Parecidos razonables

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Andrés Herrera Ruiz, "Pájaro"
Robert Allen Zimmerman, "Bob Dylan"

Haiku tras el cristal

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Pertinaz lluvia,
plegarias atendidas
desbordan lágrimas.


Jazz en el Central. 2012

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La crisis enmudece parcialmente el ciclo anual de jazz en el Teatro Central. Hasta el último momento, se anunciaba un cuarto día de concierto que al final no se produjo: el grupo por confirmar se quedó en agua de borrajas. Así que nos hemos debido conformar con menos jazz para esta temporada: los recitales de Paolo Fresu y Omar Sosa el jueves día 8, y Fred Hersch Trio ayer sábado, son los dos únicos a los que hemos asistido este año. Dos formaciones antitéticas: si el dúo brilló por un esteticismo cuanto menos cuestionable: efectos de sintetizadores, electrónica, ritmos africanos y poses cuidadosamente ensayadas, el grupo del maestro Hersch fue la discreción personificada, tan solo alguna exhibición nada desafortunada, por otra parte, del baterista Eric McPherson, se escapó a esa impresión.

Ya he caracterizado al dúo italo-africano, poco más cabría añadir de un espectáculo muy visual y con poca calidad sonora: cuando a uno le faltan razones intrínsecas, se pierde en florituras..., y eso que las virtudes pianistícas de Fresu y trompestistas de Sosa quisieron asomar en más de una ocasión, pero se vieron ahogadas por una concepción del espectáculo en la que primaban, por desgracia, otras cuestiones más allá de las estrictamente jazzísticas.

Lo de Fred Hersch fue otro cantar. Uno no puede escapar a las circunstancias vitales del pianista de origen judío: una cierta sensación de desamparo y fragilidad transmitía Hersch en su suave digitación, en la falta de protagonismo, en los silencios que se autoimponía en los temas y en la oralidad ante el micrófono (es muy de agradecer, y raro en los espectáculos de jazz, la presentación de todos y cada uno de los temas que hacía el de Ohio). Su concepción musical bebe en las fuentes de Bill Evans, pero se abre a otras influencias: por allí pulularon los nombres de Thelonious Monk, Wayne Shorter o Antonio Carlos Jobim. Las largas piezas mostraron una esencia arrebatodaramente romántica, la misma de la que hizo gala en toda su carrera Bill Evans, aunque sin la energía ni el ímpetu de un Bobo Stenson, otro discípulo de Evans que pasó por el Central. La música de Hersch es música zen, cura el alma y evade de la realidad; la hora y cuarenta minutos del concierto pasaron volando. Lástima que en el bis sólo pudiésemos disfrutar de una única pieza del maestro al piano, sin sus dos magníficos compañeros.

Aniversario Georg Trakl

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Tal día como hoy hace casi 100 años, en 1914, el poeta austriaco Georg Trakl fallecía por propia voluntad de una sobredosis de cocaína en un manicomio de Cracovia.

CRACOVIA 1914, EL POETA GEORG TRAKL MUERE

No ayuda, el bromuro no ayuda.
De nuevo se aproximan, ya cerca se [encuentran, justo al otro lado de la pared.
Jerzy Liebert (“Los zorros”)


Escribió incompleto el último verso,
dispuso materiales como un náufrago,
abrió ojos como un recién nacido,
atisbó amaneceres como un pájaro,
apuró la sobredosis letal   
con ansia, condenado.
En la negra cama del hospital,
se hundió esperando
a la hermana que nunca vendría.
La parálisis sin angustia, tanto
aceptada como liberadora,
llamó a la muerte rápido,
y soñó que el barquero
le tendía la mano.
En una tierra que no era la suya,
en un idioma extraño,
en una guerra que él no empezó,
-como tantos soldados, engañado-,
el poeta Georg Trakl se inmoló
joven. Ni siquiera cumplió treinta años;
cuando algunos aún no han dejado el [nido,
él dio el gran salto.

                ***

Quisiera escribir como se ara el campo,
fundir con mis versos el duro hierro,
traspasar el aire con el poema,
gritar contra el viento,
quebrantar con mis rimas
del valle el silencio,
abrir el corazón de la hermana
hasta fundir en un solo ser bello
toda la fuerza de la poesía:
el poder del hierro,
la sed del valle,
el susurro ensordecedor del viento,
la sangre de la hermana,
su corazón inquieto.
Quisiera  acallar los ruidos de bombas
que me circundan en todo momento,
parar esta guerra que no es la mía.
Pero ya estoy muerto
y algunos pobres poemas exánimes,
con pocos versos dejo,
criaturas de un valle de podredumbre,
apenas ecos de ecos,
que tal vez alguien tras mí recoja
para inquirir a mi alma terciopelo
qué secretos se fueron conmigo,
qué ansias innombrables se hundieron.
Pero eso sucederá ya en otra época,
en otro tiempo…
               
***

Casi cien años después, quisiera verte.
Tu recuerdo se hace vivo, cercano.
Lamentamos tu prematura muerte,
poeta amigo, hermano.