RESEÑAS ANTIGUAS (I). Juana la Loca en la consulta.

Author: Angelus / Etiquetas: , ,

¿Qué relación hay entre Juana I de Castilla, la Loca, y la visita a una consulta de un especialista en digestivo? En principio, ninguna, a la hora de la verdad, más de lo que parece si el médico en cuestión aprovecha la visita del paciente para soltarle un discursito sobre la infausta historia de la reina castellana. Buena culpa de ello la tuve yo, ya que le di cuerda puesto que es un tema que me interesa y del que escribí hace tiempo; sin embargo, el doctor no me dio cancha alguna y, con mi problema gástrico a cuestas, me vi sometido a una pequeña clase histórica sin posibilidad de meter baza. Para resarcirme, se me ha ocurrido, ya que el individuo en cuestión no puede cortar mi libertad de expresión en el blog, recuperar una de las reseñas sobre este tema que publiqué en Varsovia en la por entonces humilde revista Enlace de la Asesoría Técnica de Educación de la Embajada de España en Polonia, en la actualidad, Consejería de Educación. Son reseñas un tanto desfasadas por su referencia a la actualidad del momento y con una clara intención didáctica de cara al público polaco vinculado al mundo del español; poco a poco, iré colgando alguna más. A propósito, el problema digestivo va solucionándose y el médico parece que va a publicar un libro sobre la reina Juana.



La imagen es bien conocida y pertenece a la historia, no es leyenda: corre el duro invierno de 1506 cuando la reina de Castilla, Juana I, en avanzado estado de gestación, conduce el féretro de su marido, Felipe de Habsburgo (Felipe el Hermoso), por la “terrible estepa castellana” con destino al panteón real de Granada, donde reposa su madre, Isabel la Católica. La joven viuda va cruzando a pie la meseta en macabro cortejo sin detenerse en poblado, ciudad o, incluso, monasterio alguno, para evitar el contacto con mujer joven que pudiera robarle al marido que acaba de morir. El pueblo, desde entonces, la apodó Juana la Loca. Pero ella fue la mujer más poderosa de su tiempo y la primera reina de España.

El Romanticismo no pudo dejar de lado la figura de un personaje que encarna como pocos la esencia del periodo: el pintor Francisco Pradilla retrató la escena anterior en un famoso cuadro y el dramaturgo Manuel Tamayo y Baus obtuvo un gran éxito con Locura de amor, que dramatiza un episodio de su vida. Pero la vindicación de Juana sólo ha llegado recientemente: en las carteleras españolas todavía se exhibe la película de Vicente Aranda Juana la Loca, con la premiada Pilar López de Ayala en el papel protagonista; el film está basado en la obra de Tamayo, y ya había tenido otra versión cinematográfica de espectacular éxito en 1948 con dirección de Juan de Orduña. Pero la obra que rescata definitivamente a la reina es la biografía de M. Fernández Álvarez; se trata de una obra que analiza los raíces del mal de la reina con un espíritu comprensivo y moderno en el marco de las luchas políticas del momento histórico.

Juana de Trastámara ocupaba el tercer puesto en la línea sucesoria de los Reyes Católicos, por ello resultaba difícil que alguna vez alcanzara la corona hispánica, pero la muerte de sus hermanos mayores y del hijo de uno de ellos, la catapultó a la Corona de Castilla, primero, y al trono de España después de la muerte de su padre. Antes de esto, los Reyes la habían casado con el heredero del trono borgoñés y descendiente del emperador haugsbúrgico, Felipe, en una hábil maniobra para aislar políticamente a Francia. Este matrimonio puso en evidencia la salud mental de Juana, por cuanto se hicieron manifiestos unos celos obsesivos y enfermizos y una conducta desarreglada y depresiva, que hicieron albergar dudas en su madre a la hora de laborar el testamento que habría de decidir el futuro regio de Castilla. A la muerte de Isabel la Católica, se vio envuelta en las luchas por el poder en Castilla entre su marido y su padre (rey sólo de la corona de Aragón) que aprovecharon su demencia para alejarla del trono (cuando en verdad ella era la reina de Castilla por decisión de su madre). El resultado de todo esto fue el encierro, ya muerto su marido, en el palacio real del pueblo vallisoletano de Tordesillas junto al cadáver de su esposo; este encierro fue decretado por su padre, pero también mantenido por su hijo, el emperador Carlos I. En este cautiverio pasó los últimos cincuenta años de su vida, olvidada de casi todos.

