Un domingo cualquiera con el cura Jan Twardowski

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El sacerdote polaco Jan Twardowski fue uno de los poetas más populares de su país en la centuria pasada. Su condición religiosa no impide (no tiene por qué impedir) la consideración de su obra como gran poesía: una búsqueda salvífica de Dios en medio de las dificultades, no reñida con un talante humorístico. Dejo mi humilde versión de dos breves y sencillos poemas.

Dios

Dios al que no veo
pero al que alguna vez veré
vengo sin trabajo
me pongo en la cola
y Te pido amor como un duro trabajo.

Boże

Boże którego nie widzę
a kiedyś zobaczę
przychodzę bezrobotny
przystaję w ogonku
i proszę Cię o miłość jak o ciężką pracę.

Como siempre

Los que son jóvenes corren en multitud
los que son adultos van en pareja
los viejos cerca del final por separado
sólo el corazón lo mismo que siempre
trabaja como abeja en la oscuridad
buscando amor en el amor
antes de la pura y gran muerte.

To samo

Młodzi co biegną gromadą
dorośli co chodzą parami
starzy przy końcu osobno
tylko wciąż serce to samo
pracuje jak pszczoła po ciemku
szuka miłości w miłości
przed śmiercią czystą i wielką.

"Cincuenta sombras de Grey" versus Tomás Segovia

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Es común encontrarse en la "blogosfera" (¡palabreja!) comentarios de libros en los que los autores valoran con simplicidad sus lecturas con expresiones tipo "enganchan", sin darse cuenta de que por debajo de ese coloquialismo hay una sabiduría narrativa que puede esconder aciertos tales como una precisa caracterización de los personajes, un apropiado ritmo narrativo o una adecuada distribución de las formas del discurso. Es lo que sucedía con la trilogía  "Millennium" de Stieg Larsson, denostada por algunos -no por alguien tan poco dudoso de valía literaria como Vargas Losa-, en la que detrás de la sencillez de su lenguaje o de la búsqueda obvia y acuciante de modernidad se escondían algunas de las virtudes antes citadas.

Sirva este preámbulo fustigador y poco amigable para compañeros de la Red como presentación de "Cincuenta sombras de Grey", la novela que inicia la exitosa saga erótica de la escritora E. L. James. Un ligero repaso por bitácoras pone de manifiesto lo antes comentado: inciden (no todos, es cierto) en el poder de sugestión de una obra que atrapa al lector, aunque lo contrarresten con vicios más allá de los narrativos como el sumiso papel de la mujer en la relación de la pareja. Mi experiencia lectora contradice estas impresiones: la lectura de los nueve primeros capítulos -ése fue el límite- resultó de un esfuerzo ímprobo, la simplicidad del lenguaje es aterradora y la inverosimilitud de la historia, palmaria. Tentado he estado de borrar la novela que ha servido de estreno para mi libro electrónico. Tanta alharaca por una obra basura escrita por una persona madura que parece quinceañera, con una narración en presente cargante, repleta de clichés y una pseudointrospección psicológica repetitiva y que no va más allá del simple terreno sensual.

Para compensar el nivel literario, traigo al blog un texto erótico que asimismo he descargado y desconocía del escritor Tomás Segovia, de su sorprendente libro "Colección privada de sonetos votivos" -la paranomasia del adjetivo final es fácil con la obra de la escritora británica-: 

VIII

Tus pechos se dormían en sosiego 
entre mis manos, recobrado nido, 
fatalmente obedientes al que ha sido 
el amor que una vez los marcó al fuego; 

tu lengua agraz bebía al fin el riego 
de mi saliva, aún ayer prohibido, 
y mi cuerpo arrancaba del olvido 
el tempo de tu ronco espasmo ciego. 

Qué paz... Tu sexo agreste aún apresaba 
gloriosamente el mío. Todo estaba 
en su sitio otra vez, pues que eras mía. 

Afuera revivía un alba enferma. 
Devastada y nupcial, la cama olía 
a carne exhausta y ácida y a esperma.

Javier Cercas, "Relatos reales"

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Los artículo periodísticos tienen fecha de caducidad. Basados normalmente en un hecho de actualidad, transcurrido y olvidado éste, difícilmente aguantan una lectura reposada en el tiempo. Sólo aquéllos que se fundamentan en cuestiones universales o aquellos que tienen como eje básico el estilo del autor, pueden tener vocación de permanencia y aglutinarse en un futuro libro homogéneo que no caiga en la corriente dispersión: vicio frecuente de tales recopilaciones. 

