RESEÑAS ANTIGUAS (V): Miguel Hernández, rústico, pero no tanto

Author: Hutch / Etiquetas: , ,


En el año en el que se celebra, con todo fasto, el aniversario del nacimiento de Miguel Hernández, recupero esta reseña publicada en la revista Enlace el año 2002.


A los sesenta años de su penosa muerte en la cárcel de Alicante, la talla vital y literaria del poeta de Orihuela sigue creciendo. Compañero de viaje de la generación del 27, el poeta-pastor tuvo una vida difícil derivada de sus humildes orígenes y una andadura literaria marcada, al principio, por la amistad con su condiscípulo Ramón Sijé y, posteriormente, por los “hermanos mayores” de la citada generación del 27 y por el magisterio de Pablo Neruda. Víctima de la guerra civil y de la represión franquista, su figura fue al principio de la posguerra evitada, para más tarde ser recuperada por su valor de lucha y compromiso, aunque se le llenara de tópicos injustos que ahora la biografía de José Luis Ferris trata de aclarar.

Miguel Hernández nació en Orihuela (Alicante) en 1910 en el seno de una familia humilde, pero con un negocio de ganadería bastante próspero, que le permitió recibir una educación mucho más amplia de lo que se ha querido ver. El tópico, fomentado por el propio poeta, del joven ignorante que cuida las cabras de la familia mientras escribe versos es del todo falsa. Miguel fue a la escuela ya desde edad preescolar y llegó incluso casi a terminar el bachiller, al mismo tiempo que formó parte de una pequeña peña de amigos escritores que fomentaba la literatura; entre ellos hay que destacar a Ramón Sijé, quien influyó decisivamente en los inicios literarios de nuestro poeta aconsejándole e instruyéndole dentro de un marco de pensamiento fuertemente reaccionario y católico y poniéndole en contacto con el mundillo cultural oriolano y madrileño. Pero mientras Sijé se encontraba cómodo en Orihuela, Miguel se asfixiaba en ese ambiente provinciano y decidió probar fortuna en Madrid.

Los primeros intentos de ganarse la vida con la literatura en la capital fracasaron estrepitosamente y le llevaron a pasar unos meses de vida miserable y andrajosa; pero al final logró abrirse camino, trabando conocimiento con lo más granado de la rica cultura madrileña de la época (los poetas del 27, especialmente) y llegó a tener relaciones amorosas con la pintora Maruja Mallo, miembro de la famosa escuela pictórica de Vallecas. Madrid le abrió las puertas al poeta-pastor: su figura rústica llamaba la atención, pero allí consiguió al fin librarse de la ideología de Sijé y sacar a la luz sus comprometidas tendencias sociales. En Madrid publicó sus mejores versos, entre los que destacan los poemas amorosos del libro El rayo que no cesa. Su evolución literaria está marcada por la del 27, de manera que en pocos años recorrió las distintas tendencias por las que esos poetas mayores habían discurrido. Su poesía llama la atención por el torrente emocional y vital que descarga, pero “está envasada en formas rigurosas que le permiten huir de la facilidad”, como afirma F. Lázaro Carreter. El estallido de la guerra civil sirvió para que Miguel pusiera su brazo y su poesía al servicio de la República en el frente de batalla; tratando de huir a Portugal a la finalización de la contienda, fue apresado y encerrado en varias cárceles, donde sufrió un agravamiento de su enfermedad tuberculosa, que le llevó a la muerte con treinta y dos años.

La biografía de Ferris, además de eliminar la imagen del poeta-pastor, pone de manifiesto otros aspectos importantes: que la destinataria de la mayoría de los poemas de amor de El rayo que no cesa no era, como se pensaba, Josefina Manresa, su mujer, sino la citada pintora Maruja Mallo; la enemistad visceral de los poetas señoritos del 27, Lorca y Cernuda, por ejemplo, que no soportaban las maneras poco cuidadas y arrogantes de Miguel; la falta de ayuda de las autoridades eclesiásticas alicantinas para librarle de la muerte o su compromiso total con los soldados durante la guerra. Además, es un biografía muy bien documentada, complementada con un repertorio epistolar, y escrita con la pasión y la emoción que el propio Miguel Hernández puso en todas las facetas de su corta pero intensa vida.

