleza.  [...] Poeta de la naturaleza cabría nombrar, pues, a Jesús Bernal, de una naturaleza muy mediterránea, ya que sus composiciones reflejan el paisaje levantino". Paso a comentar algunos de los fragmentos del libro.

Sin duda, hay aquí un estética panteísta sui generis, en la que se nos hurta la dimensión teológica divina. Un lazo cuasi sacramental une al sujeto poético con el mundo natural: "Nubes y lagos, bosques / y cielos se diluyen en mi sangre [... ] doy forma al Universo en cada trago" afirma Bernal en el primer poema del libro, "Manantial", para que el lector sepa desde el principio ya a qué atenerse. Comunión que se extiende al reino animal: en el poema "Acuario" los seres humanos tras el cristal se integran en el mundo submarino: "no somos más que formas / en descomposición, materia efímera / en el fondo del tiempo, / los restos de un naufragio sin porqué"; pero es que incluso los seres inanimados pugnan por albergar vida en sí, por ejemplo, el poema "Cotidiano": "La lámpara, la mesa, los papeles, / la taza de café / y todos estos libros / piden el testimonio de una voz / para abrir en su seno una hendidura / que albergue a quien los nombra". El poeta forma parte felizmente de un todo pletórico, aunque algunas tierras no sean especialmente de su agrado: en "Paisaje de meseta" las palabras de la cubierta de la edición en torno a su vinculación con el Mediterráneo cobran su sentido -quizás el sustantivo "vulgaridad" desacredite un tanto el punto de vista adoptado y pueda levantar ampollas.

Pero este poemario es mucho más que un canto integrador de los seres/no seres que habitan nuestro mundo. Hay una reflexión existencial en la que el sujeto poético muestra apesadumbrado sus carencias: "Vine desde muy lejos / para escuchar la voz / que entonces poseías, / antes de que mudase en la cadencia tramposa e insegura / que enhebra mis palabras" o "La oscuridad, igual que un agua sucia, / inundó los senderos, / y mi cuerpo ensartado / resbaló por el filo del presente / (polvo hacia el polvo). Entre las hojas secas / mi volumen de sombra se abismó." o "Vuelve la primavera / con alforjas cuajadas de verdura, / pero nada nos trae: / para nosotros vuelve de vacío / -como todos los años-, / incapaz de fundir la sangre helada, / incapaz de engastar / un resplandor de afecto / en las sombras que habitan la conciencia". La percepción de la muerte, en este sentido, está también presente en el libro en la forma serena de final de viaje, de encuentro inevitable y que allana el camino: "Escuchaste su voz que te llamaba / -fraternal, conocida-, / y supiste alcanzado tu destino, / y no tuviste miedo", reza uno de los mejores textos de la obra, "Hombre en la niebla".

Pocos poemas amorosos hay en el libro: alguna mujer etérea ("Esa canción") se nos menciona en el texto, aunque más bien cabría corregir afirmando que el amor más conseguido y pleno es el que al autor le ofrece el mundo natural: "Me estás hablando / de dolor y vergüenza, / lealtad y ternura. / Tus palabras ni ofenden ni perdonan. / Vienes y vas, tu verbo es infinito. / No hay nadie que tu boca hiera o selle", canta el sujeto lírico al mar. Alguna mención clásica (Petrarca, Príamo, "De rerum natura"), un misterioso monólogo dramático ("No merezco más gloria") y varias referencias obsesivas a la pugna luz/oscuridad completan lo más valioso del poemario.

Formalmente, los textos se caracterizan por su brevedad. En cuanto al ritmo, los poemas se ajustan a hepta y endecasílabos blancos. El vocabulario es sencillo, lo que hace a los textos plenamente comunicativos, aunque con hondura meditativa, como se ha afirmado más arriba. Debo mencionar, para terminar, a Valentín Ansede, al que debo la lectura y posesión de este magnífico libro.

GOTA DE LLUVIA

He detenido el paso
en la acera mojada.
He mirado hacia el cielo de la noche
y he visto a contraluz, en las farolas,
miles de gotas blancas desplomándose.
Nacían de lo negro sin pasado,
hambrientas de llegar a algún destino.
Caían incesantes como trizas
de tiempo despeñado sobre el tiempo.

He elegido una gota
y he cerrado los ojos
por guardarla un instante en la retina.

En mi mente, esa gota
se ha convertido en símbolo
de todo lo que fluye sin descanso,
de todo lo que fluye
-como la vida misma-, inexorable,
hacia su conclusión.