Javier Cercas disfrutó del éxito arrollador de "Soldados de Salamina", recibió los palos previsibles e injustificados de los que no perdonan el éxito con la siguiente novela, "La velocidad de la luz", y sorprendió con ese ensayo sobre el golpe de estado del 23-F que fue "Anatomía de un instante". Ahora está a punto de publicar un nuevo texto, "Las leyes de la frontera", pero antes de "Salamina" también había vida: un paciente escritor afincado en Gerona pergeñaba novelas y vio recogidas sus crónicas por la editorial Acantilado en el año 2000 con el título de "Relatos reales". El libro soporta bien el paso del tiempo y ello porque lo que transmiten los fragmentos más que nada son las andanzas vitales del escritor, su particular modus vivendi y pensamiento; la volátil actualidad, sobre todo, literaria transmitida no acapara el libro, no lo domina y ello permite una lectura persistente al devenir temporal.

Es Cercas, en esta colección de artículos, un ser nada engolado, sencillo en sus peripecias vitales (muchas de ellas risibles), devoto de sus escritores preferidos (Borges, Cabrera Infante, Carlos Fuentes, Kafka...), indagador tenaz de sabrosos episodios relacionados con la literatura: el fusilamiento de Sánchez Mazas que dio origen a "Salamina", los versos de la lápida ginebrina de Borges, las injustificables ausencias de amigos de los libros de Josep Pla, los testiminios de la muerte española de Walter Benjamin... Casi nada beligerante con sus compañeros de profesión, ni con políticos, ni personajes públicos: poca chismorrería discurre por el libro. Estampas de la vida diaria es lo que muestra el autor, estampas con un protagonista casi único, Javier Cercas, que no duda en infligirse la crítica y humillarse en repetidas ocasiones, aspecto éste que no parece más que un recurso retórico, cuando no una descripción de sí mismo a contrario sensu: la autohumillación también puede ser una forma de orgullo, y quizás la más sibilina.

Adam Zagajewski, "Antenas"

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La peripecia vital nómada de Zagajewski -del cual ya he hablado en este blog con motivo de dos ensayos suyos- permea su obra y, en concreto, este poemario de 2007. La infancia desarraigada de Lvov, el exilio europeo y americano y, finalmente, el regreso a Cracovia tras el advenimiento de la democracia están presentes en el libro. Es Zagajewski un autor con evidentes elementos culturales (librescos, musicales), sin embargo, no hay envaramiento, ni elitismo en su propuesta poética ("Sí, en defensa de la poesía y del estilo elevado, etc., / pero también una tarde estival en un pueblo, / cuando huelen los jardines y los gatos están quietos / delante de las casas, como filósofos chinos"), en esto se asemeja a Szymborska; utiliza el poeta polaco una lengua cercana y comprensible, con escasas imágenes irracionales, aunque la poesía deba ser siempre una penetración de la realidad en pos de un destello, un fulgor únicos ( "La poesía es búsqueda de resplandor"). Una pequeña anécdota ("Una gota de lluvia", "Un chico de dos cabezas") da pie a reflexiones sobre la propia poesía, sobre la cotidianidad diaria, sobre la música, las ciudades y lugares que habitó, sobre las relaciones personales y los poetas amados. No faltan las pullas al régimen soviético que motivó su exilio ( "cuando nací vivía y gobernaba / aún el georgiano picado de viruelas / y sus lúgubres policías y teorías"). La última parte del libro la constituye una selección  del poemario "Regreso" -a Cracovia- (2003).

Los libros de la editorial Acantilado son una delicia por el formato y el tacto; la traducción, a cargo de Xavier Farré,  debe de ser magnífica por la calidad de los textos vertidos al español y utilizo la perífrasis de duda porque no se incluye el original polaco -constante en la editorial.

EN UN PISO PEQUEÑO

Le pregunto a mi padre:
¿qué haces todo el día? Recordar.

