Un haiku descreído para el fin de año

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Dudan los pavos
de una fe de cuchillo
y tenedor.

FELICES FIESTAS / WESOŁYCH SWIĄT

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Ha nacido
¿Quién nació?
Quién va a ser: quien era y es.
¿Dónde ocurrió?
Naveguemos
por Internet.
Triple W. Punto. Arroba.
Punto. Com. Portabelén.
Ángeles. Pastores. Magos.
María. Arroba. José.
Y la tibieza del heno
la Mula, el Buey,
la estrella errante y su orquesta
de estrellas – sol fa mi re -,
y el almendro que no sabe
que es diciembre…
¿Pero quién
es la luz, la flor desnuda
que ríe en Portabelén?
Es quien es.
¡Quién iba a ser!

José Hierro

Reivindicación de Leopoldo Panero en Sevilla

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Como ya dije en la entrada del 8 de diciembre, se ha celebrado el pasado día 14 en Sevilla un acto de homenaje  a Leopoldo Panero en su aniversario. El Centro Cívico "El Tejar del Mellizo" se convirtió, más que nada, en un espacio para la revancha y la reivindicación de los escritores franquistas: el mismo centro había sido objeto de una alevosía cuando la delegada de Participación Ciudadana del Ayuntamiento denegó el 6 de octubre ese local para un acto similar dedicado a Agustín de Foxá, alegando la vinculación del escritor madrileño con la ultraderecha. Para esta ocasión, afortunadamente se rectificó y esto fue motivo de recuerdo por el ponente y el presentador. El acto comenzó con unas palabras del poeta sevillano Aquilino Duque pronunciadas por Javier Compás (asociación Cultural ADEMAN) y la charla estuvo a cargo del escritor peruano afincado en Sevilla Fernando Iwasaki.

Iwasaki no aportó, según mi opinión, ninguna novedad en el análisis de la poesía de Panero, sin embargo, su dicción fue maravillosa, se nota oficio en estos quehaceres al hispanoamericano y recitando poesía esto es fundamental. Se centró, Iwasaki, en la vinculación entre Panero y su paisano César Vallejo, más bien en la filiación del leonés respecto al peruano; me pareció que la relación estaba traída por los pelos e intentaba, sobre todo, compensar la imagan ideológica de Panero con referencias izquierdistas; en este sentido, también se recordaron sus veleidades comunistas juveniles, su casi fusilamiento por las tropas nacionales al comienzo de la guerra civil y la relación que mantuvo en Londres, ya asentado en el régimen franquista, con Luis Cernuda. Me parece que esto responde a un complejo ideológico: Panero fue de derechas, sí, ¿y qué?, su poesía se centra en motivos clásico-tradicionales (familia, paisaje y Dios), sí, ¿y qué? Creo que no es necesario  compensarlo con otros elementos contrarios porque en sí mismo no tiene nada de negativo. Me gustó, sin embargo, la seriedad que se le dio al acto (no quiero recordar lo que supuso un encuentro literario dedicado a Stanisław Lem no hace mucho en Sevilla). Fue muy agradable, en definitiva, recordar a Panero y percibir que todavía hay lectores interesados en este gran poeta.

2010 será el año de Miguel Hernández. Le dedicaré alguna entrada a buen seguro, sin embargo, me duele que el recuerdo de Panero no haya supuesto ni siquiera una sombra de lo que parece que se va a convertir el año del malogrado poeta alicantino, ¡si hasta una etapa de la vuelta ciclista empezará en Orihuela en su honor! Los dos eran coétanos, miembros de la misma generación y Leopoldo Panero no es inferior a Miguel Hernández (¿se me permite decir que lo contrario?).

Armas Marcelo con Adam Michnik y demás polacos.

