DE SARAOS Y OTROS CUENTOS DE CIENCIA-FICCIÓN

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El pasado 14 de junio se inauguró la Feria del Libro de Sevilla. Una feria interesante por el número de casetas, pero rácana por la nómina de escritores presentes: Luis García Montero, Antonio Hernández, Ángeles Caso.. y pocos más.

El viernes 15 nos las prometíamos felices con el anuncio de una charla-coloquio sobre el escritor polaco de ciencia-ficción Stanisław Lem. Los invitados, patrocinados por la librería Laraña, los de la foto: Alejandro Luque, Ylia Topper y Luis Manuel Ruiz, de izquierda a derecha.

El evento resultó ser, como dicen por aquí, un sarao. Tras una búsqueda denodada de aparcamiento y una carrera no menos angustiosa en pos de la sala para llegar a la hora prevista (20.00), resultó que lo ponentes no tuvieron más ocurrencia que presentarse allí a las 20.25, y eso dos de ellos, porque el tercero hizo su espectacular ingreso a las 20.35. Eso sí, ni las azafatas (ni azafatos) que nos atendían, ni ellos mismos cuando tomaron asiento, dieron ninguna explicación ni disculpa por el retraso. Así que allí estábamos nosotros esperando la irrupción de los protagonistas y pensando si todo aquello no sería más que un juego de ciencia-ficción al más puro estilo Lem.

Inicado el evento, los comentarios sobre el escritor polaco giraron en tono a la capacidad humorística, la burla del comunismo y de la Iglesia que posee la novelística del escritor. He leído dos obras suyas: "Solaris" (inmensa) y las memorias "El castillo alto" (reseñadas en este blog en el mes de diciembre del año pasado). El humor está ausente en ambas, si bien la segunda es muy entretenida de leer. Parece ser que otras obras como "Diarios de las estrellas" y "Ciberiada" son un prodigio cómico; aunque no lo dude, creo que este aspecto se pude tratar con un enfoque más serio (valga la paradoja) y profundo que el que se hizo allí. Por la sala sonaron palabras del tenor de "cachondeo" y "empajillamiento", como si fueran lo más normal del mundo. Se intentó dar un toque festivo-lúdico que no me agradó en absoluto -quizá ya estaba mal predispuesto por la informalidad de los asistentes-. En este ambiente, la banda de un paso de Semana Santa que nos atronó a pocos metros, no resultó más que otro ingrediente más del sarao.

Con todo, lo más denigrante fueron las intervenciones del tal Ylia Topper: poseedor de un español macarrónico y casi incomprensible para un nativo, puedo asegurar que para un extranjero era irritante.

La "fiesta" terminó a las 21.00, afortunadamente con pocas intervenciones del exiguo público asistente. Nos quedó poco tiempo para visitar las casetas, aun así pudimos hacernos con el último tomo de Stieg Larsson.

Así fue mi estreno de la Feria del Libro 2009. Me gustaría haberlo contado diferente, pero los saraos no van conmigo.


MARIO BENEDETTI, ¿EL CIELO TAMBIÉN EXISTE?

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Ya es conocido de todos: ha muerto Mario Benedetti. Más allá de la disputa sin fin entre poetas de la experiencia y poetas del conocimiento, o de la innecesaria controversia surgida por las inocentes declaraciones de Gamoneda sobre el poeta uruguayo recientemente fallecido, creo que se trata de un tipo que caía bien: simpático, cercano, nada envarado, comprometido. Mario Benedetti es autor de una poesía accesible, apta para el gran público, sin que ello haya supuesto un excesivo recorte de exigencias estéticas o la claudicación del registro elevado que supuestamente se le exige a este género.

A la manera de Suntzu en su blog http://elrincondesuntzu.blogspot.com/, quiero rendirle un pequeño homenaje con un poema suyo que me es muy sensible, empezando por el mismo título.

ANGELUS

Quién me iba a decir que el destino era esto.

