"Hombre en la niebla", Jesús Bernal

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El Premio Adonáis 2011 puso en circulación -función primordial del galardón a lo largo de su historia- a un escritor casi inédito, Jesús Bernal (Elche, 1976), autor hasta entonces de un único poemario, Amar es mi ejercicio, 2005, asimismo premiado. La cubierta de la edición de RIALP ofrece un acertado y sintético análisis de la obra: "poemas reflexivos [...] que atienden tanto a asuntos existenciales, básicos, del ser humano -el paso del tiempo, las cuestiones metafísicas del ser y del morir...- como a la expresión de la comunión plena con la naturaleza.  [...] Poeta de la naturaleza cabría nombrar, pues, a Jesús Bernal, de una naturaleza muy mediterránea, ya que sus composiciones reflejan el paisaje levantino". Paso a comentar algunos de los fragmentos del libro.

Sin duda, hay aquí un estética panteísta sui generis, en la que se nos hurta la dimensión teológica divina. Un lazo cuasi sacramental une al sujeto poético con el mundo natural: "Nubes y lagos, bosques / y cielos se diluyen en mi sangre [... ] doy forma al Universo en cada trago" afirma Bernal en el primer poema del libro, "Manantial", para que el lector sepa desde el principio ya a qué atenerse. Comunión que se extiende al reino animal: en el poema "Acuario" los seres humanos tras el cristal se integran en el mundo submarino: "no somos más que formas / en descomposición, materia efímera / en el fondo del tiempo, / los restos de un naufragio sin porqué"; pero es que incluso los seres inanimados pugnan por albergar vida en sí, por ejemplo, el poema "Cotidiano": "La lámpara, la mesa, los papeles, / la taza de café / y todos estos libros / piden el testimonio de una voz / para abrir en su seno una hendidura / que albergue a quien los nombra". El poeta forma parte felizmente de un todo pletórico, aunque algunas tierras no sean especialmente de su agrado: en "Paisaje de meseta" las palabras de la cubierta de la edición en torno a su vinculación con el Mediterráneo cobran su sentido -quizás el sustantivo "vulgaridad" desacredite un tanto el punto de vista adoptado y pueda levantar ampollas.

Pero este poemario es mucho más que un canto integrador de los seres/no seres que habitan nuestro mundo. Hay una reflexión existencial en la que el sujeto poético muestra apesadumbrado sus carencias: "Vine desde muy lejos / para escuchar la voz / que entonces poseías, / antes de que mudase en la cadencia tramposa e insegura / que enhebra mis palabras" o "La oscuridad, igual que un agua sucia, / inundó los senderos, / y mi cuerpo ensartado / resbaló por el filo del presente / (polvo hacia el polvo). Entre las hojas secas / mi volumen de sombra se abismó." o "Vuelve la primavera / con alforjas cuajadas de verdura, / pero nada nos trae: / para nosotros vuelve de vacío / -como todos los años-, / incapaz de fundir la sangre helada, / incapaz de engastar / un resplandor de afecto / en las sombras que habitan la conciencia". La percepción de la muerte, en este sentido, está también presente en el libro en la forma serena de final de viaje, de encuentro inevitable y que allana el camino: "Escuchaste su voz que te llamaba / -fraternal, conocida-, / y supiste alcanzado tu destino, / y no tuviste miedo", reza uno de los mejores textos de la obra, "Hombre en la niebla".

Pocos poemas amorosos hay en el libro: alguna mujer etérea ("Esa canción") se nos menciona en el texto, aunque más bien cabría corregir afirmando que el amor más conseguido y pleno es el que al autor le ofrece el mundo natural: "Me estás hablando / de dolor y vergüenza, / lealtad y ternura. / Tus palabras ni ofenden ni perdonan. / Vienes y vas, tu verbo es infinito. / No hay nadie que tu boca hiera o selle", canta el sujeto lírico al mar. Alguna mención clásica (Petrarca, Príamo, "De rerum natura"), un misterioso monólogo dramático ("No merezco más gloria") y varias referencias obsesivas a la pugna luz/oscuridad completan lo más valioso del poemario.

Formalmente, los textos se caracterizan por su brevedad. En cuanto al ritmo, los poemas se ajustan a hepta y endecasílabos blancos. El vocabulario es sencillo, lo que hace a los textos plenamente comunicativos, aunque con hondura meditativa, como se ha afirmado más arriba. Debo mencionar, para terminar, a Valentín Ansede, al que debo la lectura y posesión de este magnífico libro.

GOTA DE LLUVIA

He detenido el paso
en la acera mojada.
He mirado hacia el cielo de la noche
y he visto a contraluz, en las farolas,
miles de gotas blancas desplomándose.
Nacían de lo negro sin pasado,
hambrientas de llegar a algún destino.
Caían incesantes como trizas
de tiempo despeñado sobre el tiempo.

He elegido una gota
y he cerrado los ojos
por guardarla un instante en la retina.

En mi mente, esa gota
se ha convertido en símbolo
de todo lo que fluye sin descanso,
de todo lo que fluye
-como la vida misma-, inexorable,
hacia su conclusión.

2 comentarios:

Píramo dijo...

Preciosos versos. Gracias por la recomendación.

Angelus dijo...

Me alegro de que sean de tu agrado, aunque, en realidad, no es una recomendación, sino un simple comentario a un buen libro.