Leopoldo María Panero y este blog

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Es de justicia, tras más de un año de existencia, dedicar una entrada al poema que inspiró el título de este blog. Leopoldo María Panero en esencia: fealdad, irreverencia, fisiología, pero hallazgos poéticos que fulminan por su brillantez -destellos entre la podredumbre-.

Poema a Rosa Lentini

La batalla perdida para siempre
la batalla del pensamiento
la batalla de la rosa demacrada
la batalla impura del verso
tembladeral de sílabas
en que nada como un sapo el recuerdo
tengo una rana en la cabeza y un pescado en la boca
y mi carne se deshace en el poema, pedazo a pedazo
como la carne de Sta. Lidwina de Schidan
como la carne impura de Jesucristo en la cruz
como la carne destruida del verso
La destruction fut ma Beatrice
y se llama poesía a un callejón sin salida
donde crece la flor del desespero
la flor sin sentido del llanto
¡Oh! Flor en los ojos único quebranto.

Panero, Leopoldo María: GÓLEM. Igitur. Barcelona. 2008.

RESEÑAS ANTIGUAS (V): Miguel Hernández, rústico, pero no tanto

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En el año en el que se celebra, con todo fasto, el aniversario del nacimiento de Miguel Hernández, recupero esta reseña publicada en la revista Enlace el año 2002.


A los sesenta años de su penosa muerte en la cárcel de Alicante, la talla vital y literaria del poeta de Orihuela sigue creciendo. Compañero de viaje de la generación del 27, el poeta-pastor tuvo una vida difícil derivada de sus humildes orígenes y una andadura literaria marcada, al principio, por la amistad con su condiscípulo Ramón Sijé y, posteriormente, por los “hermanos mayores” de la citada generación del 27 y por el magisterio de Pablo Neruda. Víctima de la guerra civil y de la represión franquista, su figura fue al principio de la posguerra evitada, para más tarde ser recuperada por su valor de lucha y compromiso, aunque se le llenara de tópicos injustos que ahora la biografía de José Luis Ferris trata de aclarar.

Miguel Hernández nació en Orihuela (Alicante) en 1910 en el seno de una familia humilde, pero con un negocio de ganadería bastante próspero, que le permitió recibir una educación mucho más amplia de lo que se ha querido ver. El tópico, fomentado por el propio poeta, del joven ignorante que cuida las cabras de la familia mientras escribe versos es del todo falsa. Miguel fue a la escuela ya desde edad preescolar y llegó incluso casi a terminar el bachiller, al mismo tiempo que formó parte de una pequeña peña de amigos escritores que fomentaba la literatura; entre ellos hay que destacar a Ramón Sijé, quien influyó decisivamente en los inicios literarios de nuestro poeta aconsejándole e instruyéndole dentro de un marco de pensamiento fuertemente reaccionario y católico y poniéndole en contacto con el mundillo cultural oriolano y madrileño. Pero mientras Sijé se encontraba cómodo en Orihuela, Miguel se asfixiaba en ese ambiente provinciano y decidió probar fortuna en Madrid.

Los primeros intentos de ganarse la vida con la literatura en la capital fracasaron estrepitosamente y le llevaron a pasar unos meses de vida miserable y andrajosa; pero al final logró abrirse camino, trabando conocimiento con lo más granado de la rica cultura madrileña de la época (los poetas del 27, especialmente) y llegó a tener relaciones amorosas con la pintora Maruja Mallo, miembro de la famosa escuela pictórica de Vallecas. Madrid le abrió las puertas al poeta-pastor: su figura rústica llamaba la atención, pero allí consiguió al fin librarse de la ideología de Sijé y sacar a la luz sus comprometidas tendencias sociales. En Madrid publicó sus mejores versos, entre los que destacan los poemas amorosos del libro El rayo que no cesa. Su evolución literaria está marcada por la del 27, de manera que en pocos años recorrió las distintas tendencias por las que esos poetas mayores habían discurrido. Su poesía llama la atención por el torrente emocional y vital que descarga, pero “está envasada en formas rigurosas que le permiten huir de la facilidad”, como afirma F. Lázaro Carreter. El estallido de la guerra civil sirvió para que Miguel pusiera su brazo y su poesía al servicio de la República en el frente de batalla; tratando de huir a Portugal a la finalización de la contienda, fue apresado y encerrado en varias cárceles, donde sufrió un agravamiento de su enfermedad tuberculosa, que le llevó a la muerte con treinta y dos años.

La biografía de Ferris, además de eliminar la imagen del poeta-pastor, pone de manifiesto otros aspectos importantes: que la destinataria de la mayoría de los poemas de amor de El rayo que no cesa no era, como se pensaba, Josefina Manresa, su mujer, sino la citada pintora Maruja Mallo; la enemistad visceral de los poetas señoritos del 27, Lorca y Cernuda, por ejemplo, que no soportaban las maneras poco cuidadas y arrogantes de Miguel; la falta de ayuda de las autoridades eclesiásticas alicantinas para librarle de la muerte o su compromiso total con los soldados durante la guerra. Además, es un biografía muy bien documentada, complementada con un repertorio epistolar, y escrita con la pasión y la emoción que el propio Miguel Hernández puso en todas las facetas de su corta pero intensa vida.

José Luis Ferris: Miguel Hernández, pasiones, cárcel y muerte de un poeta. Temas de Hoy. Madrid, 2002.

Szymborska on the road again

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El niño de la película recientemente estrenada "The road" se ve lanzado, desde el nacimiento, al fin del mundo y además se queda sin madre por la decisión voluntaria de ella de hundirse en las profundidades de la noche y renunciar a la lucha por la supervivencia, que iniciarán al poco tiempo marido e hijo. En el nuevo poema de Szymborska que he elegido para la entrada, se trata el drama del divorcio, del que los hijos son con certeza los perdedores, los que ven hundirse su mundo (como la visión apocalíptica de la película antes citada) y deben iniciar una nueva supervivencia afectiva. El texto de la poetisa polaca no tiene nada que ver con la negrura, pesimismo y angustia continua que respira el film protagonizado por Viggo Mortensen. Szymborska apuesta, de nuevo, por el tono coloquial, la falta de dramatismo y la ironía; la enumeración anafórica nos remite a una especie de cajón de sastre donde almacenar los restos del naufragio, eso sí, separado en dos compartimentos.

Si alguno piensa que la relación film/poema está traída por los pelos, quizá tenga razón. Funciona por antítesis.

DIVORCIO

Para los niños el primer fin del mundo de su vida.
Para el gato un nuevo dueño.
Para el perro una dueña nueva.
Para los muebles escaleras, golpes, carga, descarga.
Para las paredes claros cuadrados tras los cuadros descolgados.
Para los vecinos de la planta baja un tema, una pausa en el hastío.
Para el coche mejor que fueran dos.
Para las novelas, la poesía – de acuerdo, llévate lo que quieras.
Peor para la enciclopedia y el video,
ah, y para el manual de ortografía,
donde tal vez se explique el tema de los dos nombres:
si todavía unirlos con la conjunción “y”,
o ya separarlos con un punto.

Traducción de Abel Murcia y Gerardo Beltrán.