Ver la lluvia a través de letras invertidas,
un paredón con manchas que parecen prohombres,
el techo de los ómnibus brillantes como peces
y esa melancolía que impregna las bocinas.

Aquí no hay cielo,
aquí no hay horizonte.

Hay una mesa grande para todos los brazos
y una silla que gira cuando quiero escaparme.
Otro día se acaba y el destino era esto.

Es raro que uno tenga tiempo de verse triste:
siempre suena una orden, un teléfono, un timbre,
y, claro, está prohibido llorar sobre los libros
porque no queda bien que la tinta se corra.



LEOPOLDO PANERO: DE ENTRE LOS MUERTOS (II)

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MI LECTURA DEL POEMA

Un escalofrío recorre el cuerpo del lector cuando se enfrenta con este poema escrito, probablemente, el mismo año de su fallecimiento. La muerte y la vida eterna aparecen siempre en Panero en un marco cristiano muy generacional: “Porque sobre todo tienes un alma, / un soplo de palomas que anudas a mi muerte / una final resurrección que ya late a mi lado, / y que es imposible negarla”, que le permite invocar serenamente (imposible no recodar a Jorge Manrique) a la muerte como el inevitable paso hacia una vida más plena.

El poema elegido narra el encuentro frustrado del sujeto poético con la muerte y la esperanza gozosa de su llegada final; encuentro descrito con un vocabulario deliberadamente amoroso y cuasi nupcial: “tu delgada mano retiras de la mía”, “Ahora, como viudo de ella”, que personifica a la muerte y metaforiza positivamente su relación. Hay una estructura muy marcada que divide el poema en dos partes casi de la misma extensión; aunque no haya división estrófica, la transición entre ambas partes es visible externamente por puntos suspensivos. La primera parte es fundamentalmente narrativa; los tiempos verbales son los del pasado perfecto, en coherencia con la referencia temporal “esta noche”, y presentes descriptivos para el “Ahora” postencuentro. La segunda parte es una apóstrofe a la muerte ausente para que, parafraseando a Juan de la Cruz, “acabe de entregarse ya de veras” y supla las deficiencias del sujeto poético; el imperativo domina ahora y sirve como elemento ordenador de los versos.

El estilo del poema es voluntariamente sencillo y claro. Así, ya desde el principio, el autor menciona a los protagonistas del “relato” y el momento en que se producen los hechos (“La muerte”, “de mí”, “esta noche”); esta preocupación temporal se repite durante la primera parte y aparece subrayada por su colocación al comienzo de los versos en un deseo de ordenar el relato (“luego”, “Ahora”, “Hoy”); el sujeto poético en primera persona está resaltado en el segundo verso gracias al único encabalgamiento abrupto del poema. La principal figura literaria es la personificación de la muerte a través, sobre todo, de sus acciones, pero también de su cuerpo amoroso: esa “mano” (formante del verso 5 y que se repite casi íntegramente en el 25) y los “labios”, también repetidos; estas personificaciones dan el primordial aliento poético al texto. Soplo poético que no falta ya desde el principio, cuando, tras ese comienzo tan directo y prosaico antes referido, el autor en el verso segundo compara la llegada de la muerte con el viento y a sí mismo con las alas, palabra que se vuelve a repetir nuevamente hacia el final y que connota la libertad y elevación que desea el sujeto. Hay más repeticiones a lo largo del poema, dotándole del ritmo que carece a causa de estar escrito en verso libre: así, los imperativos de la segunda parte (que la convierten en una especie de petición-rezo) y la anáfora de los versos 12, 13 y 14, que, junto a otras expresiones, forman un campo semántico que define muy bien la situación del sujeto al verse rechazado por la muerte: “no se reveló, no movió, no tomó, no quiso, negado, viudo, hueco de su ausencia me duele, gran desdén, silencio”. En contraste con esto, la segunda parte es una afirmación de la muerte y su poder positivo: la metáfora del nido con connotación protectora (verso 16), la comparación de sí mismo con una golondrina (verso 17), expresiones como “dar más realidad, serenar, ayudar o tener paciencia” (versos 15 al 18). Las metáforas tópicas de la muerte como un viaje (“partir” y “camino”) y un paso para el más allá (“puerta”) completan el texto desde el punto de vista estilístico.

