MICRORRELATO CON TRAMPA

Author: Angelus / Etiquetas: ,


Desahucio de plástico

La comida tenía un sabor desagradable. No sabían si debido al dilatado tiempo que ésta había permanecido antes de su preparación en el frigorífico o a que sus sentidos estaban teñidos por la tristeza que se extendía por todo su ser y la casa misma. Era la última comida que la familia hacía en su hogar. En unas pocas horas vendrían los agentes judiciales para iniciar el desahucio. De nada habían servido las súplicas a la propietaria de la casa. Ésta se había mostrado inflexible, unos nuevos moradores estaban dispuestos ya para ocupar sus puestos: “Más modernos que Uds.”, les había dicho, y no entendían bien sus palabras. Es verdad que se habían demorado más de una vez en el pago del alquiler, pero no disponían de dinero contante y sonante como todas las familias (bien lo sabía la dueña).
Ya desde el principio eran conscientes de lo provisional de su morada, pero nunca llegaron a pensar que la expulsión fuera a producirse con esa rapidez: ¡el mismo día de Reyes! Todavía recuerda la familia cuando, hace un año justo, empezó a vivir en la nueva casa: la ilusión del nuevo hogar, la propia alegría de la dueña (“Había soñado durante todas las Navidades con alguien como Uds.”, les había confirmado). Es cierto que el piso no tenía buenas vistas, que la televisión raramente funcionaba y que no tenían mucha libertad para desplazarse por la casa, pero era su hogar, el primero del que disponían, y se sentían satisfechos, aunque nunca se lo hubieran manifestado expresamente a la dueña (no era una familia muy elocuente).
- “¡Hija, ordena tu habitación!”. “No sé por qué te empeñas, marido, en hacerle tantos regalos a la niña…”
Ella agarró, sin piedad ni delicadeza, sus viejos muñecos, los sacó de la casa y los lanzó al baúl de los juguetes usados. Ya tenía nuevos inquilinos.

0 comentarios: