FOTOS DE ELI (III)

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CAMPOS ATARDECIDOS

El poniente de pie como un Arcángel
tiranizó el camino.
La soledad poblada como un sueño
se ha remansado alrededor del pueblo.
Los cencerros recogen la tristeza
dispersa de la tarde. La luna nueva
es una vocecita desde el cielo.
Según va anocheciendo
vuelve a ser campo el pueblo.

El poniente que no se cicatriza
aún le duele a la tarde.
Los trémulos colores se guarecen
en las entrañas de las cosas.
En el dormitorio vacío
la noche cerrará los espejos.

Jorge Luis Borges

HAIKUMANÍA

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En la entrada del 13 de febrero di, sin darme cuenta, el pistoletazo de salida para algo que se me ocurrió tras la lectura de la traducción de un haiku polaco: el encadenado de haikus. Lejos de quedarse el intento en esa entrada, la idea parece que tuvo éxito y por medio del grupo de trabajo que tenemos en el Centro, algunos compañeros decidimos hacer una cadena de haikus para dinamizar la página web del instituto; el resultado final fue de 24 poemas; ahora me decido por publicar en el blog alguno de ellos; los que están en cursiva son míos.

Sólo me resta dar las gracias a los compañeros que hicimos esta cadena: Alberto, Antonio, Juan, David, Menchu, Rosa y a aquellos que, sin atraverse a componerlos, nos animaron en el empeño. He aquí el humilde resultado -con la selección, alguno ha perdido el encadenado, es decir, la palabra del haiku anterior en el que se inspiraba-:

Grieta en la noche,
la luna palidece;
despunta el alba.

Muerta la luna,
el horizonte pare
al sol radiante.

Llegó el día
trayendo la mañana;
huele a café.

Con tus cabellos
acaricias mis ojos
llenos de besos.

En la indigencia
de tu cuerpo desnudo
besos son sueños.

Tu cuerpo blanco
incendia mi memoria
bajo la luna.

En esta tarde
que no me miras, brillan
también tus ojos.

Las cruces marcan
el territorio muerto
de la memoria.

Entro en el aula,
estéril territorio,
termina el sueño.

Mayo se asoma:
las ventanas presagian
soles maduros.

Tierra de Campos:
presagias soledad
cual mar ausente.

Campos celestes,
inundados de estrellas,
cubren los sueños.

Cruzo el umbral.
Mi destino se cumple
definitivo.

¡Qué sin razón!
No existe más destino;
de sofá cambias.

El sofá guarda
la forma de tu cuerpo:
bello recuerdo.

Tiempo acabado.
Vigilante el recuerdo
sabe encontrarte.

Y me despido
encadenando haikus;
pasó mi tiempo.


DÍA DEL ESPAÑOL EN CRACOVIA

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El programa de RNE "No es un día cualquiera" viajó a Polonia, al Instituto Cervantes de Cracovia, para celebrar el pasado 20 de junio el día del español. Un día muy tímido, dicho sea de paso, porque apenas tuvo repercusión en las medios de difusión.

Dejo la entrevista que les hizo la presentadora a Abel Murcia y Tomasz Pindel.


SÓLO QUEDAN TRES HOMBRES SIN PIEDAD

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Era por 1973 y TVE emitía en el espacio teatral Estudio 1 la obra de Sidney Lumet 12 Angry Man, premiada en el Festival de Berlín y nominada a los Óscars, con el título de Doce hombres sin piedad; con ella, Estudio 1 lograba uno de sus éxitos más rotundos, en un camino jalonado por la puesta en escena de las más importantes obras de la historia del teatro en casi 20 años de duración.

12 Angry man fue la primera incursión de Sidney Lumet en el cine; basada en una obra de teatro de Reginald Rose, sitúa a los doce miembros de un jurado en la situación límite del encerramiento en una pequeña sala, con un calor sofocante y con la espada de Damocles de una decisión sobre una condena por asesinato. Con el paso de los minutos, cada uno va poniendo de manifiesto su carácter, y con él surgen las discusiones, amenazas, filias, traumas personales y relaciones de dominio y sometimiento. El jurado número 8, Henry Fonda, el supuesto "bueno” de la película, logra llevarse el gato al agua y evitar la pena máxima tras ir desmontando uno a uno los frágiles argumentos del fiscal y de cada uno de sus compañeros, sin embargo, el espectador no puede dejar de pensar que ha asistido nada más que a un juego de roles, en el que quien tenía el carácter más fuerte ha sabido imponerse a los demás con habilidad y dominio.

La versión de TVE mantiene la ambientación americana, el guión y la puesta en escena (a pesar de que por aquellas fechas las deliberaciones de un jurado eran algo ajeno a la sociedad española); la razón del éxito está en la elección de los actores, el reparto quita el hipo: José Bódalo, Manuel Alexandre, José María Rodero, Ismael Merlo, Rafael Alonso, Carlos Lemos, Antonio Casal, Luis Prendes, Pedro Osinaga, Jesús Puente y Sancho Gracia (quizá este último desentone un poco). Actores “made in Spain”, forjados en el teatro, sin el glamour de un Henry Fonda, un poco paletos, si se quiere, pero sencillos, creíbles en su humildad, sin los aspavientos a los que estamos acostumbrados en las últimas hornadas de actores. Protagonistas de una época dorada del teatro, de la televisión, sí también del cine, a pesar de no contar todavía con los premios internacionales que ahora adornan la cinematografía hispana. Actores sin más, en una época "preceja".

