Microrrelato regio

Author: Angelus / Etiquetas: ,


Sentía que unas manos distintas a las suyas movían su destino. Era el Rey, pero hace tiempo ya que no disponía del beneplácito unánime de sus súbditos. “Abdicación”. Ésa era la palabra que más oía para referirse a su mayestática persona. Es verdad que algún que otro monarca no había soportado la presión y había acabado por ceder, pero él aún resistía. Recuerda, todavía, cuando era una figura señera: aquella aparición televisiva –tardía, es verdad, y algo timorata- había asegurado una imagen sólida y perdurable en la retina de sus compatriotas. Pero eran otros tiempos, ahora escándalos financieros, excursiones exóticas, desgastes físicos e historias de alcoba habían salpicado de barro su hasta entonces casi impoluta imagen.
En numerosas ocasiones, tenía la desagradable impresión de que su mundo no era más que un inmenso tablero cuadriculado en blanco y negro, y él tenía todas las de perder. El maniqueísmo de la gente había hecho girar las tornas y ahora no lograba desprenderse de una mancha negra que tiznaba todo cuanto tocaba. Un rey Midas de la oscuridad, en eso se había convertido. Negro era su color y negro su futuro. Abdicar se presentaba como una solución plausible.
Aunque bien mirado, se podía decir que no era para tanto. Es verdad que sus huesos le jugaban malas pasadas de vez en cuando, pero aún se mantenía en pie. ¿Qué se habían creído, que era un inválido? No, todavía tenía cuerda para rato. Decididamente, no, que otros abdicaran si eran tan pusilánimes, él, aunque con muletas, seguiría siendo el Rey. Solo la muerte le despojaría de la majestad que se había ganado con tanta tenacidad.
Entonces, de improviso, sintió que una mano gigantesca golpeaba su corona y le hacía caer. Ya no pudo volver a levantarse por sí solo. Todo su poder rodó por el tablero.
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“Me rindo. ¿Revancha? Pero ahora juego yo con las blancas”. 

6 comentarios:

Pedro del Río dijo...

Bonito relato. Enhorabuena. De aquí al Nobel... ¡Ah perdón, que lo entrega un Rey!

Licantropunk dijo...

Muy bueno. Menos mal de la última frase, ya estaba empezando a pensar de quién sería la "mano gigantesca". Quizás la de un yerno jugador de balonmano, que menuda manaza tienen esos...
Saludos.

Angelus dijo...

El rey sueco entregará el Nobel, pero a él ¿quién le puso la corona en la cabeza?

Mano grande la del yerno, sobre todo para lo ajeno. Saludos.

Marcos Callau dijo...

Qué bueno. Yo también he identificado al rey con muletas...jeje Me gusta mucho. Sonbretodo, el final...porque ¿quién no ha pedido revancha con las blancas? Abrazos.

Angelus dijo...

Marcos Callau, ¡gracias! Buenos y malos: blancas y negras. El bien y el mal. La eterna dicotomía. Un abrazo.

Ana García dijo...

Muy bueno y muy oportuno! Lo comparto.