José Jiménez Lozano. Un sabio anacronismo (II)

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- "G. ha tenido que suprimir sus clases en la universidad porque está amenazado de muerte por grupos antisemitas; pero el antisemitismo es, ahora, de izquierdas y progresista, y eso quiere decir que, como está en la dirección del progreso de la Historia, no sólo es todo un valor, sino la única actitud intelectual y éticamente decente."

- "[...] cuando uno quiere comprar un juguete a un niño, ya tiene que decir: "Pero que no sea pedagógico ¡por favor! Esto es, que no esté graduado, ni homologado, ni quiera enseñar nada". Y es más que difícil ya encontrar algo así, un juguete; casi tan difícil como encontrar un libro sin atributos de premio, ventas, autor genial, y cosas así."

- "Apertura de fosas y recogida de huesos de víctimas de la inmensa barbarie de la guerra civil, pero como si sólo hubiera habido víctimas de un lado y verdugos del otro. La política es así de miserable. Y resulta repugnante y temerosa. Tiempo ha habido, digo yo, de haber sepultado, con honor y dignidad, a todos los muertos de esa guerra; pero, si no ha habido el sentido de lo justo y el coraje precisos para hacerlo, al menos podríamos llevar y luto y sentir vergüenza; no envenenar con la sombra de los muertos la sangre de los vivos."

-"Al comienzo de una visita más al convento de Santa Clara de Tordesillas, T. me llama la atención para que escuche a uno de los turistas -un hombre que no llegaría a la cincuentena- que en ese momento pregunta a la persona que nos sirve de guía cómo es que ya está puesto en aquella yesería tan antigua el nombre de Ave María. Y la guía, un poco nerviosa, responde como puede, pero T. descubre luego que lo que le extrañaba al turista es que una canción televisiva o algo así que dice Ave María estuviera ya anunciada en aquella yesería. ¡Lo que es una sociedad de cultura de calidad para el pueblo!"

- "En Ifigenia en Áulide, Clitemnestra subraya la más terrible condición del asesino, que sería la de que ya no podrá orar; y nos quedamos sin resuello al leerlo, porque nos resulta terriblemente verdadero pero extraño. Y esta extrañeza nos juzga".

- "Sobre un camión de basura que circula por el pueblo, esta leyenda: VEHÍCULO DE TRANSFERENCIA DE RESIDUOS SÓLIDOS URBANOS. ¡Qué cosas! La necedad de esta leyenda resulta cómica; pero sólo por un instante porque es la misma gramática que llamaba "medida suprema de defensa social" a la pena de muerte. O "aldea" a un campo de concentración, y "violencia de género" al asesinato de mujeres. Gramática infecta todo ello, encubriendo realidades monstruosas, o simplemente la basura."

- "G, con tres años y medio, dice de repente, alzando los ojos de un dibujo que está haciendo: "¡Apagad la televisión, que me hace daño a los ojos, y me duele la cabeza!". Si sigue así otros cuatro o cinco años más, quedará inmune de estupidez toda la vida.
  Quizás en el descubrir a los pequeños el placer de apagar tal aparato está todo. Y sin quizás."

- "Navidades laicas; Paisaje invernal con muñequitos en vez del belén en las clases más evolucionadas del país, según me dicen. Y es comprensible, el caso es que no haya traumas."


PREGUNTA

Un niño que nace en un establo
¿es de estos tiempos?, se pregunta
el mundo. Y trastabilla.


FIN DE AÑO

Lluvia obstinada,
pájaros mojados, silenciosos,
lejanas campanadas en la noche,
calendario sin hojas.
¿Duda si continuar el mundo?


José Jiménez Lozano, Advenimientos. Pre-Textos. Valencia. 2006

Melancolía de Adviento

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El hombre coge en sueños la mano que le tiende
un ángel, casi un ángel. Toca su carne fría,
y hasta el fondo del alma, de rodillas, desciende.
Es él. Es el que espera llevarnos cada día.

Es él, y está con nosotros. Nuestra mirada enciende
con la suya. Es el ángel de la melancolía,
que por las almas cruza sin son, y nos suspende
hablándonos lo mismo que Dios nos hablaría.

Un ángel, casi un ángel. En nuestro pecho reza,
en nuestros ojos mira, y en nuestra mano toca;
¡y todo es como niebla de una leve tristeza,

y todo es como un beso cerca de nuestra boca,
y todo es como un ángel cansado de belleza,
que lleva a sus espaldas este peso de roca...!
 
