José Jiménez Lozano. Un sabio anacronismo

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Gracias al compañero Valentín J. Ansede, cuyo blog recomiendo, he leído el último dietario de José Jiménez Lozano. Creo que el escritor castellano se mueve mejor en las distancias cortas -poemas, cuentos y reflexiones- que en la novela. Asistí en Valladolid a la lectura que el propio autor hizo de su poesía, hace ya casi veinte años, cuando sus libros de poemas eran una novedad (género que no había prodigado) y resultó una experiencia agradable y entrañable: humildad y nada de engolamiento transmite este Premio Cervantes.

En esta ocasión, no voy a hacer una reseña de la obra, tan sólo entresaco algunas reflexiones a contracorriente del escritor y un breve poema para "desengrasar" las anteriores; sólo decir, para terminar, que me cautivan sus escritos por la percepción tan castellana antigua del paisaje y los seres vivos que lo pueblan, además de coincidir, en gran manera, con su percepción de la vida en general (se echa en falta, sin embargo, un poco más de claridad onomástica en sus observaciones).

- "¿Hasta cuándo va a durar esta cháchara sobre civilizaciones y culturas, los antiguos y los modernos, el progreso y la reacción? Lleva trazas de ser una escolástica bastante tediosa."

- "La idea de una asignatura de educación de ciudadanos en una visión del mundo y del hombre, y en una moral y unos valores éticos que define el Estado es una idea nazi o leninista, que parecería que no se le volvería a ocurrir a nadie después del horror de aquella experiencia; pero ya se ve que la aniquilación de las conciencias, su aplastamiento y su conformación como marionetas en el encallamiento es una pasión totalitaria inextinguible."

- "Si la finalidad de la enseñanza es, para los diseñadores de ella, la evitación del fracaso escolar, pongamos los niveles al ras de los que no quieren estudiar o no tienen talento para el estudio, y ya está solucionado. Y, en realidad, es lo que se está haciendo de manera nada disimulada; pero también podemos suprimir los exámenes y otras clase de controles, que la revolución Cultural china consideraba inadmisibles supervivencias burguesas, o suprimir la enseñanza de cualquier otra cosa que no sea el adoctrinamiento del estado, y asunto concluido."

- "Oigo la locución "termización invisible" para nombrar lo que ahora mismo viene llamándose "suelo radiante" y en otro tiempo "gloria" [...] Es el trayecto del lenguaje hacia lo abstracto que está liquidando el sentido de lo real [...] Pero cuando no se nombra la realidad, se miente. Y éste parece ser ya nuestro destino para el discurso público, comercial y político; y, poco a poco, ya ha comenzado a destilar sobre el discurso privado y el lenguaje coloquial."

- "El Espíritu del Tiempo alardea no sólo de que no le importan los muertos ni la muerte, sino la destrucción del tiempo de los padres. Y, muy en consonancia con todo esto, está también la cristofobia y el odio a la cruz. Ejercicios de superhombres progresados o planchados por la palabrería, por lo que se ve."


FINA LLUVIA

Entre la neblina de la fina lluvia,
sol tornasolado que ilumina
el oro mate de los árboles ya heridos
por el cuchillo del otoño.
Todavía un último verdor exasperado,
como siempre lo es la última esperanza.


José Jiménez Lozano, Los cuadernos de Rembrandt. Pre-Textos. Valencia. 2010

Semana musical polaca. Henryk Górecki †

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Entre los pasados lunes 8 y jueves 11, se celebraron en Sevilla unas jornadas dedicadas  a la música y danza polacas con motivo del II Centenario de Chopin. La Universidad de Sevilla, más en concreto, los profesores de música del Conservatorio -entre los que se encuentran conocidos nuestros por su estancia en Varsovia-, fueron los encargados de organizar el evento. Asistimos a dos conciertos: el lunes, al del compositor Zygmunt Krauze y el jueves, al de la solista Małgorzata Goroszewska.

Krauze es una de las figuras actuales de la música de su país. Su recital, precedido de unas piezas interpretadas por solistas del Zahir Ensemble, fue interesante, aunque, a decir verdad, la música contemporánea resulta, en muchas ocasiones, un tanto "dura" de escuchar para los neófitos. Lo mejor, el bis en el que nos regaló una pieza clásica: una mazurca de Chopin en una peculiar versión "deconstructiva".
  

Goroszewska es una joven pianista de aspecto frágil, pero de gran poderío en la interpretación. Sus versiones de Bach, Rachmaninoff, Schumann y Chopin fueron contundentes, quizás demasiado; creo que no se caracteriza su manera de tocar por la sutileza, sino por el subrayado apasionado de notas y compases. Aun así, en esta jornada, el público, que llenó la sala, respondió entusiasmado con aplausos a su interpretación.

Los conciertos se celebraron en la pequeña capilla del Rectorado de la Universidad y fueron, asimismo, motivo para el encuentro de la colonia polaca que vive en Sevilla y para la posterior charla con los intérpretes (ambos estuvieron receptivos, más desenvuelto, por la edad y la experiencia, Zygmunt Krauze).


