Una crítica telegráfica. "Two lovers"

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Dos amantes en la terraza de un edificio. Dos vecinos que se ven y hablan por la ventana. Dos seres atrapados en sus trastornos de personalidad o en las redes de un adulterio inviable. Un encuentro amoroso abocado al fracaso: el tránsito del amigo al amante no es necesariamente bilateral. El mundo judío de Nueva York visto  a través de una familia de clase media. Una puesta en escena sabia y una fotografía triste, acorde al mundo que retrata. Un protagonista masculino, Joaquin Phoenix, sobreactuado y ya muy crecidito para ser mercancía de trueque matrimonial para fusionar negocios. Ella, Gwyneth Paltrow, bien, aunque demasiado lista para el papel que representa. Un final que pone en orden el conflicto: la fiera vuelve a la manada.

Eso, y poco más, es "Two lovers".

RESEÑAS ANTIGUAS (VI). "Harán de mí un criminal", Javier Marías

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El 26 de diciembre del pasado año, Javier Marías publicaba en El País Semanal un interesante artículo de opinión sobre la actitud fascista de buena parte de nuestros jóvenes: acostumbrados desde niños a mimos y consentimientos, no han sido educados en el respeto y la tolerancia, hasta el punto de llegar a “zumbar a sus padres o fostiar a sus profesores”. Esto último deja de ser pura retórica para convertirse en lacerante actualidad, no hay más que leer la sección de educación de los periódicos (o mejor dicho, la de sucesos); que es un tema candente lo ejemplifica el escritor castellano José Jiménez Lozano, premiado con el Cervantes en el año 2002, quien articula su última novela, “Carta de Tesa”, en torno al drama de una profesora agredida por sus alumnos.

La publicación en periódicos y revistas es un camino alimenticio para unos cuantos escritores que encuentran fervorosos seguidores en los lectores de la prensa (¿cuántos de nosotros no comenzamos la lectura del periódico o revista correspondiente por la columna o el artículo de este u otro escritor?, allí aparecen las firmas, por ejemplo, de novelistas de la talla de Umbral o Pérez-Reverte); la brillantez de algunos de estos textos escapa a lo efímero de la mera actualidad para alcanzar la verdadera literatura. Que el profesor pueda analizar en el aula los artículos periodísticos es posible gracias a la implantación en el último curso de la Enseñanza Secundaria Obligatoria de la asignatura de Información y Comunicación. Es necesario aplaudir la decisión de incluir esta materia, por medio de la cual se pretende explorar los mecanismos de actuación de los medios de comunicación de masas y su influencia en la sociedad actual. El apartado principal en la enseñanza de esta asignatura es para la prensa escrita. Aquí es donde se lleva a cabo el análisis de los textos periodísticos de actualidad, que indudablemente motivan al estudiante a poco que el profesor se esfuerce en la lectura semanal y la selección de textos adecuados a los intereses del alumnado.

El autor del libro de esta reseña, Javier Marías, se convirtió en un "criminal" cuando fue censurado por escribir para el suplemento dominical El Semanal un artículo anticlerical titulado “Creed en nosotros a cambio”. Durante casi dos años colaboró con esta publicación, hasta que las diferencias en torno a este artículo le obligaron a presentar la renuncia. Ese tiempo de colaboración aparece compilado en este libro. Javier Marías es uno de los novelistas más valorados y traducidos fuera de España; su arte narrativo ha sido caracterizado con frecuencia de frío, intelectual y apegado a los modelos anglosajones; no creo que a él le desagrade esta filiación extranjera en su escritura; sin embargo, sus artículos periodísticos, como no podía ser de otra manera dado el canal por el que se transmiten y el receptor que buscan, resplandecen con un estilo transparente, incisivo e hiperbólico, que desmiente las anteriores características y le acerca más a otro tipo de escritores tildados de castizos. En esta colección de artículos, Javier Marías se muestra como fustigador severo de la sociedad española; nada escapa a su ojo crítico: el ex presidente Aznar, los nacionalistas vascos, el anterior alcalde de Madrid Álvarez del Manzano, Telefónica, Renfe, Correos, etc. Pero en lo que más incide Marías es en la falta de educación, respeto y buenos modales de los españoles (en esto no hemos avanzado mucho desde que, a comienzos del XIX, Larra escribiera sus mordaces artículos de costumbres); no olvida tampoco la lamentable situación que sufre el profesorado, los vicios del lenguaje (en especial critica el lenguaje políticamente correcto) o lo absurdo de imponer la proporcionalidad entre hombres y mujeres (aplicable al gobierno actual, sin ir más lejos).