 
Leopoldo Panero, "Escrito a cada instante"

FOTOS DE ELI (X)

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Señor, el viejo tronco se desgaja,
el recio amor nacido poco a poco
se rompe. El corazón, el pobre loco,
está llorando a solas en voz baja,

del viejo tronco haciendo pobre caja
mortal. Señor, la encina en huesos toco
deshecha entre mis manos, y Te invoco
en la santa vejez que resquebraja

su noble fuerza. Cada rama, en nudo,
era hermandad de savia y todas juntas
daban sombra feliz, orillas buenas.

Señor, el hacha llama al tronco  mudo,
golpe a golpe, y se llena de preguntas
el corazón del hombre donde suenas.

Leopoldo Panero


Sigur Rós - Svefn-g-englar

La embriaguez de la metamorfosis. Stefan Zweig

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No es significativo que esta novela del gran escritor austriaco Stefan Zweig haya quedado inconclusa, mejor así: el final se abre, de esta manera, a la imaginación del lector. Sí lo es, sin embargo, el largo periplo de quince años transcurrido en la gestación del texto; lapso temporal que arrumbó definitivamente con “El mundo de ayer” del que el autor había gozado y que le llevó al desencanto, el exilio y el suicidio, y que deja triste testimonio en la obra.

La novela bebe libremente de la historia de la Cenicienta y del "Pigmalión" de Bernard Shaw. Christine Hoflehner, joven empleada gris y pobre de Correos en un pueblo perdido austriaco, ve la luz el día que recibe la carta de una tía rica americana que la invita a pasar unos días en un hotel de las montañas suizas. Su vida, hasta entonces sumida en la extrema pobreza a la que la Gran Guerra había abocado a la familia, da un giro total hacia el lujo y la plenitud personal y social: un nuevo mundo se abre ante sus ojos para su disfrute; la joven palurda y cohibida que era, se transforma en una mariposa de altos vuelos (Christiane von Boolen) que se codea con lo más granado de la sociedad pudiente, triunfando en un ambiente apenas atisbado hasta entonces. Pero llegan las campanadas de las doce en forma de habladurías y envidias de ese selecto grupo que antes la había encumbrado y que, con la misma rapidez, la desprecia al conocer su humilde origen; la tía benefactora, arrepentida de su gesto, devuelve a la Cenicienta su verdadero ser, y esta vez no habrá un príncipe que la socorra de la miseria, ni un profesor Higgins que se haya encariñado con ella. Sin embargo, Eliza-Christine Doolitle, tras el triunfo en el baile real, ya no es la misma y no se la pueda devolver indemne al arroyo: ha saboreado exquisitos manjares y su paladar ya no soporta el  mundo mediocre del que se la rescató. La vuelta a la realidad viene acompañada de la insatisfacción vital, la ira contra sus semejantes y la depresión.

El escritor acierta al dar al texto, en sus dos primeras partes, un tono folletinesco; además, hay una aguda penetración psicológica y la narración en presente sirve para acercar al lector la evolución del personaje. Por otra parte, no es aventurado conjeturar que la última parte de la novela está escrita en los postreros y tristes días del autor: Zweig abandona el folletín por la literatura de ideas y la tesis cuando da entrada en escena a un personaje nuevo, Ferdinand, veterano de la guerra y de una posterior prisión en Siberia; un amargado de la vida y de la época que le ha tocado vivir porque ha visto truncado, por culpa del conflicto bélico, su brillante futuro profesional; cuando este personaje entra en contacto con Christine, surge la comprensión de dos seres resentidos contra una sociedad que no les ha ofrecido lo que ellos se creen con derecho a gozar. Con Ferdinand en la historia, el autor lanza al ruedo de la novela una serie de discursos sociales y morales que la lastran y que dejan a la verdadera protagonista en segundo término: ya no es un personaje el que guía el hilo de la novela, sino una idea.

Fácilmente se podría prescindir de las cien páginas finales del libro, si no fuera por el testimonio biográfico que del autor da el destino de estos dos personajes: la idea del suicidio conjunto que ambos planean como única solución a su encrucijada vital -del que se salvan por pura casualidad-, será el destino elegido por Zweig y su mujer.

La embriaguez de la metamorfosis, Stefan Zweig. Acantilado. Barcelona. 2002