¿Qué había pasado en su mente para obligar a sus familiares a mantenerla prisionera? Esto es lo que nos descubre el libro: lo primero que hay que decir es que Juana ya tenía antecedentes familiares de locura en la persona de su abuela; su hija María, reina de Hungría, también sufrió un episodio depresivo, que afortunadamente fue tratado a tiempo; pero el factor fundamental, además del genético, que provocó el desajuste en la personalidad de Juana fue el hecho de ser separada de la corte castellana a la tierna edad de quince años para su boda, viviendo su adolescencia en un lugar apartado y extraño a las costumbres hispánicas –la corte borgoñona-; Juana se vio aislada y se refugió de la soledad en el amor del esposo y en el sexo; Felipe temió los arrebatos amorosos de la esposa, pero es que además le era infiel con cierta frecuencia. Todo esto desembocó en celos, accesos descontrolados de furia y una conducta abandonada y abúlica, que se fueron agravando con el paso del tiempo, y de los que sólo recibió de su esposo, primero, y de su padre e hijo después, el encierro para alejarla del poder. Pero ella era una mujer sensible, la más hermosa de los hijos de los Reyes Católicos, culta, aficionada a la música y con buen oído para los idiomas, que se merecía algo mejor que vivir dos tercios de su vida encerrada sin apenas contacto con el exterior.

El autor, sin duda, ha sido presa del encanto y atracción del personaje y trasluce en su libro la lástima por su biografiada; nos da un buen panorama de la política del momento, aunque dedique algún capítulo a asuntos tangenciales a la biografiada; señala a la segunda esposa de su padre Fernando el Católico, Germana de Foix, como la intrigante en la sombra para el encierro y se centra en lo penoso de esos años de cautiverio en Tordesillas de la reina de España con la historia más triste y, a la vez, más atrayente.
Fernández Álvarez, M. Juana la Loca, la cautiva de Tordesillas. Espasa Fórum. Madrid. 2000.


6 comentarios:

Licantropunk dijo...

Espero que te mejores.
Imagen muy romántica la de Juana la Loca, loca de amor. Por supuesto que el interés de la historia está en las intrigas palaciegas: los celos y las envidias: esa madrastra malvada.
Saludos.

Angelus dijo...

Licantropunk, gracias por tus deseos de mejora (no es un problema muy grave). El médico en cuestión negaba el apelativo de Loca para Juana y ante mi tímido intento de réplica con el argumento del viaje castellano con el féretro del esposo, contestó algo así, no lo recuerdo bien, como que según las leyes de la época el cuerpo no debía reposar en recinto cerrado. En todo caso, el personaje es excepcional y, para mí, una mujer bella. En cuanto a las intrigas palaciegas, tienes razón, esa madrastra malvada...
Saludos.

Suntzu dijo...

Lo leo seguro. Es un periodo que me apasiona y además, la gente con un puntito raro me va. Me ha gustado la reseña. ¿El libro es muy difícil de encontrar?

Angelus dijo...

Suntzu, gracias. El libro yo no lo tengo, pero seguro que no es difícil conseguirlo, puede que hasta en el Centro (¡perdón!, tu Centro) lo tengan; es de fácil y amena lectura. Saludos.

Xoán González dijo...

La historia de los reyes y de sus vástagos da mucho de sí si se escribe de este modo... normalmente nuestros monarcas han pasado a los libros y a la memoria colectiva por sus guerras y conquistas y no tanto por haber vivido una experiencia tan humana como cercana a la mayoría de las personas, por no tildarla tan solo de vulgar (cuernos, celos, muertes, depresión...). Angelus, anímate con la novela histórica y disecciona algún que otro personaje (me encantó lo del "polaco follador"... ¿como era que se llamaba?... ¡ah, sí! Roman Polanski)

Angelus dijo...

Xoán González, bueno me da risa que a Polanski le reconozcas más por el título de mi entrada que por su propio nombre, aunque sé que se trata sólo de una broma tuya. Lo de la novela histórica también lo es ¿no?, y si no, ¿a quién propones: al retrasado de Carlos II el Hechizado o la ninfómana de Isabel II?
Un fuerte abrazo.