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No es santo de mi devoción, pero el comienzo de este artículo de J.J. Armas Marcelo en el ABC del pasado día 5 me resultó especialmente impactante. Aparte de la referencia a los polacos en general, se citan dos personajes claves de la cultura polaca: el Nobel de literatura Czesław Miłosz y Adam Michnik, nombre fundamental del periodismo europeo. Más allá de datos culinarios y alcohólicos que algunos consideran necesarios (más bien diría yo, tópicos), el artículo creo que es interesante para todos los que tengan inquietud por Polonia. Copio y pego.

Wat, un gigante polaco

No se les tiene muy en cuenta, pero los polacos son cruciales en la Historia de Europa y del mundo. Política e intelectualmente. Ahora tenemos ocasión de leer en español, gracias a Acantilado, el libro de conversaciones de Aleksander Wat con Czeslaw Milosz, Mi siglo, un monumento de sabiduría, inteligencia, memoria del mundo, debate de ideas; una obra que puede leerse como un libro de Historia o de memorias, un volumen de relatos, una novela abierta, un ensayo interminable y riquísimo, una punta de lanza en el corazón del siglo XX, la guerra, la paz, el talento, la estética, la ética y, al fin y al cabo, la literatura y su culminación, la poesía. Porque Wat es un poeta comprometido que lucha en la vanguardia del arte y al que el siglo XX le duele más allá del pecho, en el cerebro enfermo que lo llevó al suicidio en París, a mediados de los 60.

Vino Adam Michnik a Madrid a presentar Mi siglo y pasamos doce horas en febril actividad Jaume Vall-corba, Joanna Karasek, Mercedes Monmany y yo. Michnik (se lo dije) se me pareció al más brillante de «los» Padilla que yo conocí: discutidor, lúcido, bebedor inteligentísimo, polaco hasta los tuétanos y europeísta. Nos deslumbró con su exégesis sobre Wat, sobre su pensamiento y su vida. Y por ahí empezamos, para recalar en el muro de Berlín, la Unión Soviética, China, el comunismo («son los jesuitas de la izquierda», le dije, y me dio su aprobación, con matices), la Revolución cubana, los Castro, Guevara, Wojtyla, Ratzinger, Adolfo Suárez, Aznar, Felipe González, el mundo entero, el demonio suelto y la carne siempre viva.

Fue un día de extraordinaria riqueza el que nos regaló Michnik, fumador empedernido. Después del almuerzo en el Balzac, nos fuimos al Instituto Polaco en Madrid y Joanna Karasek, la anfitriona, nos dio «argumentos» para seguir cómodamente sentados y hablando sobre todo. Mientras me tomaba un vaso de Chivas seco, Michnik se bebió dos copazos de Cardenal Mendoza y contó el «duelo» que tuvo con Arzalluz hace años. El vasco, jesuita al fin y al cabo, porfiaba con el polaco. Sostenía que ¡Hemingway había escrito un libro sobre Polonia! Michnik se lo negó una y otra vez, hasta que, horas más tarde, el polaco le dijo que no había sido Hemingway, sino tal vez Michelet. «¡Ese, ese!», dijo Arzalluz. «No es lo mismo soplar que hacer botellas», apostillé. Arzalluz le trajo en media hora a Michnik las dos botellas de Cardenal Mendoza que se habían apostado, y santo remedio. A Wat le habría gustado la anécdota y la habría incorporado a Mi siglo, donde le recuerda a Milosz, entre otras cosas, que Bertolt Brecht dice que todos los supervivientes son unos canallas, «empezando por él mismo» (dice Wat de Brecht). En esa afirmación hay mucho de verdad. No es lo mismo un resistente que un superviviente. El resistente lo es en ética y estética, el superviviente tiene que demostrar su inocencia con una radiografía más limpia que una patena. Y me temo que entre los supervivientes hay mucho cómplice de la canallada a la que se sobrevive.

