ADAM ZAGAJEWSKI EN LA CARRERA DEL NOBEL

Author: Hutch / Etiquetas: , ,

Parece que su nombre empieza a sonar fuerte en los mentideros culturales como futuro premio Nobel de Literatura. Hay una baza que juega en contra del escritor polaco y es la concesión en 1996 de este galardón a su compatriota Wisława Szymborska. Aunque los designios de los académicos suecos son inescrutables, el nombre de Adam Zagajewski es internacionalmente reconocido gracias a importantes premios recibidos en Francia y Alemania. En español se cuenta ya con bastantes traducciones de su obra en prosa y verso gracias a las editoriales Pre-Textos y Acantilado, por lo que un futurible galardón de la Academia sueca no nos debería pillar desprevenidos, como sí sucedió en el caso de Szymborska.

Un somero repaso biográfico del autor nos conduce a una vida nómada. Nacido en Lvov, actual Ucrania, pero en su momento parte de Polonia, tras la II Guerra Mundial y la “patada geográfica” que se le dio a las fronteras polacas de este a oeste, fue trasladado junto a su familia a Silesia, territorio ganado a los alemanes en la misma medida que Polonia perdió sus límites orientales en favor en aquel momento de la URSS. Ya de joven se trasladó a Cracovia, donde estudió Filosofía y Filología y empezó a ejercer como escritor. El opresivo ambiente comunista le llevó a Francia donde emigró, para posteriormente asentarse en Houston como profesor universitario. En 2002 retorna a Cracovia, tras confirmarse el asentamiento de la democracia en los países del Este y el derrumbe definitivo del telón de acero. Adam Zagajewski es poeta, novelista, ensayista y traductor; su obra poética escogida ha figurado durante bastante tiempo como libro más vendido de dicho género en nuestro país.

He leído recientemente dos dietarios suyos, “En la belleza ajena” y “Dos ciudades” (2003 y 2006, respectivamente). Los dietarios no son un género ensayístico muy de mi agrado. Prefiero los libros de memorias: la coherencia y homogeneidad de una vida contada, frente a la dispersión del “escribo lo que me parece” en la que se convierten, en general, estos textos; en este sentido, ambos libros, especialmente el primero, no son una excepción. El autor mezcla de todo: descripciones de las ciudades de Lvov -el paraíso perdido- y Glivice -fea ciudad industrial-, recuerdos de su vida estudiantil en Cracovia, reflexiones sobre la poesía, notas sobre escritores preferidos u obras musicales, colección de aforismos, etc. Sin duda, lo mejor de estos libros son esos fragmentos autobiográficos en los que da cuenta de su ciudad natal, Lvov (cuna también de Stanisław Lem) y de su juventud cracoviana. Es aquí donde se perciben las grandes dotes narrativas del autor y la calidad poética de su prosa.

Me gusta especialmente “En la belleza ajena”, cuando se centra en Cracovia. Algo tendrá esta ciudad que le hizo afirmar a nuestro José Hierro que en su vida había tres ciudades predilectas: Venecia, Nueva York y… Cracovia. La relación que mantiene Zagajewski con ella es de amor-odio: “Ésta es una hermosa ciudad. Esta ciudad no es hermosa. Ligera como el Renacimiento y pesada como el plomo”. El escritor se sentía atraído por Cracovia: su belleza monumental, el ambiente cultural y el peso histórico- cultural de la ciudad eran bazas más que suficientes para fascinar a un escritor joven y provinciano como él; lo que le repelía a Zagajewski era el lastre del comunismo sobre la ciudad: los grises edificios de nueva construcción, la falta de libertad intelectual y el partidismo en la enseñanza universitaria; a estos elementos negativos une la amargura invernal, aspecto este del que toda Polonia en general no puede huir y que forma parte, para bien o para mal, de su idiosincrasia. Es en la descripción de los ambientes y las personas que conoció donde radica la amenidad y trascendencia del libro: impagable el fragmento en el que cuenta las veladas dialécticas entre un joven y simpático cura y un tío suyo, profesor universitario y agnóstico, en torno a la existencia de Dios -con el paso de los años, el profesor se convirtió por influjo de ese joven cura llamado Karol Wojtyła.

Cuando el autor se adentra por el camino oscuro de las reflexiones, digresiones filosóficas, aforismos, ocurrencias… los libros pierden peso, o mejor dicho, lo ganan en favor de una insufrible pesadez intelectual y narrativa. Lástima que Adam Zagajewski no se decidiera por escribir unas memorias canónicas, una autobiografía en definitiva, que nos hubiera dado cuenta de una vida, sin duda, atractiva por su diversidad; de esta manera, deja al lector, lamentablemente, con la miel en los labios.


2 comentarios:

Suntzu dijo...

A Szymborska ya le tengo echado el ojo. Apuntaré a Zagajewski en la lista.

Por cierto: "Cuando el autor se adentra por el camino oscuro de las reflexiones, digresiones filosóficas, aforismos, ocurrencias… los libros pierden peso, o mejor dicho, lo ganan en favor de una insufrible pesadez intelectual y narrativa". A mí, si las digresiones filosóficas van acompañadas de humor, pesimismo o ambos, me gustan muchísimo, así que sigue aumentando mi lista de lecturas pendientes. Tanto que leer y tan poco tiempo...

Una entrada muy completita, Jefe. La anécdota del cura y su tío, buenísima.

Un abrazo.

Angelus dijo...

Suntzu, Szymborska es una poeta muy interesante, más, en mi opinión, que Zagajewski (demasiado anclado en la experiencia para mi gusto). En la presentación de su último poemario en Polonia logró convocar a cientos de personas, ¿sería posible eso en España?

En cuanto a las digresiones, a mí en general me distancian de los textos. En el caso de Zagajewski, no tienen ni humor ni pesimismo.

Gracias por el comentario.