Orquesta Joven de la Universidad de Valladolid

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La Orquesta Joven de la Universidad de Valladolid, dirigida por Francisco Lara, ofreció ayer 26 de julio el primero del ciclo de cuatro conciertos estivales en el marco del vallisoletano patio del Palacio de Santa Cruz. El programa incluía a tres superclásicos románticos: Beethoven, Brahms y Tchaikovsky. Los jóvenes intérpretes estuvieron sobrios, eficaces en sus instrumentos (destacaría a la concertino, Esther Gimeno Castro) y atentos a no desentonar, solo los invitados para el concierto para violín, cello y orquesta de Brahms -Benjamín Scherer al violín y el polaco Rafał Jezierski al cello- se atrevieron con alardes virtuosos, alejándose de lo previsto. En su conjunto, el recital resultó excesivamente monocorde por el exclusivo decimonónico programa elegido: jugar sobre seguro evita riesgos, pero también puede provocar monotonía (parece que la homogeneidad es característica de los ciclos musicales de la orquesta). Sin duda, el citado concierto brahmsiano se elevó por encima de las otras piezas por su brillantez y garra interpretativa; garra que debería controlar su director pues en un momento la batuta de mando salió disparada hacia el público cual misil, y en un espacio como el de ayer, en el que el público se sitúa a escasos metros de los protagonistas y a su mismo nivel, pudiera entrañar algún "peligro"; aunque esto no fue más que un curioso detalle en una agradable velada musical, con bises generosos, tanto por la orquesta como por los simpáticos solistas invitados.

2 comentarios:

Xoán González dijo...

Gracioso lo de la batuta... ¿no intentaría emular a los deportistas que obsequian con alguna prenda u objeto personal al público asistente?

Un abrazo amigo... este verano me he quedado sin poder acompañarte a algún evento cultural, si exceptuamos la entretenida película de Giuseppe Tornatore.

Un placer siempre asomarme a tu mirada para -como dices en tu entrada anterior- intentar que no se le pase por alto nada a este obtuso lector.

Angelus dijo...

Si intentó emular a un deportista sería a un lanzador de jabalina... Sabes que, al final, nos encontramos en San Juan de Baños (para criticar al gaitero...). Un abrazo.