Michnik contó que su padre pasó un tiempo en la cárcel por comunista y que él lo había pasado por anticomunista. La vida es así cuando continúa. Un día le preguntó a su padre lo mismo que se preguntaba Wat a sí mismo: «¿Por qué llegaste a ese punto?». «Por fe», contestó su padre. Michnik es anticomunista, pero no de esos que son anticomunistas idiotas; no le gusta el capitalismo, pero tiene confianza en que las cosas en el capitalismo mejoran y en el comunismo siempre empeoran. «El comunismo apela a lo mejor del ser humano y, al final, saca lo peor de cada uno de nosotros», nos dijo.

Al final de la noche, cordero asado de La Tahona, ensalada, mucho vino, whisky, amistad, feeling del bueno, risas. Nos habíamos conocido sólo unas horas antes y ya éramos amigos de casi toda la vida. Nunca es tarde para conocer a la gente necesaria. Nunca es tarde, entonces, para leer a Wat en Mi siglo, una enciclopedia que hay que agradecer a otro poeta, Czeslaw Milosz, sin el que el libro nunca hubiera sido escrito y nunca hubiera llegado a nuestras manos, gracias a Vallcorba y a Adam Michnik. Nos veremos en Varsovia.


Se termina el año Panero

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El pasado 17 de octubre Leopoldo Panero hubiera cumplido 100 años. No quiero que termine al año sin recordar nuevamente al poeta leonés. Las conmemoraciones del aniversario han brillado por su ausencia: un documental que no sé cuándo llegará a las pantallas, un acto aquí en Sevilla el próximo día 14 al que intentaré asitir y poco más, que yo sepa. Ya dediqué varias entradas a un poema póstumo suyo, y ahora quiero volver a traerlo al blog para que su recuerdo no caiga en el olvido sepultado, entre otras razones, por la fama de sus hijos. Para ello, dejo y comento brevemente otro texto.

Se trata de un poema de amor a la amada, pero también de despedida, "hasta mañana". La vida de la mujer amada se va poco a poco disolviendo, con la llegada de la noche, en sonidos y gestos. El mundo natural reclama entonces su presencia: "mieses, espigas, palomas, viento, lluvia, trigal..." aparecen en el poema como símiles de la pérdida de consciencia de la mujer amada, pero le sirven al poeta también para recuperar porciones de vida que el sueño le está hurtando. Y entonces llega el adiós final: el de la muerte, porque el sueño prefigura y anticipa el instante definitivo. Del amor a la muerte con el tránsito por medio del sueño, que pone una nota de temor en el sujeto poético: la muerte le arrebatará a la amada al igual que el sueño le priva de ella hasta el nuevo día. Sin embargo, ese paso se hará "dulcemente" en una "senda pura", porque nuevamente para Panero la muerte no es la enemiga, sino que se une a la vida en un continuo indivisible.

Hasta mañana dices, y tu voz
se apaga y se desprende
como la nieve. Lejos, poco a poco,
va cayendo, y se duerme,
tu corazón cansado,
donde el mañana está. Como otras veces,
hasta mañana dices, y te pliegas
al mañana en que crees,
como el viento a la lluvia,
como la luz a las movibles mieses.
Hasta mañana, piensas; y tus ojos
cierras hasta mañana, y ensombreces,
y guardas. Tus dos brazos
cruzas, y el peso leve levantas, de tu pecho confiado.
Tras la penumbra de tu carne crece
la luz intacta de la orilla. Vuela
una paloma sola y pasa tenue
la luna acariciando las espigas
lejanas. Se oyen trenes
hundidos en la noche, entre el silencio
de las encinas y el trigal que vuelve
con la brisa. Te vas siempre
hasta mañana, lejos. Tu sonrisa
se va durmiendo mientras Dios la mece
en tus labios, lo mismo
que el tallo de una flor en la corriente;
mientras se queda ciega tu hermosura
como el viento al rodar sobre la nieve;
mientras te vas hasta mañana, dulcemente
por esa senda pura que, algún día,
te llevará dormida hacia la muerte.