"Inch'Allah", Anaïs Barbeau-Lavalette

Author: Angelus / Etiquetas: , ,


Sir Alfred Hitchcock dividía a los directores entre los que filmaban trozos de vida y los que rodaban trozos de pastel, reservándose para sí mimo el papel de hacedor de inmensas tartas. Éste es el cine que busco, para el otro no hay más que encender la televisión a la hora de los telediarios. Dreyer, Michael Powell, Polanski, Ford y el propio Hitchcock, entre otros -pero no muchos más-, hacen del cine un arte, se elevan por encima de lo cotidiano para crear belleza y trascender la realidad inmediata, aunque sin aparcarla, pues la verosimilitud es condición sine qua non para alcanzar la grandeza; por eso su cine es vida palpitante, pero transfigurada, y ofrece destellos de otra realidad que apenas podemos atisbar. Si a todo esto se le añaden el entretenimiento y una pizca de espectáculo, se completan los ingredientes necesarios para la receta del cine que aprecio. La directora canadiense del filme que ayer viernes se estrenaba en nuestras pantallas, Anaïs Barbeau-Lavalette, no participa de esta estética, no en vano proviene del mundo del documental.

La película ("Si Dios lo quisiera", parece ser la traducción al español del original árabe) narra otro episodio más del conflicto palestino-israelí. Enquistada desde hace lustros y sin vías de solución (hay demasiada sangre por medio), la problemática de dos razas conviviendo en el mismo espacio y defendiendo a sangre y fuego sus razones sigue dando a pie a reflexiones y posturas nada equidistantes, aunque predomina la visión dogmática proárabe, que se basa en un punto de vista maniqueo e ignorante de la realidad y la historia. Esta película, pretendidamente ecuánime, no escapa pese a sus intenciones a ese prisma filopalestino. El filme cuenta la entrega solidaria de una joven doctora canadiense en la Cisjordania árabe, su atención a las mujeres embarazadas, los lazos afectivos a dos bandas que establece con una de las familias a las que atiende y con una soldado israelí con la que comparte bloque -pues vive al otro lado del muro y todos los días debe cruzar el puesto fronterizo- y, fundamentalmente, su gradual derrumbamiento psíquico tras hacer suyas las posturas radicales palestinas. El planteamiento narrativo se configura como un gran flash-back que pretende mostrar las razones por las que una de las mujeres atendidas por la protagonista se convierte en mártir por Alá llevándose por delante a un buen número de judíos mediante la consabida mochila bomba.

La obra "explota" en su propuesta estética, no en su secuencia narrativa. El compromiso social no justifica la benevolencia crítica con la que se ha visto premiada. La dichosa cámara al hombro (parece que si un  director no opta por esta técnica, no está a la última), la persecución implacable al rostro agobiado de la protagonista, las miserias rodadas cuasidocumentalmente de la vida diaria en el lado árabe y la falta de explicaciones en el guión -hasta mediado el filme no se acaban de comprender los vínculos entre los personajes, aunque quizá uno sea demasiado corto-, pretenden darle un barniz de modernidad al filme, pero su efecto es de distanciamiento con el espectador y, paradójicamente, ponen más a descubierto el artificio artístico. Sólo cortas secuencias, casi planos, salvan de la quema a la película: esa imagen envuelta en neblina que aparece parcialmente en la cabecera de esta entrada con un niño árabe vestido de superman taladrando el muro, el cartel con la cara de la mártir en progresiva focalización saliendo repetidamente de la impresora, la recolección de la miel por la abuela árabe, esas palomas que están a punto de ser reventadas por la bomba y... poco más. ¡Qué casualidad!, lo mejor del filme radica en lo más elaborado, pero también lo que más permea la sensiblidad del receptor y lo ACERCA a la realidad. Eso sí, que no falte la moralina final: que los occidentales no se impliquen, pues su actitud choca con la incomprensión, cuando no la ingratitud, de los nativos.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Dejando a un lado los méritos de la película, que no tenía intención de ver y menos aún ahora, coincido plenamente con la reflexión inicial sobre el cine y aplaudo la lucidez con que está formulada.
Se me ocurren, y lanzo, un par de preguntas: ¿Buscas el "trozo de pastel" también en las demás artes? ¿Crees al género documental es capaz de transcender en ocasiones el "trozo de vida" y apuntar, aun desde el puro testimonio, a algo más grande? Pienso en "El desencanto" de Jaime Chávarri o "En construcción" de José Luis Guerín.
Un último comentario personal:me ha encantado ver el nombre de Polanski y tal vez he echado de menos el de ¿Truffaut?
Enhorabuena por el blog. Soy fiel seguidora y es siempre motivo de interés y curiosidad.

Angelus dijo...

Creo que cualquier arte debe buscar la belleza, pero sin perder de vista la realidad; por lo menos, ése es el arte que me interesa. Sí, hay documentales interesantes: "El desencanto" -ahora más que nunca tras la muerte de su productor-, "El último vals"..., pero no creo en las películas de ficción rodadas como documentales (cada subgénero en su parcela). La lista de directores era incompleta, como afirmo en la entrada; cada uno tiene sus propias inclinaciones; a Truffaut lo veo más como un magnífico téorico cinematográfico (rescatador de Hitchcock para el canon, por ejemplo), aunque sus "Cuatrocientos golpes" es un clásico.

Muchas gracias por tus palabras y por el extenso comentario. Es un aliciente contar con el seguimiento de lectoras como tú (en numerosas ocasiones uno se plantea si tiene sentido mantener el blog). Me queda la duda de si te cuentas entre la lista de seguidores, pero respeto tu anonimato.

Saludos.

Anónimo dijo...

Muchas gracias a ti. Sí que estoy en la lista de seguidores.

Saludos.