AMENÁBAR Y LA MANDARINA

Author: Angelus / Etiquetas: , , , , ,


No voy a hacer una reseña de "Ágora", mis opiniones sobre esta discutible y pesada película ya las he dejado por escrito en el magnífico blog de Licantropunk, sólo comentar que es una satisfacción personal que el jurista y crítico Eduardo Torres Dulce, en el programa radiofónico "Cowboys de Medianoche" de EsRadio en su emisión del 16/10/09, coincida con mis apreciaciones y repita casi exactamente expresiones que yo utilicé en los dos comentarios que he expuesto en el citado blog de Licantropunk:
  • "el film adolece de ser una creación de tesis, donde los personajes quedan desdibujados, además hay lagunas temporales en el guión que no permiten clarificar el desarrollo evolutivo de los personajes. Mucho dinero para hacer una película tendenciosa"
  • "las escenas con la filósofa y su búsqueda de la órbita elíptica me parecen pesadísimas y la toma de postura del director resulta, siempre bajo mi punta de vista, obvia y maniquea (hasta los colores reflejan la maldad o bondad del personaje)".
Dejo el enlace por si alguien quiere escuchar el comentario de Torres Dulce por completo, comprende desde el minuto 8:00 al 15:30, lo digo porque el programa dura una hora y once minutos; allí, además, está José Luis Garci, en una aproximación nostálgica al defenestrado "¡Qué grande es el cine!" de TVE2.

Como he dicho antes, esta entrada no es una reseña de "Ágora" de Amenábar, sino un comentario de lo que presencié en UGC Cine Cité de Zaratán en Valladolid. Uno cree que ya ha visto cualquier cosa en la sala de un cine: el ruido de las dichosas palomitas y la pajita de la Coca-Cola, los comentarios de las señoras de turno sobre cualquier escena de la película, espectadores que hacen su entrada veinte minutos después de comenzado el filme, niños que entran en películas tan poco aptas como "Anticristo"... Pero lo del pasado día 10 asistiendo a la proyección del film de Amenábar ya rebasó toda la mala educación posible: había dos espectadores, afortunadamente, tres asientos alejados de mí, que acudieron a la sala con una bolsa del Dia donde llevaban de todo para la sesión. Inciso: no entiendo por qué no se puede estar dos horas sin comer ni beber algo. Estos dos sujetos se pasaron buena parte de la sesión haciendo ruido con la bolsa, de la cual sacaron todo lo imaginable -como la chistera de un prestidigitador-, sin percatarse de la molestia que causaban en los demás. El colmo fue ya casi al final: como postre, en el momento en que Hipatia, la protagonista, descubre la órbita elíptica, el energúmeno, para celebrarlo o bien para tener algo esférico en su mano, se dedicó a pelar y comerse.. UNA MANDARINA; pero es más, la grosería no terminó ahí, sino que el susodicho, no sabiendo qué hacer con las mondas, se lo preguntó al de al lado y se decidió no por devolverlas a la dichosa bolsa (como hubiera sido lógico), sino por depositarlas en el hueco de la butaca destinado a la bebida y aplastarlas con fuerza con la botella que tenía en la otra mano.

Esto fue lo que presenciamos los que me acompañaban y yo para poder dejar testimonio (nunca mejor empleada la palabra en una película como "Ágora").

13 comentarios:

Suntzu dijo...

¡Por favor! ¡El pestazo a mandarina! Y qué forma de romper ese puntito de magia que tiene toda proyección de una película en una sala de cine (y a los precios a los que está el cine). Que conste que una es de las que come en el cine unas 8 de cada 10 veces que va, pero procuro no molestar. Si la peli está en un momento cumbre, ni chisto, ni mastico ni nada.
Supongo que lo pasaríais fatal... Vamos, podrían haber cogido la bolsa de Día y ponérsela en la cabeza hasta que les faltase el aire. Lo siento por vosotros: birria de peli y encima, con efectos de sonido en vivo.
Como ando en casa de mis padres, escucharé el comentario en Es. radio cuando vuelva a casa, que el ordenador de aquí tiene problemas de audio.
Saludos.

Licantropunk dijo...

Cuántas veces me he alegrado en el cine de no tener una escopeta recortada a mano: la hubiera empleado en más de una ocasión: alégrame el día. Falta absoluta de educación y de consideración al que está al lado. Cuando yo era pequeño hubiera sido el acomodador el que le hubiera pegado dos tiros pero ahora ese gremio sólo está ahí para romperte la entrada.
Gracias por lo de magnífico: como la película de John Sturges. Inmerecido.

Saludos.

Vivian dijo...

No he podido ver todavía la película, así que me he saltado las partes en las que se hablaba sobre ella en la entrada, prefiero ir a verla sin haber leído nada, cuando la vea, ya vuelvo.
Respecto a la “mala educación” en el cine es un tema sangrante para mí, y con momentos como los que describes es cuando se hecha de menos la figura de “el acomodador” de toda la vida, paseándose con la linternita, que al menos si no por educación, la gente se comportaba por “miedo” a que los echaran (nótese que la palabra está entrecomillada)
A mí me pasa lo de la mandarina y me hubiera tocado salirme del cine, por cosas de la vida, el olor a mandarina me provoca unas nauseas considerables, en fin, y que los dueños de los cines no se fijen más en estos detalles, igual el comportamiento de la gente es otro factor que contribuye a que la gente vea las películas en su casa en lugar de ir al cine.

