"El elefante", Sławomir Mrożek

Author: Angelus / Etiquetas: , ,

Un zoológico con un elefante de goma, un crédito que se troncha de risa en el jergón de una vieja, un cisne bebedor, un león que se niega razonadamente a comerse a los cristianos, minúsculos seres que viven en el cajón del escritorio, un duende que se pasea por una cafetería... Éstos son algunos de los sorprendentes e inquietantes personajes y situaciones descritos por el narrador y dramaturgo polaco Sławomir Mrożek en el libro de relatos El elefante (Acantilado, 2010). El absurdo que asalta la cotidianidad y el humor paródico se conjugan sabiamente para ofrecer al lector unos breves cuentos que descolocan y provocan la hilaridad: un Kafka burlón del otro lado del telón de acero.

En medio de la fiesta del desconcierto por el que transita esta colección de relatos, está presente, sin embargo, una constante: la sátira del sistema comunista por la alienación a la que somete al individuo. En el cuento “Niños”, la ingenua confección de un muñeco de nieve es objeto de reprensión por diferentes personajes porque ven en él una crítica personal o institucional; en “El proceso” a los escritores se les mete en cintura cuando se les categoriza según la escala militar; en “El monumento a un soldado”, la iniciativa de unos alumnos para homenajear privadamente la tumba del soldado desconocido acaba en la confiscación de la corona por no estar respaldada institucionalmente; “Peer Gynt” describe a un campesino que levanta tímidamente la voz en una asamblea para reclamar tejas y clavos, y a partir de ahí se ve envuelto en una vorágine de conferencias ridículas para ser el portavoz del campesinado; en “Carta desde el geriátrico”, se denuncia la presencia de internos delatores; en “La evolución del ciudadano”, el empleado de una estación meteorológica debe cambiar sus informes para que no sean pesimistas, hasta el punto de medio enloquecer y morir en un intento de disipar las nubes.

Libro de atractiva y refrescante lectura, que basa su acierto en la sucinta elaboración de pequeños artefactos cuyo objetivo primordial se asemeja al de las viñetas humorísticas de los periódicos –faceta en la que se inició Mrozek-, pero que pierde, sin embargo, su efectividad cuando los textos se alargan: “Crónica de una ciudad asediada”. ¿Genial autor de tiras cómicas, pero mediocre cuando se atreve con un cómic?

Dejo un pequeño extracto del relato “Onomástica”:

“Mi primera visita a la casa del letrado y su esposa. [...] Cuando mis ojos se acostumbraron a aquella tenue claridad, divisé en un rincón lejano, debajo de una palmera, un parque como los que se usan para los niños, sólo que mucho más alto. Detrás de los barrotes de madera había un hombre que bordaba sentado sobre un escabel.

- [...] una idea de mi mujer. No quería tener un canario ni nada por el estilo en el salón, porque le parecía cursi. De modo que le conseguí a un progresista de carne y hueso. No se asuste, está domesticado. [...] Durante los primeros años era un salvaje, incluso hizo varios destrozos, pero, claro, últimamente se ha desbravado y, usted ya me entiende, ahora lo tenemos en casa. Borda, toca la balalaica y canta, aunque a veces me da la sensación de que añora algo.”