Adam Zagajewski, "Antenas"

Author: Hutch / Etiquetas: , ,


La peripecia vital nómada de Zagajewski -del cual ya he hablado en este blog con motivo de dos ensayos suyos- permea su obra y, en concreto, este poemario de 2007. La infancia desarraigada de Lvov, el exilio europeo y americano y, finalmente, el regreso a Cracovia tras el advenimiento de la democracia están presentes en el libro. Es Zagajewski un autor con evidentes elementos culturales (librescos, musicales), sin embargo, no hay envaramiento, ni elitismo en su propuesta poética ("Sí, en defensa de la poesía y del estilo elevado, etc., / pero también una tarde estival en un pueblo, / cuando huelen los jardines y los gatos están quietos / delante de las casas, como filósofos chinos"), en esto se asemeja a Szymborska; utiliza el poeta polaco una lengua cercana y comprensible, con escasas imágenes irracionales, aunque la poesía deba ser siempre una penetración de la realidad en pos de un destello, un fulgor únicos ( "La poesía es búsqueda de resplandor"). Una pequeña anécdota ("Una gota de lluvia", "Un chico de dos cabezas") da pie a reflexiones sobre la propia poesía, sobre la cotidianidad diaria, sobre la música, las ciudades y lugares que habitó, sobre las relaciones personales y los poetas amados. No faltan las pullas al régimen soviético que motivó su exilio ( "cuando nací vivía y gobernaba / aún el georgiano picado de viruelas / y sus lúgubres policías y teorías"). La última parte del libro la constituye una selección  del poemario "Regreso" -a Cracovia- (2003).

Los libros de la editorial Acantilado son una delicia por el formato y el tacto; la traducción, a cargo de Xavier Farré,  debe de ser magnífica por la calidad de los textos vertidos al español y utilizo la perífrasis de duda porque no se incluye el original polaco -constante en la editorial.

EN UN PISO PEQUEÑO

Le pregunto a mi padre:
¿qué haces todo el día? Recordar.

Así pues, en este pequeño piso polvoriento en
  Gliwice,
en un bloque bajo, construido según el modelo
  soviético,
conforme a la norma de que la ciudad debe evocar
  un cuartel,
y las habitaciones, ser estrechas, para frustrar
  reuniones clandestinas,
allí, donde marcha sin descanso un antiguo reloj de
  pared,

revive casi a diario el claro septiembre del 39, el
  silbido de las bombas,
y también el Jardín de los Jesuitas en Lvov, brillando
  como antes
con la luz verde de los arces, de los frenos y los
  pajarillos,
las canoas en el Dniéster, el olor de la mimbrera y de
  la arena húmeda,
en un día caluroso, cuando encontraste a una joven,
  estudiante de derecho,

y el viaje en un vagón de mercancías, al oeste, hasta la
  última frontera,
y un ramo de doscientas rosas que los estudiantes te
  ofrecieron
en agradecimiento por haberles defendido en la
  primavera del 68,
y acaso también episodios de los que nunca sabré
  nada,
el beso de una mujer que no llegó a ser mi madre,

el temor y la dulce grosella de tu infancia, imágenes
  sacadas
de este abismo acogedor, cuando yo aún no estaba.
Tu memoria trabaja en este piso callado: trabajas,
metódico, en silencio, para resucitar por un instante
el doloroso siglo veinte.

2 comentarios:

Licantropunk dijo...

Muy bueno el poema: el siglo XX sin duda fue muy doloroso: para casi todo el mundo, en uno u otro momento.
Saludos.

Angelus dijo...

Así lo creo, pero más en el caso de los polacos. Saludos.