Pues bien, el pasado día 15 murió uno de ellos, Fernando Delgado, protagonista además de la primera obra de Estudio 1, La rosa de los vientos. Con su desaparición, sólo quedan vivos tres hombres sin piedad: Pedro Osinaga, Sancho Gracia y Manuel Alexandre.

ADAM ZAGAJEWSKI EN LA CARRERA DEL NOBEL

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Parece que su nombre empieza a sonar fuerte en los mentideros culturales como futuro premio Nobel de Literatura. Hay una baza que juega en contra del escritor polaco y es la concesión en 1996 de este galardón a su compatriota Wisława Szymborska. Aunque los designios de los académicos suecos son inescrutables, el nombre de Adam Zagajewski es internacionalmente reconocido gracias a importantes premios recibidos en Francia y Alemania. En español se cuenta ya con bastantes traducciones de su obra en prosa y verso gracias a las editoriales Pre-Textos y Acantilado, por lo que un futurible galardón de la Academia sueca no nos debería pillar desprevenidos, como sí sucedió en el caso de Szymborska.

Un somero repaso biográfico del autor nos conduce a una vida nómada. Nacido en Lvov, actual Ucrania, pero en su momento parte de Polonia, tras la II Guerra Mundial y la “patada geográfica” que se le dio a las fronteras polacas de este a oeste, fue trasladado junto a su familia a Silesia, territorio ganado a los alemanes en la misma medida que Polonia perdió sus límites orientales en favor en aquel momento de la URSS. Ya de joven se trasladó a Cracovia, donde estudió Filosofía y Filología y empezó a ejercer como escritor. El opresivo ambiente comunista le llevó a Francia donde emigró, para posteriormente asentarse en Houston como profesor universitario. En 2002 retorna a Cracovia, tras confirmarse el asentamiento de la democracia en los países del Este y el derrumbe definitivo del telón de acero. Adam Zagajewski es poeta, novelista, ensayista y traductor; su obra poética escogida ha figurado durante bastante tiempo como libro más vendido de dicho género en nuestro país.

He leído recientemente dos dietarios suyos, “En la belleza ajena” y “Dos ciudades” (2003 y 2006, respectivamente). Los dietarios no son un género ensayístico muy de mi agrado. Prefiero los libros de memorias: la coherencia y homogeneidad de una vida contada, frente a la dispersión del “escribo lo que me parece” en la que se convierten, en general, estos textos; en este sentido, ambos libros, especialmente el primero, no son una excepción. El autor mezcla de todo: descripciones de las ciudades de Lvov -el paraíso perdido- y Glivice -fea ciudad industrial-, recuerdos de su vida estudiantil en Cracovia, reflexiones sobre la poesía, notas sobre escritores preferidos u obras musicales, colección de aforismos, etc. Sin duda, lo mejor de estos libros son esos fragmentos autobiográficos en los que da cuenta de su ciudad natal, Lvov (cuna también de Stanisław Lem) y de su juventud cracoviana. Es aquí donde se perciben las grandes dotes narrativas del autor y la calidad poética de su prosa.

Me gusta especialmente “En la belleza ajena”, cuando se centra en Cracovia. Algo tendrá esta ciudad que le hizo afirmar a nuestro José Hierro que en su vida había tres ciudades predilectas: Venecia, Nueva York y… Cracovia. La relación que mantiene Zagajewski con ella es de amor-odio: “Ésta es una hermosa ciudad. Esta ciudad no es hermosa. Ligera como el Renacimiento y pesada como el plomo”. El escritor se sentía atraído por Cracovia: su belleza monumental, el ambiente cultural y el peso histórico- cultural de la ciudad eran bazas más que suficientes para fascinar a un escritor joven y provinciano como él; lo que le repelía a Zagajewski era el lastre del comunismo sobre la ciudad: los grises edificios de nueva construcción, la falta de libertad intelectual y el partidismo en la enseñanza universitaria; a estos elementos negativos une la amargura invernal, aspecto este del que toda Polonia en general no puede huir y que forma parte, para bien o para mal, de su idiosincrasia. Es en la descripción de los ambientes y las personas que conoció donde radica la amenidad y trascendencia del libro: impagable el fragmento en el que cuenta las veladas dialécticas entre un joven y simpático cura y un tío suyo, profesor universitario y agnóstico, en torno a la existencia de Dios -con el paso de los años, el profesor se convirtió por influjo de ese joven cura llamado Karol Wojtyła.

Cuando el autor se adentra por el camino oscuro de las reflexiones, digresiones filosóficas, aforismos, ocurrencias… los libros pierden peso, o mejor dicho, lo ganan en favor de una insufrible pesadez intelectual y narrativa. Lástima que Adam Zagajewski no se decidiera por escribir unas memorias canónicas, una autobiografía en definitiva, que nos hubiera dado cuenta de una vida, sin duda, atractiva por su diversidad; de esta manera, deja al lector, lamentablemente, con la miel en los labios.


FOTOS DE ELI (II)

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LA TIERRA

¡Oh, tierra! Tierra, campos, rosas,
rosales de tierra desgarrada:
de tierra de silencio y de amargura
abierta a los puñales y los besos.

Aquí quiero cantar, sobre tu pecho,
la inmensa soledad de tus llanuras,
el oro calcinado de tu trigo,
la noche de tu sombra y de tu pelo
salvajemente ardiente.

Quiero llorar por tus montes violetas,
por tus vientos helados, por tus surcos
sembrados con metales y con huesos;
porque pareces el fondo de un océano,
colmado de naufragios.

¡Oh, tierra! Tierra mía, tierra antigua,
durísima y paterna.

Juan Eduardo Cirlot