Un agnóstico en la corte del obispo. Comentario a "Las rosas de piedra" de J. Llamazares

Author: Hutch / Etiquetas: , , , ,

Ya que durante el curso apenas leo por placer, sino por obligación, el periodo vacacional lo dedico en buena parte a la lectura que me interesa. El tocho más grande del verano pasado ha sido "Las rosas de piedra" de Julio Llamazares. Creo que el escritor leonés es uno de los grandes narradores vivos del país: ahí están las magníficas novelas "Luna de lobos" y "La lluvia amarilla"; "Escenas de cine mudo", por otro lado, resulta menos acertada (la reseñé brevemente en este blog en la serie de entradas dedicadas a los libros de memorias). Otra cosa son sus artículos periodísticos: los pocos que he leído ni se acercan a mis inquietudes ni me dejaron especial huella.

El presente texto es un libro de viaje por todas las catedrales de la mitad norte de España, que se completará en el futuro, convirtiéndose así en un proyecto literario de larga trayectoria. La literatura de viajes no es algo nuevo para el escritor: ya ha dado a la imprenta "El río del olvido" o "Cuadernos del Duero". Llamazares se plantea las visitas de la siguiente manera: un día entero para cada catedral, museo incluido si lo hay, lo que le permite describir pormenorizadamente cada rincón del monumento (si los horarios le dejan) y entablar conversación con los turistas, fieles o curas que por allí merodeen.

Una serie de constantes se repiten en el libro: las pullas a los sacerdotes (sobre todo por el afán recaudador y la poca atención para los que les demandan alguna peticón, con excepciones, claro), la exaltación del románico como el arte por excelencia, la presencia de tópicos regionalistas, las injusticias comparativas entre autonomías por el dinero que reciben del Estado y la consideración de la catedral como la memoria de los pueblos (la de León, justamente alabada y la de Valladolid, en el lugar que merece: de las más feas de España, pero es que si a su inconclusión se une el espanto del estilo herreriano, no da otro resultado más que ése.)

Libro largo, en formato también contundente, "catedralicio", puede ser un buen acompañante para recorridos turísticos artísticos. El pero fundamental que veo al libro, además de la necesidad de un edición de bolsillo (ignoro si ya se encuentra disponible), es que el reportaje fotográfico particular que acompaña al texto es bastante lamentable: amateur, rácano y tristón, obviable en definitiva.

A pesar de que no comulgo ideológicamente con el escritor, al acabar el libro sentí una gran ausencia: la del agnóstico compañero de un largo y bello viaje por el arte y la historia de la España del norte.

5 comentarios:

Suntzu dijo...

Tiene muy buena pinta. Perdona, pero me he reído un montón leyendo tu entrada. Pensé que ibas a poner por las nubes la catedral de Valladolid y me encuentro semejante "despelleje".
Estaré pendiente por si sale en edición de bolsillo, porque no me cabe un libro más en las estanterías. Voy a tener que pensar en comprar un piso más grande. Jejeje...

Saludos.

Licantropunk dijo...

No he leído nada de este autor, así que tomo nota de la recomendación. En cuanto a la catedral de Valladolid... Sí, así es.
Saludos.

Angelus dijo...

Suntzu y Licantropunk, la realidad no tiene vuelta de hoja: la mole de la catedral de Valladolid es horrible, y eso que tiene un buen museo catedralicio con vestigios románicos y al lado, una preciosa iglesia, la de la Antigua. Quizás que esté inacabada haya sido al final una ventaja. Es la CRUZ que soportamos con resignación los vallisoletanos. Saludos a ambos.

Alfaraz dijo...

Gracias por la reseña.
El libro lo va a comprar su abuela.


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Angelus dijo...

Alfaraz, gracias por el comentario. Cada uno puede hacer lo que quiera tras leer mis comentarios, en todo caso, mi intención no es que los lectores del blog compren este libro (no tengo nada que ver ni con la editorial ni con el autor), sino simplemente ofrecer mis impresiones sobre él, por si a alguien le interesa. Creo que el libro merece la pena, a pesar de lo paradójico que resulta que un agnóstico recorra todas las catedrales de España; paradoja que he intentado plasmar en el título.
Saludos.