La lectura de los artículos es amena y a veces hasta muy divertida, aunque no deja de lado en alguna ocasión la vertiente más emotiva (“Cuando no es triste la muerte”, por ejemplo, dedicado a su profesora de literatura). No es fácil que una colección de artículos funcione bien como libro; uno ha leído recientemente las de magníficos escritores como Landero o el chileno Luis Sepúlveda, y no aguantan una lectura sostenida. En el caso de Marías, el lector se ve atrapado por un sujeto cáustico y agresivo, pero divertido cuando es necesario, muy en el papel del intelectual convertido en conciencia crítica de la sociedad.

Seguiremos muy atentamente las andanzas de este caballero andante llamado Javier Marías por el suplemento El País Semanal, en busca de alguna que otra joya que capte la atención de los alumnos españoles, algo cada vez más difícil de conseguir.

Marías, Javier. Harán de mí un criminal. Alfaguara. Madrid. 2003

Llegó, habló, convenció

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Mi historia personal con respecto a la posibilidad de asistencia a una charla del escritor Lorenzo Silva es larga y compleja. Durante mi estancia Polonia, escribí una reseña de "Algún día, cuando pueda llevarte a Varsovia" en la revista Enlace de la Embajada española, lo que supuso dar a conocer a algunos españoles el nombre del novelista y su focalización en la cultura polaca; por aquel entonces, yo no disponía de cobertura para poder invitarlo a nuestro centro, medios que sí tenía el Instituto Cervantes y que aprovechó para traerlo a Varsovia, pero, lamentablemente, meses después de que yo abandonara Polonia y me asentara en Andalucía. Fue el primer paso de un desencuentro que se habría de prolongar en el tiempo.

Gibraleón (Huelva) fue mi primer destino definitivo como profesor de Lengua. Al llegar allí, propuse a mi departamento la inclusión de la novela antes citada en la lista de lecturas obligatorias; el primer año la iniciativa no tuvo buena acogida, sin embargo, a partir del segundo año, y aprovechando los galones inesperados de la jefatura departamental, esa novela juvenil se convirtió en lectura para los chicos durante dos años consecutivos. El contacto frecuente con el comercial de la editorial Anaya -pues de este grupo eran los libros de texto que elegimos para los alumnos- me incitó para proponer a dicho comercial la posibilidad de la venida de Lorenzo Silva. La propuesta no era factible, me dijo, por la apretada agenda del escritor madrileño; yo lo comprendí, al fin y al cabo, es uno de los grandes narradores del país, pero, a pesar de ello, insistía cada vez que coincidíamos. El buen hombre se debió de cansar de mí y al fin logró que Lorenzo se llegase a dos institutos de Huelva, incluido Gibraleón, pero -otra vez la desgracia- para el curso 2009-2010, cuando yo ya había cambiado de destino.

El comercial me propuso entonces, cuando vio mi decepción, una visita rápida  a nuestro centro, pero yo, al comienzo del curso escolar, no las tenía todas conmigo en mi nuevo instituto, aparte de las pocas instalaciones de las que disponía, ni siquiera tiene salón de actos (por no tener, hasta uno de los grupos no tiene ni aula propia, sino que va rotando según el abandono temporal de otros alumnos de las aulas). Cuando mis compañeros me confirmaron las fechas de la llegada de Lorenzo Silva (febrero de este año), yo ya estaba más asentado en mi nuevo destino y tenía la confianza suficiente para abordar la empresa de recibirlo. Contacté con el comercial y le propuse eso, una vista rápida y un encuentro reducido para pocos alumnos. Tras numerosas llamadas telefónicas, quedamos en que a la vuelta desde Huelva a Sevilla, harían una pequeña escala en nuestro instituto. Pero las circunstancias seguían jugando en mi contra: el horario del AVE de regreso a Madrid impidió la parada en el centro. Sin embargo, Lorenzo prometió que en una próxima vista que haría a Sevilla, con motivo de una entrevista radiofónica, se acercaría al pueblo. Con esa promesa, nos quedamos y esperamos.

Nuevamente, nuestro gozo quedó en el pozo cuando nos enteramos de que esta nueva visita se había producido sin efectos positivos en nuestras esperanzas. Ahora bien, yo no me di por vencido. Usé el correo electrónico y el blog del escritor para insistir de nuevo, pese a que me considerara, y con razón, un plasta. Y gracias a esta tozudez y aprovechando la nueva llegada del novelista a Sevilla con motivo de la Feria del Libro, conseguí AL FIN que Lorenzo Silva se acercase, el jueves pasado día 13, a nuestro instituto, charlase con los profesores y tuviera un pequeño encuentro con el grupo de alumnos que leen esa novela juvenil.

