Armas Marcelo con Adam Michnik y demás polacos.

Author: Angelus / Etiquetas: , ,



No es santo de mi devoción, pero el comienzo de este artículo de J.J. Armas Marcelo en el ABC del pasado día 5 me resultó especialmente impactante. Aparte de la referencia a los polacos en general, se citan dos personajes claves de la cultura polaca: el Nobel de literatura Czesław Miłosz y Adam Michnik, nombre fundamental del periodismo europeo. Más allá de datos culinarios y alcohólicos que algunos consideran necesarios (más bien diría yo, tópicos), el artículo creo que es interesante para todos los que tengan inquietud por Polonia. Copio y pego.

Wat, un gigante polaco

No se les tiene muy en cuenta, pero los polacos son cruciales en la Historia de Europa y del mundo. Política e intelectualmente. Ahora tenemos ocasión de leer en español, gracias a Acantilado, el libro de conversaciones de Aleksander Wat con Czeslaw Milosz, Mi siglo, un monumento de sabiduría, inteligencia, memoria del mundo, debate de ideas; una obra que puede leerse como un libro de Historia o de memorias, un volumen de relatos, una novela abierta, un ensayo interminable y riquísimo, una punta de lanza en el corazón del siglo XX, la guerra, la paz, el talento, la estética, la ética y, al fin y al cabo, la literatura y su culminación, la poesía. Porque Wat es un poeta comprometido que lucha en la vanguardia del arte y al que el siglo XX le duele más allá del pecho, en el cerebro enfermo que lo llevó al suicidio en París, a mediados de los 60.

Vino Adam Michnik a Madrid a presentar Mi siglo y pasamos doce horas en febril actividad Jaume Vall-corba, Joanna Karasek, Mercedes Monmany y yo. Michnik (se lo dije) se me pareció al más brillante de «los» Padilla que yo conocí: discutidor, lúcido, bebedor inteligentísimo, polaco hasta los tuétanos y europeísta. Nos deslumbró con su exégesis sobre Wat, sobre su pensamiento y su vida. Y por ahí empezamos, para recalar en el muro de Berlín, la Unión Soviética, China, el comunismo («son los jesuitas de la izquierda», le dije, y me dio su aprobación, con matices), la Revolución cubana, los Castro, Guevara, Wojtyla, Ratzinger, Adolfo Suárez, Aznar, Felipe González, el mundo entero, el demonio suelto y la carne siempre viva.

Fue un día de extraordinaria riqueza el que nos regaló Michnik, fumador empedernido. Después del almuerzo en el Balzac, nos fuimos al Instituto Polaco en Madrid y Joanna Karasek, la anfitriona, nos dio «argumentos» para seguir cómodamente sentados y hablando sobre todo. Mientras me tomaba un vaso de Chivas seco, Michnik se bebió dos copazos de Cardenal Mendoza y contó el «duelo» que tuvo con Arzalluz hace años. El vasco, jesuita al fin y al cabo, porfiaba con el polaco. Sostenía que ¡Hemingway había escrito un libro sobre Polonia! Michnik se lo negó una y otra vez, hasta que, horas más tarde, el polaco le dijo que no había sido Hemingway, sino tal vez Michelet. «¡Ese, ese!», dijo Arzalluz. «No es lo mismo soplar que hacer botellas», apostillé. Arzalluz le trajo en media hora a Michnik las dos botellas de Cardenal Mendoza que se habían apostado, y santo remedio. A Wat le habría gustado la anécdota y la habría incorporado a Mi siglo, donde le recuerda a Milosz, entre otras cosas, que Bertolt Brecht dice que todos los supervivientes son unos canallas, «empezando por él mismo» (dice Wat de Brecht). En esa afirmación hay mucho de verdad. No es lo mismo un resistente que un superviviente. El resistente lo es en ética y estética, el superviviente tiene que demostrar su inocencia con una radiografía más limpia que una patena. Y me temo que entre los supervivientes hay mucho cómplice de la canallada a la que se sobrevive.

Michnik contó que su padre pasó un tiempo en la cárcel por comunista y que él lo había pasado por anticomunista. La vida es así cuando continúa. Un día le preguntó a su padre lo mismo que se preguntaba Wat a sí mismo: «¿Por qué llegaste a ese punto?». «Por fe», contestó su padre. Michnik es anticomunista, pero no de esos que son anticomunistas idiotas; no le gusta el capitalismo, pero tiene confianza en que las cosas en el capitalismo mejoran y en el comunismo siempre empeoran. «El comunismo apela a lo mejor del ser humano y, al final, saca lo peor de cada uno de nosotros», nos dijo.

Al final de la noche, cordero asado de La Tahona, ensalada, mucho vino, whisky, amistad, feeling del bueno, risas. Nos habíamos conocido sólo unas horas antes y ya éramos amigos de casi toda la vida. Nunca es tarde para conocer a la gente necesaria. Nunca es tarde, entonces, para leer a Wat en Mi siglo, una enciclopedia que hay que agradecer a otro poeta, Czeslaw Milosz, sin el que el libro nunca hubiera sido escrito y nunca hubiera llegado a nuestras manos, gracias a Vallcorba y a Adam Michnik. Nos veremos en Varsovia.


2 comentarios:

Licantropunk dijo...

Pues sí, se le da mucha importancia a qué se comió y qué se bebió. Dipsomanía y literatura. ¿El comunismo son los jesuitas de la izquierda? Uff!!!
Saludos.

Angelus dijo...

Licantropunk, el alcohol y la literatura han sido compañeros de viaje durante mucho tiempo, es verdad, pero en este caso es más bien una muestra del "buen rollito" entre colegas. Sí, es llamativa la identificación que hace Michnik, habrá que disculparle: casi medio siglo de comunismo marca a un país y a sus habitantes. Saludos.