Cosecha de 2012

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  • 2012 fue el año musical de Michael Gira y su proyecto resucitado con el grupo "Swans". La propuesta de rock agresivo -como botón de muestra, la imagen de portada que se reproduce aquí-, apocalíptico y nihilista tuvo su reflejo en el doble The seer y el espectacular y dañino para los oídos directo que ha paseado por España durante el mes de diciembre (agradecida escala la hecha en Sevilla, aunque no llenara el aforo).
  • Dos veteranos del  jazz, con graves problemas físicos ambos, se pasearon por los escenarios españoles dejando testimonio de su buen hacer y calidad a la trompeta y el piano, respectivamente: Tom Harrell y Fred Hersch. Además, este último con un doble en directo en el Village Vanguard espléndido.
  • Otros dos veteranos, esta vez del folk-rock, Bob Dylan y Neil Young siguen sorprendiendo  por sus propuestas musicales periódicas. El de Minnesota, con una voz cada vez más ajada,  ha dado con Tempest muestra sobrada de perenne talento: folk-rock con esencias "bluesy". Young, junto a los eternos "Crazy horse", publicó dos discos dispares: Americana, una colección de clásicos masacrada por la crítica y un doble, Psychedelic Pill, que recupera algunos de los momentos más brillantes de la colaboración rockera con el grupo de sus amores.
  • Peter Hammill, al frente de Van der Graaf Generator, no aparecerá seguro en ninguna lista de lo mejor del año, ni le importará lo más mínimo, él siempre ha ido a su aire. El año pasado, fiel a su cita anual, recuperó a dos de los miembros del veterano grupo con el que se inició a comienzo de los 70, para ofrecer un disco "ambient" y electrónico, Alt; esa voz tan peculiar, esta vez se nos ha hurtado.
  • Amancio Prada pulsó la fibra más sensible y lírica del que esto suscribe con un recital pleno de sentimiento.
  • La música clásica polaca ha tenido en 2012 dos momentos importantes: la representación de la ópera señera de Szymanowski Król Roger en Bilbao a cargo de la ABAO-OLBE y el Teatro Wielki de Poznań, y el ballet La Bayadère por el Teatro Nacional de Polonia en Sevilla.


  • Moonrise Kingdom, que encabeza alguna de las listas cinematográficas del año, es un cuento de hadas de amor adolescente, hecho con ingenio, buen gusto y creatividad visual. Los veteranos Bruce Willis y Bill Murray, como secundarios, ofrecen el contrapunto perfecto del mundo adulto, a la vez que el gancho necesario para el espectador.
  • La vida de Pi, pese a un largo inicio "ameliesco" -como comenta acertadamente Joan Pons en "Rockdelux"-, es un tour de force joven/tigre visualmente atractivo y muy imaginativo, en el que el 3D cobra por fin una función estética y no meramente decorativa.
  • Grupo 7 puede que haya sido la película española del año. Cine negro "made in Spain" del bueno: ambientación acertada y sólidas interpretaciones.
  • La pequeña Venecia fue la sorpresa de la temporada. Una historia intimista de emigrantes realizada con gran sensibilidad.
  • Jane Eyre, que no llegó a las pantallas sevillanas hasta 2012, se configuró como una versión hecha con nervio y pulcritud, y nada acartonada, del clásico de la literatura. Michael Fassbender, el actor de moda, borda su papel y la heroína, Mia Wasikowska, le secunda con acierto. 


  • La poesía polaca tuvo el año pasado algunos hitos importantes en nuestro idioma: la antología de autores jóvenes Poesía a contragolpe, la edición de la poesía completa de Zbigniew Herbert y la traducción del último poemario de Adam Zagajewski, Mano invisible. La nota triste la puso el fallecimiento de Wisława Szymborska.
  • Ioana Gruia se dio a conocer con un poemario que obtuvo un merecido premio regional. De ella y su poesía hablé ya largo y tendido en el blog.
  • El Planeta a Lorenzo Silva ha lanzado al gran público la saga negra del más famoso guardia civil hispano. Ahora bien, ¿necesitaba el escritor este galardón?
  • Antonio Gamoneda nos dio en 2012 lo que puede ser su último libro, Canción errónea, en el que incide en la línea poética de los últimos tiempos: el versículo, el irracionalismo y la muerte como final del trayecto al que oponer una sabia indiferencia.
  • Bartleby Editores publicó la edición completa de un clásico de la poesía donde los haya, la Antología de Spoon River de E.L. Masters: lírica y narración a partes iguales en unos epitafios que dejan testimonio de la historia de un pueblo norteamericano.