Así pues, en este pequeño piso polvoriento en
  Gliwice,
en un bloque bajo, construido según el modelo
  soviético,
conforme a la norma de que la ciudad debe evocar
  un cuartel,
y las habitaciones, ser estrechas, para frustrar
  reuniones clandestinas,
allí, donde marcha sin descanso un antiguo reloj de
  pared,

revive casi a diario el claro septiembre del 39, el
  silbido de las bombas,
y también el Jardín de los Jesuitas en Lvov, brillando
  como antes
con la luz verde de los arces, de los frenos y los
  pajarillos,
las canoas en el Dniéster, el olor de la mimbrera y de
  la arena húmeda,
en un día caluroso, cuando encontraste a una joven,
  estudiante de derecho,

y el viaje en un vagón de mercancías, al oeste, hasta la
  última frontera,
y un ramo de doscientas rosas que los estudiantes te
  ofrecieron
en agradecimiento por haberles defendido en la
  primavera del 68,
y acaso también episodios de los que nunca sabré
  nada,
el beso de una mujer que no llegó a ser mi madre,

el temor y la dulce grosella de tu infancia, imágenes
  sacadas
de este abismo acogedor, cuando yo aún no estaba.
Tu memoria trabaja en este piso callado: trabajas,
metódico, en silencio, para resucitar por un instante
el doloroso siglo veinte.

Justas Poéticas en Dueñas

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Ha llegado a mis manos, gracias a la eficiente y generosa bibliotecaria del pueblo palentino de Dueñas, la más que decente edición, a cargo de la Diputación de Palencia, de las XLVI Justas Poéticas "Ciudad de Dueñas", celebradas el 15 de agosto -como indica el cartel anunciador-, en el marco de las fiestas patronales. Dejo una muestra de cada uno de los finalistas, junto con su foto al final:

  • Desirée Columé Hernández, a la postre ganadora del "Premio Poesía del Cerrato".
Tiempo, cuánto tiempo hará falta
Para que los minutos me olviden
En este estallido de vacío, asfixiada,
La aguja del reloj recita y gime
Bajo un obtuso espejo mi balada.
En el hondo suspiro de los días
Acrecienta el latir de la mirada,
Aquella dilatada de verdad,
Triste, soñadora, oscura,
Acusando un final de esperanza,
Hoy me siento, me siento
En el frío andén del tiempo.
Hoy me siento a esperar
En el vacío el último tren.
Y espero, espero..., espero

  • Amando García Nuño, finalmente ganador del certamen.
SEMANAS

Los jueves toca ir al supermercado
porque tienen besos en oferta,
barras de bar los viernes
sepultando entre vasos confidencias,
los sábados, es la costumbre,
limpieza general de las memorias
vencidas de pelusa,
luego, el domingo vienes 
y te sientas conmigo en la terraza,
cuatro retinas torpes, infantiles,
viendo pasar la vida
sin mirar de soslayo el calendario.

(nota bene)

Dame la mano mientras duermes esta noche
y se tornan juventud los dedos marchitados,
tiernos ocasos lineales que en ti y en mi
han desembocado.
Hoy me he estado muriendo entre tus manos
mientras se ha ido diluyendo nuestro amor en la sangre de los días,
horrorizado he podido comprobar como la rutina se iba clavando
en el fondo de este cajón sin pasador.
No salgo de mi asombro esta fría mañana
entre caléndulas útiles que avivan corazones perennes
como el Atlántico. Ha destilado la noche sus últimas centellas
en este aniversario sin sonrisas,
no hay música de futuro, no viene en la prensa
nuestro amor escrito a diario.
Dame la mano mientras sueñas
y con orgullo de enredadera vuelve a mecerme entre tus brazos,
tiernos ocasos lineales
que en ti y en mi
siempre desembocaron.

  • Máximo Pérez Gonzalo.
Por vocación soy artista,
por raza un aventurero,
aun conserva mi sombrero
el desdén de una conquista.
No hay capitán que resista
la trampa de un mal peldaño,
si atrapado en el engaño
no alcanza a ver la salida.
Mejor se mueve en la vida
La barba de un ermitaño.

  • Yose Álvarez-Mesa, quien anexa cinco páginas de currículo con un centenar de premios.
Me siento cada vez más próxima mi perro.

Su reloj no dispone de alarmas
y pasea sin prosa su existencia por las tardes celeste
buscando sensaciones en las que arrebujarse.

Estimo que en unos cuantos días
su ladrido y el mío tendrán los mismos tonos.