Acabo de enterarme de la muerte, el pasado día 12 de noviembre, del compositor polaco Henryk Górecki en Katowice, a la edad de 76 años. Sirva esta mención como humilde homenaje al autor y a ese prodigio de belleza perturbadora que es el lamento de su Tercera Sinfonía.

Henryk Górecki - Symphony No. 3 op.36 I. Lento- sostenuto tranquillo ma cantabile

Charles Lloyd. El hombre tranquilo

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El saxofonista de jazz Charles Lloyd actuó ayer, día 13 de noviembre, en el Teatro Central de Sevilla; hoy se presenta en Granada. Un hombre peculiar éste: durante casi toda la década de los 70 permaneció semirretirado del "mundanal ruido" en una particular búsqueda espiritual en las montañas californianas; él, que había maravillado en el Monterey Pop Festival de 1966, dejando testimonio con el álbum "Forest Flower: Charles Lloyd at Monterey" -uno de los primeros álbumes de jazz millonario en ventas-; él, que se había codeado con los grandes artistas de rock en San Francisco, que llegó incluso a tocar en la Unión Soviética y que inspiró al propio Miles Davis para la creación del disco seminal "Bitches Brew". A pesar de todo esto, se embarcó en un largo viaje interior del que emergió momentáneamente en los 80 acompañando al pianista Michel Petrucciani; mucho antes, en los 60, había emprendido el camino del "avant-garde jazz" con Ornette Coleman o colaborado con "grandes" como Julian "Cannonball" Adderley o Keith Jarret, éste en un cuarteto con Lloyd al frente.

También en formato de cuarteto, Charles Lloyd New Quartet, el saxofonista de setenta y dos años se presentó esta vez en el Central -con el aforo completo- para meterse al público en el bolsillo, y esto de principio a fin de sus casi dos horas de concierto. Comenzó el recital con tres baladas exquisitamente interpretadas, sin embargo, cuando ya pensábamos que el concierto se iba a mover en esa gama de paz y espiritualidad que respira su último disco, Mirror, poco a poco el concierto fue ganando ritmo e interacción entre los músicos, fue preñándose de magníficos solos y guiños al público. Todas las canciones, pocas por el largo desarrollo a las que se las sometía, empezaban con el protagonismo del saxo, para luego dejar al piano la tutela del cuarteto y concluir nuevamente con el saxo. LLoyd  se movía con cierta dificultad en el escenario, sin embargo, con el instrumento en la mano mostraba destreza y entrega; su saxo se deslizaba por las canciones con suavidad y sabiduría, aglomerando todo el sonido del grupo. Una formación en la que destaca el pianista, Jason Moran, quien se compenetra muy bien con el líder para crear una música que produce la hipnótica sensación del encantador de serpientes en un difícil equilibrio de movimientos. Los solos del batería, Eric Harland, fueron contundentes y el contrabajo de Reuben Rogers fue ganando confianza con el desarrollo del concierto.

La música de Lloyd envuelve con serenidad al oyente, creando una mágica atmósfera mística; una serenidad que puede que alcanzara en sus largos años de retiro. Eché en falta, sin embargo, esa maravillosa versión de la canción de Silvio Rodríguez, "Rabo de  nube", que da título a su penúltimo disco.

"Låt den rätte komma in" versus "Let Me In"

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La película sueca de vampiros "Låt den rätte komma in" ("Déjame entrar"), 2008, fue una de las sorpresas agradables del año pasado. Pocos podríamos imaginarnos el imaginario vampírico ubicado en el territorio escandinavo; pero el filme acierta trasladando la desolación y fatalidad que rodea a los no muertos al frío, la nieve y al ambiente poco apacible suburbano de Estocolmo. Una pareja de niños aislados en su propio mundo coinciden en el patio del vecindario y están abocados a comprenderse y "amarse": una, por la insondable tristeza de su condición de vampiro, y otro, por el linchamiento escolar al que es sometido y por ser el fruto de un pareja rota. Las escenas de sangre se reducen a lo imprescindible y llama la atención la "solución final", harto curiosa, que se da al problema del acoso escolar. Tristeza, marginalidad, soledad, muerte y sentimiento se aúnan para dotar a la película del ambiente del "amour fou".


La versión americana, "Let me in", ha tardado tan sólo dos años en realizarse. Increíblemente, copia (ésa es la palabra) tal cual escenas del original sueco. El filme se deja ver bien, pero no resiste la comparación con la obra originaria: se rodea a la película de una pátina de belleza de la que carece la primera, empezando por la joven actriz protagonista; las escenas macabras que protagoniza ella se multiplican intentando dar gusto al espectador que vaya a ver "una de vampiros" (lo que es inevitable en una película, se convierte en regodeo en la otra), la banda sonora está omnipresente recargando el filme y se le pretende dar a éste tintes de investigación criminal subrayando el papel del investigador. En definitiva, la sutileza de la obra sueca se transforma aquí en obviedad, quizás para encandilar al público americano.

Otros, sin embargo, no opinan así.