Delicatessen musical en el Camino de Santiago

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Como contraste al concierto de Klezmática Trío, otro en el que estuve en el mes de julio: el Amsterdam Baroque Choir dirigido por Ton Koopman. Tenía grandes expectativas al respecto porque tengo un disco de este director con los Conciertos de Brandenburgo y realiza una versión, desde mi punto de vista, excelente. El concierto no defraudó: armonía exquisita, profesionalidad, entrega y simpatía. ¡Ah! y al comienzo el presentador advirtió al público de que reservase las ovaciones sólo para el final de la actuación. El marco también excelente: la iglesia románica de Villalcázar de Sirga en Palencia (¡vaya pedazo de retablo!). Dejo un vídeo, que, aunque no es de la actuación en sí misma ni del repertorio que ofrecieron, sí que da una idea del buen hacer del coro y su director.

VARSOVIA BOMBARDEADA: 8 DE AGOSTO DE 2009

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El pasado 8 de agosto Varsovia recibió un bombardeo... de poemas. Iniciativa interesante donde las haya, de la que Abel Murcia en su blog http://altrasluz1.blogspot.com/, ha dado cuenta durante varias entradas. Dejo el vídeo que los organizadores grabaron para el evento:




LA MÚSICA FESTIVO JUDÍA DE KLEZMÁTICA TRÍO

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El 24 de julio pasado asistí en el bonito castillo de Portillo (Valladolid) a un concierto del grupo de música folk Klezmática Trío. Se anunciaba como música judía del este de Europa y estaba formado por dos polacos (violín/viola y contrabajo) y un español (acordeón). En su página web, el violín o viola titular corresponde a un español, ignoro el porqué del cambio en la formación, en todo caso, durante el concierto no se nos informó al respecto. No tocaron mal, pero nuevamente presencié un sarao de los que tan poco me gustan.

Hay un excelente grupo polaco llamado Kroke -Cracovia en yiddish-. En alguna de mis entradas lo he citado o he incluido alguna canción suya. Empezaron como trío, haciendo música klezmer; esta expresión hace referencia al folklore de las comunidades judías asquenazíes del centro y este de Europa: la banda sonora de “El violinista en el tejado” puede dar una ligera idea de sus características. Su música ha triunfado, relativamente, en buena parte de Europa gracias al espaldarazo recibido por el violinista Nigel Kennedy, quien grabó con ellos esa maravilla llamada “East meats east” (en la estela también del klezmer). La formación y el repertorio han ido evolucionado hacia el cuarteto y la música “ambient”/jazz/minimalismo sin perder nunca el norte del klezmer. Aún no los he visto en directo, ni en Polonia, ni en España, y es una asignatura que tengo pendiente, a ver si en alguna de sus giras por España, no tan raras, se acercan por Sevilla.

El concierto de Portillo prometía, pues, un acercamiento a Kroke. Klezmática, debo decirlo, imita (en término suave) a Kroke: misma formación e instrumentos, igual vestimenta (salvo los sombreros) y la mitad de las canciones del concierto las conocía por Kroke; sin embargo, en ningún momento, los miembros del trío hicieron referencia a Kroke, que creo que son su referencia fundamental, incluso diría que su razón de existencia. Y ello no sucedió porque el grupo no se dirigiera al público, ya que, sorprendentemente, sí que lo hicieron por medio del contrabajo polaco que fue presentando las canciones. Y aquí es donde me quiero detener, para justificar el título de la entrada.

Me gustan los conciertos en los que los protagonistas se dirigen al público, presentan las canciones o incluso bromean de vez en cuando, pero sin pasarse de la raya. Desde mi punto de vista, el polaco cometió un error de bulto en su intento de caer bien al público: en su primera intervención comentó que algunas canciones suyas eran para meditar y otras para divertirse y dar palmas; una vez que el público escuchó esto, ya cualquier canción o parte de ella era motivo para las dichosas palmas, jaleado esto por el propio grupo. Y ahora me pregunto: ¿la música tradicional judía puede ser motivo para la verbena permanente y el jolgorio? Dice C. Sandford en su libro sobre Polanski (mi última entrada) que no hay nada más triste que un libro de memorias de un polaco, y yo completo: de un judío polaco. Todos sabemos la difícil vida del pueblo de Israel: persecuciones, inexistencia como Estado, pogromos..., a pesar de ello, a lo largo de los siglos han mantenido su cultura y religión; la música klezmer da cuenta de todo esto. No quiere decir que sea toda ella triste y para echarse a llorar: las fiestas o bodas dar lugar a bellas y alegres canciones judías, pero hay un fondo de amargura en la música klezmer que no es más que reflejo de la historia de su pueblo. Por tanto, hacer una verbena de un concierto klezmer es un poco incongruente. Además, nunca me ha gustado asistir a un concierto para escuchar las palmas del público que me rodea.

Debo repetir que los músicos no tocaron mal, que fue agradable recordar las canciones de Kroke y que el castillo de Portillo es un magnífico escenario, pero no salí con buen sabor de boca del evento. Otro comentario del contrabajista, identificando la lengua hebrea con el yiddish, no pasó de ser una anécdota torpe. En fin, ya presencié un sarao literario en Sevilla, del que hice una entrada en el blog y he vuelto a asistir a otro sarao en mi tierra. Lo del “buen rollo” parece que no conoce regiones ni fronteras. ¡Qué lástima!