El "Invierno" no puede con Madeleine Peyroux

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El patio de la Hospedería de San Benito en Valladolid ofrece este año espectáculos veraniegos bastante atractivos: cine, música clásica, jazz, soul, blues... Quizás los dos platos fuertes hayan sido las actuaciones de la vocalista de jazz Madeleine Peyroux y de la leyenda del blues-rock Johnny Winter.

La Peyroux es ya, pese a su juventud, una auténtica dama del jazz, género en el que las mujeres llevan ventaja a la sección masculina. Poseedora de una voz clásica, deudora de las grandes (Billie Holiday, Ella Fitzgerald...), sus discos han sido relativos éxitos y es en esa asunción de la tradición vocal femenina del jazz donde reside lo mejor de esta cantante americana y lo que le hace ofrecer un conjunto de canciones más interesante que el de supuestas estrellas como Diana Krall o Norah Jones. En directo se transforma un poco, ofreciendo un repertorio variado: blues sui géneris, jazz, chanson... Acompañada de unos grandes teclista y guitarrista (el batería y el bajo se lucieron menos), se mueve con soltura en el escenario, no hace grandes alardes vocales, pero se entrega y procura mostrarse simpática. No faltaron las versiones de Bob Dylan y Leonard Cohen.

El albino Sr. “Invierno” estuvo de un carrozón subido. Le acompañaron batería, bajo y rítmica, reservándose él mismo los alardes guitarreros. Entró con el concierto comenzado, encorvado y con dificultades para andar y se pasó la hora y media sentado en una silla; esto no debería motivo para la crítica (asistí en Varsovia a uno de los últimos conciertos de Nina Simone y, pese a su avanzada edad y a la lentitud de movimientos, entusiasmó con su poderío vocal), Sin embargo, Winter quedó muy por debajo de los instrumentos -quizás el técnico, consciente las limitaciones vocales de la estrella, rebajó el volumen de su voz-, pero, la verdad es que ésta dejó bastante que desear (hacia el final, casi se nos quedó sin voz). Eso sí, sus manos estuvieron hábiles y rápidas en la sesión guitarrera de rhythm and blues que nos ofreció el cuarteto. Mucho ruido y pocas nueces.

Para variar, no me libré en ambos conciertos de los indeseables de turno: con Peyroux, un impertinente fotógrafo aficionado detrás de mí haciendo sonar su cámara canción tras canción hasta que le cantamos las cuarenta; con Winter, todo una recua de bailadores que con cuentagotas iban descendiendo desde las últimas filas para “bailar”, sin tener en cuenta a los espectadores sentados a los que impedían la visión.


ARTÍCULOS EN GAZETA20 (V). "Sangre derramada", Åsa Larsson

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Acaba de finalizar la Feria del Libro de Madrid, donde la literatura nórdica ha sido la invitada y Lorenzo Silva, asiduo de este blog, comisario del pabellón dedicado a tal motivo: “Elemental, querida Salander”. Allí se han dado cita los grandes nombres de la novela negra escandinava, entre ellos Åsa Larsson, quien se dio a conocer en España el año pasado con “Aurora boreal”, si bien la obra data de 2003; su recepción, amparada en el “boom” de “Millennium”, fue muy positiva e inició una saga de la que nos ha llegado este año la segunda entrega, “Sangre derramada”; en ella vuelven a aparecer las mismas protagonistas: la abogada Rebecka Martinsson y la policía Anna-Maria Mella, y el mismo espacio, Kiruna, un pequeño pueblo del norte de Suecia, donde se crió la autora.

Frente al espacio urbano, las nuevas tecnologías, el cosmopolitismo y, por qué no decirlo, la falta de preocupación estilística que caracterizan la trilogía de “Millennium”, nos encontramos en “Sangre derramada” con otro tipo de literatura: el mundo cerrado de una pequeña localidad, la religiosidad omnipresente, el primitivismo de sus personajes y un lenguaje y una atmósfera narrativa que no tienen nada que ver con el “best seller” de Stieg Larsson. Hay aquí una prosa cuidada, envolvente, que penetra en la caracterización psíquica de los personajes en busca de los motivos para su comportamiento: cualquiera puede ser el asesino, todos tiene sus pequeñas miserias que esconder y sólo al final, la frustración personal del homicida desvela su identidad.

No es una novela de investigación: la abogada Rebecka Martinsson asiste a los acontecimientos más bien como testigo alucinado de su reencuentro con el pueblo que desencadenó la tragedia comunitaria y su tragedia personal en “Aurora boreal”; la policía Anna-Maria Mella está más pendiente de los problemas familiares que de las pesquisas; el hallazgo del asesino no es más que fruto de la casualidad. Importa más a la autora crear un clima determinado: el clima malsano de Kiruna, un ambiente que apabulla a los personajes y agobia al lector (las retrospecciones en presente contribuyen a esto); quizá por ello, como contrapeso, Åsa Larsson termina los capítulos con apéndices liberadores: las aventuras de una loba expulsada de la manada hasta que llega a Kiruna, y allí es defendida por la que a la postre sería la mujer asesinada.