José Luis Ferris: Miguel Hernández, pasiones, cárcel y muerte de un poeta. Temas de Hoy. Madrid, 2002.

11 comentarios:

Carlos Galeon dijo...

Es - probablemente - el más comprometido socialmente de todos los poetas de su generación, sin perder por ello su lirismo.
"EL RAYO QUE NO CESA" y "VIENTO DEL PUEBLO"son clara muestra de ello. Me alegro que se le haga justicia con una buena biografía.

Suntzu dijo...

He de admitir que yo era de las de la visión idealizada del pastor de cabras y poeta. Me alegro de haber leído tu entrada. Otra lectura más para la cola.

Saludos.

Angelus dijo...

Carlos Galeón, creo que justicia tiene de sobra, la biografía lo que hace es desmontar algunos mitos del poeta alicantino. Gracias por el comentario y bienvenido al blog.

Suntzu, yo también, en mi buena época como profesor, enseñaba ese aspecto de Miguel Hernández. La biografía es apasionante de leer, pero así hay tantos libros... Saludos.

Rafael C. Santizo dijo...

... con zumo de clavel...

Angelus dijo...

Rafael C. Santizo, "... compañero del alma, compañero".
Saludos.

Vivian dijo...

Interesantísimo artículo sobre un poeta que merece reconocimiento más allá de su trágica muerte, por sus poemas y su lucha.

He de reconocer que yo también pensaba que había sido autodidacta y que a penas había cursado estudios, me gustó conocer la historia real gracias a tu entrada.

Por cierto, me gustaría, ya que has escrito sobre él, que nos comentaras alguno de sus poemas que se encuentre entre los que más te gusten a ti.

Saludos

Anónimo dijo...

Me ha gustado esta entrada porque, dentro de mi ignorancia poética, y de los escasos recuerdos que tengo de cuando estudié a Miguel Hernández hace ya más de 25 años en BUP, con tu respuesta a Rafael C.Santizo me has dado la pista adecuada para ubicar a este poeta y ha sido, como no podría ser de otra forma en mi, gracias al recuerdo de una canción que comencé a oir muchos años antes del grupo Jarcha, influenciado por un hermano mío; ¡Qué gran cinta! (Entonces sólo unos pocos privilegiados tenían tocadiscos...)
No sé si la conocerás, pero para que veas que he aprovechado tus clases de navegación musical en internet, ahí tienes un enlace de la canción por si te apetece escucharla. Ya me dirás qué te parece; (por supuesto, todos tus lectores pueden oirla y opinar)
Un abrazo

http://www.goear.com/listen/1b34a27/elegía-a-ramón-sijé-jarcha

Ibán dijo...

Me trae grandes recuerdos de infancia hablar de Delibes, mi padre me lo leía cuando era chico...

Angelus dijo...

Vivian, gracias por tus palabras. De Miguel Hernández me quedo con "Elegía a Ramón Sijé", "Nanas a la cebolla" y algún soneto de "El rayo que no cesa", es decir, lo típico, lo que figuraría en cualquier antología. Saludos.

Anónimo, gracias también. Jarcha y Serrat hicieron mucho, y éste último lo sigue haciendo con un nuevo disco dedicado a MH, por la popularidad de la poesía española. ¿Recuerdas cuando A. García Aller nos llevó a la sala de audiciones para escuchar el "Cántico espiritual" de San Juan de la Cruz interpretado por Amancio Prada? Estoy en Valladolid por cuestiones hospitalarias. Saludos.

Ibán, no entiendo muy bien tu comentario. ¿Delibes?

Licantropunk dijo...

El poeta paleto. Al público le llega lo que le dan: la imagen tópica es la de Miguel Hernández cuidando ovejas y a la vez, sentado en una piedra, con un lápiz y un papel, componiendo rimas. Pero en la propia entrada se denomina a Lorca y Cernuda "poetas señoritos": adjetivos que pulen aristas, que simplifican personalidades, las de los poetas, que deben ser complejas por necesidad.
Saludos

Angelus dijo...

Licantropunk, acertada observación, aunque con esa expresión sólo reproducía las palabras del biógrafo, debería haberlas entrecomillado. Saludos.