RESEÑAS ANTIGUAS (II). "Te doy mis ojos" de I. Bollaín: látigo y mula para el varón.

Author: Angelus / Etiquetas: , ,



¿Una película sobre la violencia doméstica sin un solo golpe, sin una sola bofetada? Sí, Te doy mis ojos, la última y premiada obra de la realizadora Icíar Bollaín, resuelve felizmente esta paradoja proponiendo una película sobria, contenida y basada en la autenticidad de los personajes.

Es lugar común calificar el cine actual, sobre todo el que llega del otro lado del Atlántico, de obvio, explícito e infantil. La realidad confirma esta aseveración; todo se muestra abiertamente en el cine de hoy: la violencia, el sexo, la comicidad. Pero el cine auténtico es otra cosa: nació mudo, en esencia es lenguaje visual por encima de todo; son las imágenes las que deben atrapar al espectador y transportarle, a través de la pantalla, hacia un ámbito diferente que cree su propio mundo artístico. El cine como arte, “el séptimo arte”, debe sugerir más que mostrar.

Te doy mis ojos obra el milagro de crear un espacio familiar íntimo y una pareja creíble, donde el problema de los malos tratos está presente sin ser visible y donde el espectador está en tensión constante, esperando el momento en el que la bestia dormida de la violencia, que hay en el marido, surja para desencadenar la tragedia; sólo una vez el hombre ejerce la violencia física y verbal sobre la mujer, pero no es por medio de golpes, sino de la humillación, que es, con seguridad, peor. En la pasada edición de los premios Goya, esta película se llevó la mayoría de los galardones. Es la tercera obra como directora de Icíar Bollaín, quien sabe muy bien de qué va el asunto del cine, no en vano se inició como actriz a una edad muy temprana con El sur (1983) de Víctor Erice y su trayectoria en este campo es ya dilatada; quizá esto le haya ayudado para crear unos personajes tan verdaderos.

La acción comienza “in media res”: la mujer -Laia Marull- abandona la casa, y se lleva al hijo, el marido -Luis Tosar- corre desesperado en su busca a la casa de la hermana -Candela Peña-, donde se ha refugiado. A partir de ahí, se desarrolla la historia de una nueva vida para la mujer y de la posterior reconciliación conyugal, que durará poco porque el hombre lo vuelve a estropear. La directora ha optado por no mostrar los antecedentes de la relación de los esposos, evitando, así, la vejación de la violencia, pero el espectador es consciente del infierno doméstico de la prehistoria familiar: la mujer reacciona de una determinada manera en coherencia con un estado anímico que se va desvelando poco a poco en el filme. Hay, a pesar de todo, comprensión por el hombre y sus intentos de mejorar: la cámara se gusta en los primeros planos de Luis Tosar, que borda su papel comunicando sufrimiento y lucha interna sin apenas decir nada; al final, el espectador no puede dejar de sentir lástima por un pobre hombre acomplejado frente a su mujer, que intenta cambiar acudiendo a la consulta de un profesional, pero que no puede porque le devoran los celos y, finalmente, los accesos de ira se acaban apoderando de él.

No es una película perfecta, aunque sus defectos no entorpecen la esencia de la historia. Así: Rosa María Sardá, madre de la mujer, se está convirtiendo como actriz en una parodia de sí misma y no está en coherencia con la seriedad de esta película; Candela Peña, pese a ganar el Goya, está muy desdibujada, quizá por defecto del guión; el autor de la banda sonora, Alberto Iglesias, por momentos se copia a sí mismo remedando Hable con ella y, finalmente, el patrocinio de la Comunidad de Castilla La Mancha lastra la película, por muy bella que sea la ciudad de Toledo -donde se desarrollan los hechos-, de encuadres más propios de postales turísticas. Como contrapartida, es necesario destacar las impagables escenas de la terapia de grupo a la que asiste el marido, que obran como anticlímax humorístico y válvula de escape para el espectador.

En cuanto a la realidad brutal de los malos tratos de pareja, hay poco que añadir a lo que casi todos los días aparece en los medios de comunicación. La película deja testimonio de la crudeza de este atroz problema, pero lo hace con sabiduría cinematográfica, proponiendo un relato veraz porque, sobre todo, los personajes están muy creíbles y una secuencia de imágenes sobrias y elegantes, sin caer en el patetismo o la compasión hacia la mujer maltratada. Todos sabemos quién es el verdugo y quién la víctima de la violencia doméstica, y esta película no pretende desvelar secreto alguno ni remediar ningún mal, sólo contar artísticamente una historia, y con eso basta.


5 comentarios:

Licantropunk dijo...

Esta película es de las que remueven por entero: conciencias y puntos de vista. Iciar Bollaín me parece una buena directora pero Laia Marull (a la que he perdido la pista) y Luis Tosar (imposible perderle la pista a pesar de ser un genuino camaleón cinematográfico: estoy deseando ver "Celda 211") forman una pareja estremecedora. Candela Peña se queda en su cliché habitual.
Gran cine español.
Saludos.

Y encima se llamaba Alabama dijo...

Iciar Bollaín es un gran talento (aunque prefiero su anterior trabajo Flores de otro mundo), pero es cierto que ahonda en la psicología antes que en la fisicidad para explicar la naturaleza de la violencia de género...

Angelus dijo...

Licantropunk, cierto, la película remueve por dentro: te encuentras con la violencia de cara a cara, con el fantasma de los celos, con el infierno de una relación de pareja abocada al desastre, y todo ello sin mostrar un solo golpe. Aunque insisto en que las escenas de la terapia de grupo se me han quedado grabadas por su comicidad. Saludos.

Y encima se llamaba Alabama, no he visto la película que citas, pero ésta me parece de lo mejorcito del cine español de la presente década. Quisiera citar, ya que lo mencionas, que prefiero el término violencia doméstica o machista, antes que de género (que se puso de moda hace algunos años): el género no tiene que ver con el sexo.
Saludos.

Suntzu dijo...

Esta película es una de las pocas españolas que me gustan. Estaba pensando ponerla en el instituto dentro de mi labor coeducativa (¡ay!). Ni punto de comparación con "Sólo mía", protagonizada por Paz Vega y Sergi López,película que me gusta bien poquito.
Y tienes razón: Rosa María Sardá, como actriz, se está convirtiendo en una parodia de sí misma. Por desgracia, en la peli encarna el pensamiento de muchas madres, amigas y demás, que se encargan de decir a la mujer maltratada que aguante.
Una pena.
Saludos.

Angelus dijo...

Suntzu, la película que citas no la conozco, pero ésta, como bien apuntas, es muy buena (yo tampoco soy muy amante del cine español, en general). Peli coeducativa es cierto, aunque esto no me sea muy agradable a los oídos...
Saludos.