En conclusión, Panero nos da una visión subjetiva y deseante de la muerte, a través de un poema sencillo pero de altura poética y sabia estructura. Un poema en carne viva, que respira autenticidad: “no adornaba mis poemas con tu nombre” (verso 21). Imposible no poner epílogo con las propias palabras del poeta en forma de epitafio: “Ha muerto / (...) el poeta Leopoldo Panero, / (...) Que amó mucho, / bebió mucho, y ahora, / vendados sus ojos, / espera la resurrección de la carne / aquí, bajo esta piedra”.


LEOPOLDO PANERO: DE ENTRE LOS MUERTOS (I)

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De mi interés por la familia Panero ya he dado sobrada cuenta en las entradas del 14 de diciembre y 24 de enero. Quiero ahora centrarme en la figura del padre, el olvidado Leopoldo Panero.

En la actual sociedad española, tan fervientemente admiradora de la cultura "progre", el patriarca Panero no tiene cabida: no se le perdona el pasado franquista ni su poesía "arraigada". En cuanto a lo primero, se olvida su labor en Londres como artífice del retorno de exiliados, en cuanto a lo segundo, no sé por qué la poesía de inspiración clásica y temática tradicional ha de ser por fuerza peor que la pretendidamente social o vanguardista.

El leonés Andrés Trapiello ha intentado, creo infructuosamente, rescartarlo del limbo poético en el que permanece desde hace tiempo, y más cuando se hicieron públicas sus maldades familiares con el estreno de "El desencanto". Mi humilde aportación a esta operación nacida fracasada, soy consciente, es dedicarle a este gran poeta dos entradas. En la primera incluyo uno de sus mejores poemas, y en la segunda, reproduciré un comentario sobre el mismo que hace tiempo publiqué en una revista internauta ya fenecida.

¡Va por Ud., allá donde esté!

La muerte se ha acordado esta noche
de mí, como a las alas llega el viento.
Luego se ha detenido y me ha negado,
rechazando mi ser enteramente
y retirando su mano de la mía.
Ahora, como viudo de ella,
el hueco de su ausencia me duele
y su gran desdén, estoy seguro,
aún aletea en mi mirada
y se refleja en el silencio de mis párpados.
Hoy su soplo pasó a mi lado,
no se reveló, no movió ni una hoja,
no tomó en sus labios mi rostro
y no quiso interrumpir mi presencia o mi sombra.
... Llámame, dame más realidad en la tuya,
seréname en tu nido
como a la golondrina colgada,
y ayúdame al hablar, ten paciencia con mis palabras,
para que todas, en su día, respondan
de que yo no te llamaba en vano,
ni adornaba mis poemas con tu nombre,
con tu empezado, con tu besado reino, con tu decir, y no decir
y con tu sorpresa de labios atados.
No me importa partir, y tan sólo tú me retienes
y tu delgada mano retiras de la mía.
Afírmate en mi paso, sonríe;
y tu traje de alas me quitas haciéndome invisible
y el rocío por tus pies sacudido
es lo sólo que de ti reconozco.
Sé muy bien que no te merezco
pero invoco tu camino y tu puerta.


(Póstumo)


FOTOS DE ELI (I)

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El magnífico blog de Rubén, "linkeado" en el mío (no hace falta decir que lo recomiendo), construye sus entradas según una estructura que me agrada mucho: foto+texto literario+música. Me permito copiar esta manera de ordenar las entradas y, con el permiso implícito de Rubén, voy a dedicar algunos "posts" a fotos de palomares del novio de mi hermana, Eli.


PAISAJE

Vi
montes sin una flor, lápidas rojas,
pueblos
vacíos
y la sombra que baja. Pero hierve
la luz en los espinos. No comprendo. Sólo
veo belleza.
Desconfío.


Antonio Gamoneda "Blues castellano"