FOTOS DE ELI (VIII)

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El canto de la perra

Al alba, en el granero del centeno,
en un montón de áureas arpilleras,
parió la perra siete cachorrillos,
siete cachorros de color canela.

Estuvo todo el día acariciándolos,
les alisaba el pelo con la lengua,
y chorreaba nieve derretida
bajo su vientre de tibieza.

Y al caer la noche, cuando las gallinas
estercolan su pértiga,
apareció con mala cara el amo
y a los siete metió en una talega.

A la carrera por los ventisqueros,
sin perderlo de vista lo seguía.
La tersa faz del agua sin helar
un estremecimiento recorría.

Y cuando se arrastraba de regreso,
lamiéndose el sudor de las costillas,
creyó ver en la luna sobre el chozo
a una de sus crías.

Al cielo azul oscuro la mirada
levantaba, llamando y aullando,
pero la luna huía, adelgazada,
y se ocultó en un cerro por los campos.

Y mudamente, como cuando alguno
por ganas de jugar le tiraba una piedra,
lágrimas en la nieve como estrellas de oro
cayeron de los ojos de la perra.

Sergio Esenin. Traducción de Aquilino Duque



Nick Drake - Black Eyed Dog

ARTÍCULOS EN GAZETA20 (IV). "La estrategia del agua", Lorenzo Silva

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Lorenzo Silva vuelve a estas páginas para darnos cuenta del mundo del crimen. Los guardias civiles Chamorro y Bevilacqua, que iniciaron su andadura con “El lejano país de los estanques”, premio El Ojo Crítico de 1998, regresan en plena forma con “La estrategia del agua”. No toda la buena novela negra viene envuelta en hielo nórdico.

En esta sexta entrega de las investigaciones criminales de los miembros más famosos del cuerpo de la Benemérita, el escritor nos sumerge en un asesinato relacionado con la violencia “de género” y sus consecuencias. La novela no se basa en la sorpresa ni en la intriga criminal: ya casi desde el comienzo queda claro quién es el inductor del delito; de esta manera, el libro puede discurrir libremente a través del procedimiento mismo por el que los guardias civiles investigan la trama delictiva y cómo dar caza a los sospechosos. En este sentido, se advierte un trabajo importante del autor por ofrecer verosimilitud a la tarea investigadora: procedimientos legales, escuchas telefónicas, demarcaciones territoriales... La intriga es más bien de índole psicológico: descubrir la personalidad de la víctima para dar las claves del asesinato; de esta manera aparecen los libros del finado, “Disertaciones” de Epicteto y “El arte de la guerra” de Suntzu -uno de cuyos fragmentos da nombre a la novela-, como referencias omnipresentes en el texto.

El libro arranca un tanto premiosamente, mostrando las dificultades anímicas del personaje principal, el brigada Bevilacqua: los jueces han liberado a un criminal largamente perseguido por él; esta premiosidad autorreflexiva (el narrador es el guardia civil) sirve para caracterizarlo mejor, aunque quizás el lector fiel de toda la serie no lo necesite. A partir del primer tercio de la novela, y ya liberado Rubén Bevilacqua de la carga emotiva malsana del pasado, la novela camina firme hacia el desenlace esperado por el lector, pues se empatiza fácilmente con el asesinado y los investigadores. Un final, por otra parte, que chirría un poco por su carga melodramática y fílmica.

La novela se fundamenta, junto con las reflexiones del guardia civil, en la maestría del diálogo: rápido, vivo, ingenioso -a veces demasiado- y mordaz; es este diálogo el que caracteriza mejor a los personajes, aunque haya alguno un tanto artificial o excesivamente en la línea del buen rollo o colegueo: el primero entre padre e hijo, por ejemplo. No es una novela políticamente correcta, no debe serlo en razón a las características del género en el que se inscribe: realidad educativa de la ESO, crisis económica, ley de violencia “de género”- ¡huy, cómo rechina esta palabra!- mal utilizada... Se puede aducir que las referencias a la lacerante actualidad quedarán obsoletas en poco tiempo, pero la novela negra bebe de esto, de la realidad más acuciante, que debe criticar y fustigar. Quizás para compensar el ataque a esa ley “de género” mal empleada, abundan por la novela las mujeres de armas tomar: de una pieza y con puestos de alto nivel.

En definitiva, un libro magnífico, de lectura absorbente en su mayor parte, que tiene en el personaje principal su mayor acierto: un sujeto cáustico, inteligente, culto y con un elevado sentido de la rectitud moral. Todo un personaje digno de las mejores series negras.