Un saludo

Angelus dijo...

Suntzu y Licantropunk, ¡qué radicales os noto!: bolsa en la cabeza, escopeta recortada, dos tiros... y eso que la película intenta aleccionar contra los fanatismos y a favor de la tolerancia. Yo también me apunto a esas soluciones, aunque sea políticamente incorrecto decirlo. Saludos a ambos.

Vivian, siempre que voy al cine estoy temblando de lo que puede pasar y del mal educado que me puede tocar alrededor. Los multicines de las grandes superficies y los días de estreno de los taquillazos son los peores. Lamentablemente, como dices, la antigua figura del acomodador se ha perdido; a veces, he tenido la tentación de acudir a él en alguna situación como la que he descrito en la entrada, pero nunca me he atrevido, pienso que se va a tomar a broma mis quejas. Saludos y bienvenida al blog.

Ibán dijo...

Pero es que el cine se ha convertido ya casi en una cuestión de riesgo. El ritual pasa por las grandes multisalas, que si nachos, hamburguesas, todo lo que les ocurra.

De Ágora de momento no puedo decir nada. Y tardaré, porque me da una pereza.... :(

Alfaraz dijo...

Bueno Angelus, ya veo que te has convertido en un auténtico creador de opinión, de lo cual me alegro.

Claro que tambien puede ser que Torres-Dulce sea lector habitual de tu Blog (en cuyo caso lo saludo desde aquí) y te haya copiado las ideas sin citarte. No lo descartemos.


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Angelus dijo...

Ibán, sí la asistencia a las salas es un riesgo para el sistema nervioso de uno, que acaba alterado: se busca silencio, aislamiento y evasión y te encuentras con los mismos malos educados de todos los días cuando vas por la calle. Saludos.

Alfaraz, no creas que no he llegado a pensarlo, pero estoy seguro que no es así; yo soy el que ha aprendido mucho tanto de Torres Dulce como de los demás contertulios del difunto "¡Qué grande es el cine!". Saludos.

Anónimo dijo...

...y a mi que lo que más me gusta de ir al cine es comerme las palomitas que les compro a mis hijos... Si ya frecuento poco las salas de cine, después de leer todos vuestros comentarios, me siento acomplejado y me tendré que conformar con comer las palomitas en casa mientras vea alguna película bajada de internet.
¡Qué lata! Todo el mundo sabe que una cerveza sabe mejor en un bar que en casa.... pues lo mismo ocurre con las palomitas: No se han creado las palomitas caseras que sepan igual de buenas que las de las salas de cine. ¡Hasta la colacola de grifo es distinta...!
Saludos Palentinos

Angelus dijo...

Anónimo, aquí estoy de vuelta. Tu comentario es muy pertinente porque, evidentemente y como sabes mejor que nadie, la vida se ve distinta con los churumbeles al lado; eso sí, sin hacer mucho ruido, ¿vale? Lo que hace distinta esa cerveza del bar es la compañía.
Saludos.

Agata dijo...

Ja ja! Es bueno ver que no has perdido para nada el sentido de humor agrio... Me gusta el paralelismo mandarina /órbita. Vuelvo a estar por aqui

Angelus dijo...

Agata, me alegro de tu vuelta al tembladeral, se te echaba de menos. El humor se me va agriando en proporción directa al paso de los cursos y el contacto con la realidad de la educación en estas tierras; cada vez es más agrio y menos humor. La escritura en el blog es una válvula de escape y una evasión espacio-temporal. Un saludo y espero que tu regreso no sea sólo transitorio.

Anónimo dijo...

Comprendo lo que dices sobre los que comen en la sala de cine. Yo tampoco lo entiendo. ¿Por qué no pueden ver una película sin atiborrarse de chucherías? Algunos parece que van de acampada. Lo peor es el ruido que hacen con toda clase de bolsas, plásticos, envoltorios, etc. Curiosamente a mi me sucedió algo parecido viendo Ágora. Se trataba de una pareja de adolescentes, y no pararon de comer durante toda la proyección. Pero además, no creo que se enteraran de nada de la película. Es imposible que lo hicieran. Por supuesto tuve que llamarles la atención, porque estaban justo a mi lado. ¡Qué horror! Por este motivo no suelo ir a salas comerciales.
En otro orden de cosas. Yo creo que Ágora no es una mala película. Ya veremos qué dice el tiempo.

Angelus dijo...

Anónimo, me satisface leer que comprendes mi aversión hacia los que se pasan buena parte de la proyección comiendo, haciendo ruido, charlando... Uno paga por ver y ESCUCHAR la película, no a los maleducados que se ponen al lado. Viendo "A single man" tuve que mandar callar a una pareja de mujeres (y no mayores) que comentaban cada escena, y mi acompañante lo mismo con otra. Así estamos entre otras cosas porque los de los cines tienen el chiringuito correspondiente que parece que les reporta más beneficios que la misma proyección. En Valladolid hay sólo una sola sin el dichoso quiosco. Pero bueno, ya cuando voy al cine estoy preparado para el enfrentamiento. En cuanto a "Ágora" cada cual que tenga su opinión, para eso están las películas. Saludos y gracias por el comentario.