Los compañeros que lo conocieron quedaron encantados con su amabilidad, sencillez y cercanía. A los alumnos los vi muy educados (¡!) e impresionados por su presencia, previamente los habíamos aleccionado al respecto. Lástima la falta de tiempo para que Lorenzo respondiese a las preguntas -ensayadas- de nuestros chicos. Pero la visita creo que fue un éxito. Éxito que personalmente yo necesitaba tras unas fechas de disgusto personal por motivo de un enfrentamiento con la Inspección educativa de la zona.

FOTOS DE ELI (VII)

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VOCABULARIO

—La Pologne? La Pologne? ¿Un frío espantoso, verdad? —me pregunta, y respira con alivio. Son tantos los países que surgen cada dos por tres, que el tema de conversación menos resbaladizo es el clima.
—Madame —me encantaría responderle—, los poetas de mi país escriben con los guantes puestos. Aunque, a decir verdad, a veces se los quitan: sí, cuando cae una luna de justicia. Con estrofas de alaridos punzantes, único medio de apagar el estruendo del vendaval, cantan la vida sencilla de los pastores de focas. Nuestros clásicos hacen cisuras con carámbanos de tinta en la nieve apelmazada. El resto, los decadentes, lloran la suerte de los copos de nieve. Quien quiere morir ahogado debe hacerse con un pico para agrietar el hielo. ¡Ay, madame, querida madamé!

Eso es lo que me encantaría decir. Pero no recuerdo cómo se dice «foca» en francés. Ni estoy segura de qué palabras corresponden a «carámbano» y a «agrietar».
—La Pologne? La Pologne? ¿Un frío espantoso, verdad?
—Pas du tout —respondo glacial.

Wisława Szymborska, Sal. Traducción de Jerzy Sławomirski y Ana María Moix.


Goran Bregovic & Kayah - To nie ptak

ARTÍCULOS EN GAZETA20 (II). "Deseo de ser punk", Belén Gopegui

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Un Iggy Pop adulto y sonriente mira al lector desde la portada del libro. El padrino del punk exhibe cuerpo con una camiseta de tirantes y apoya la mano en el mentón, en gesto de simpatía y complicidad. Es una buena foto para caracterizar la última novela de Belén Gopegui: la agresividad del punk, metida en cintura, al alcance de la mano de la joven protagonista del libro y del inocente lector que crea en el poder redentor de la música.

La novela es, ante todo, un canto de alabanza a un determinado tipo de canciones juveniles, aquellas que desprenden rebeldía, agresividad, inconformismo –tanto en letra como en música-, aquellas que pueden ser escuchadas a máximo volumen y provocan en el oyente un cortocircuito emocional, un éxtasis colectivo si la audición no es sólo individual. Así, desfilan por el libro los nombres de Alice Cooper, AC/DC, Johnny Cash, Iggy Pop y muchos más, como motivo recurrente que inspiran a la protagonista en su actitud de enfrentamiento al mundo adulto y en sus quiméricas reivindicaciones.

Belén Gopegui articula su novela en un monólogo narrativo -salpicado con diálogos- de la protagonista, Martina, en forma de diario escrito en un cuaderno y dirigido a un receptor determinado. El punto de partida de la escritura de la chica, de dieciséis años, es la muerte por cirrosis del padre de su mejor amiga: un ser entregado en cuerpo y alma a los demás y que tuvo la clarividencia en el momento oportuno de ofrecer a Martina su comprensión. A partir de ahí, la adolescente cuenta sus desavenencias familiares, los tropiezos escolares y las tímidas aventuras amorosas (incluida una relación rayana en lo lésbico con Vera, su mejor amiga). Martina está en desacuerdo con el mundo adulto, y es esa muerte la que la catapulta para mostrar este sentimiento a través del diario, de la música y del suicida intento radiofónico de buscar una solución para la juventud que no encuentra lugares “free” en los que reunirse y dar rienda suelta a sus inquietudes.

El problema principal de la novela, a mi juicio, es la inverosimilitud del monólogo que pone en pie la autora. A pesar de intercalar giros coloquiales, interjecciones y expresiones jergales –no en exceso, es verdad, y se agradece-, es la psique de la protagonista la que no cuaja y ello principalmente por incluir trozos de vida real; es decir, el pacto narrativo consiste en aceptar como válido las reflexiones “elevadas” de la adolescente, que sí tienen vía de licitud en el marco de un monólogo puro, pero no cuando se mezclan con diálogos o segmentos narrativos más o menos reales o con esas expresiones antes citadas.

Aun así, es una lectura agradable, amena en ciertos momentos, que pone en pie valientemente el personaje de una chica rebelde en el contexto de una juventud adocenada y "atarugada". Los referentes musicales son de agradecer, aunque más de uno echará en falta algún que otro nombre de aquellos cantantes que ponen toda su alma radical en las canciones.

Belén Gopegui: Deseo de ser punk. Anagrama. Barcelona. 2009.