LEOPOLDO PANERO: DE ENTRE LOS MUERTOS (II)

Author: Hutch / Etiquetas: , ,



MI LECTURA DEL POEMA

Un escalofrío recorre el cuerpo del lector cuando se enfrenta con este poema escrito, probablemente, el mismo año de su fallecimiento. La muerte y la vida eterna aparecen siempre en Panero en un marco cristiano muy generacional: “Porque sobre todo tienes un alma, / un soplo de palomas que anudas a mi muerte / una final resurrección que ya late a mi lado, / y que es imposible negarla”, que le permite invocar serenamente (imposible no recodar a Jorge Manrique) a la muerte como el inevitable paso hacia una vida más plena.

El poema elegido narra el encuentro frustrado del sujeto poético con la muerte y la esperanza gozosa de su llegada final; encuentro descrito con un vocabulario deliberadamente amoroso y cuasi nupcial: “tu delgada mano retiras de la mía”, “Ahora, como viudo de ella”, que personifica a la muerte y metaforiza positivamente su relación. Hay una estructura muy marcada que divide el poema en dos partes casi de la misma extensión; aunque no haya división estrófica, la transición entre ambas partes es visible externamente por puntos suspensivos. La primera parte es fundamentalmente narrativa; los tiempos verbales son los del pasado perfecto, en coherencia con la referencia temporal “esta noche”, y presentes descriptivos para el “Ahora” postencuentro. La segunda parte es una apóstrofe a la muerte ausente para que, parafraseando a Juan de la Cruz, “acabe de entregarse ya de veras” y supla las deficiencias del sujeto poético; el imperativo domina ahora y sirve como elemento ordenador de los versos.

El estilo del poema es voluntariamente sencillo y claro. Así, ya desde el principio, el autor menciona a los protagonistas del “relato” y el momento en que se producen los hechos (“La muerte”, “de mí”, “esta noche”); esta preocupación temporal se repite durante la primera parte y aparece subrayada por su colocación al comienzo de los versos en un deseo de ordenar el relato (“luego”, “Ahora”, “Hoy”); el sujeto poético en primera persona está resaltado en el segundo verso gracias al único encabalgamiento abrupto del poema. La principal figura literaria es la personificación de la muerte a través, sobre todo, de sus acciones, pero también de su cuerpo amoroso: esa “mano” (formante del verso 5 y que se repite casi íntegramente en el 25) y los “labios”, también repetidos; estas personificaciones dan el primordial aliento poético al texto. Soplo poético que no falta ya desde el principio, cuando, tras ese comienzo tan directo y prosaico antes referido, el autor en el verso segundo compara la llegada de la muerte con el viento y a sí mismo con las alas, palabra que se vuelve a repetir nuevamente hacia el final y que connota la libertad y elevación que desea el sujeto. Hay más repeticiones a lo largo del poema, dotándole del ritmo que carece a causa de estar escrito en verso libre: así, los imperativos de la segunda parte (que la convierten en una especie de petición-rezo) y la anáfora de los versos 12, 13 y 14, que, junto a otras expresiones, forman un campo semántico que define muy bien la situación del sujeto al verse rechazado por la muerte: “no se reveló, no movió, no tomó, no quiso, negado, viudo, hueco de su ausencia me duele, gran desdén, silencio”. En contraste con esto, la segunda parte es una afirmación de la muerte y su poder positivo: la metáfora del nido con connotación protectora (verso 16), la comparación de sí mismo con una golondrina (verso 17), expresiones como “dar más realidad, serenar, ayudar o tener paciencia” (versos 15 al 18). Las metáforas tópicas de la muerte como un viaje (“partir” y “camino”) y un paso para el más allá (“puerta”) completan el texto desde el punto de vista estilístico.

En conclusión, Panero nos da una visión subjetiva y deseante de la muerte, a través de un poema sencillo pero de altura poética y sabia estructura. Un poema en carne viva, que respira autenticidad: “no adornaba mis poemas con tu nombre” (verso 21). Imposible no poner epílogo con las propias palabras del poeta en forma de epitafio: “Ha muerto / (...) el poeta Leopoldo Panero, / (...) Que amó mucho, / bebió mucho, y ahora, / vendados sus ojos, / espera la resurrección de la carne / aquí, bajo esta piedra”.


9 comentarios:

Suntzu dijo...

Cómo se nota que lo disfrutas. Completo y sentido el análisis. Me ha gustado el epílogo.
Al final, voy a tener que acabar leyendo más de los Panero. Tú sigue colgando cositas por aquí, que ya te tengo enlazado en mi blog.

Que descanses el fin de semana.

Angelus dijo...

Suntzu, nuevamente gracias por estar ahí. Este comentario lo escribí hace mucho tiempo para una revista que me pidió un análisis de un poeta del siglo XX; leído ahora, observo que me salió muy académico y didáctico, como el comentario que pudiera exigir a un alumno. El epitafio completo que Panero se dedicó a sí mismo es lapidario, y nunca mejor empleada esa palabra.

Ya he visto mi enlace en tu blog, tú también estás en el mío desde el mismo momento que ¿afortunadamente? lo descubrí.

Un fuerte abrazo.

Anónimo dijo...

Angel; Lamento no estar al nivel de tu blog, pero confieso que la poesía no es es mi fuerte. Simplemente me asomo por aquí de vez en cuando, pero en ocasiones como esta... salgo mareado...Ahora entiendo, sin embargo, que D.Angel Aller(QEPD) te tuviera entre sus favoritos...
Yo, más simple que todo eso, me he fijado en la mascota que te has echado en el blog, y me ha traído al recuedo al "Michi" que conocí en Polonia y que devoró las supuestamente deliciosas pastas que te llevé en nombre de tu madre y que ambos nos quedamos sin comer por su culpa... ¿COMO PUEDES ELEGIR UN GATO POR MASCOTA DESPUES DE ESO...?

Angelus dijo...

Anónimo, tiene que haber de todo un poco en este blog, al fin y al cabo soy profesor de literatura y esto es lo que más me atrae. En cuanto al "Misumisu", por aquí tengo la foto de los tres en Varsovia: su cara angelical no nos hacía prever que nos destrozaría las pastas (porque comerlas, no se las comió, pero las dejó para la basura el muy...) Siempre me han gustado los gatos y a falta de uno real...

Sabes que te agradezco tu paso por aquí, y no hay niveles que valga: cada uno tiene sus propios intereses y aficiones, ni mejores ni peores.

Recordadme un poco el 24, que yo os tendré en el pensamiento.

Un fuerte abrazo.

Suntzu dijo...

Que sí, Jefe, que sí: afortunadamente. Es que una es muy tremenda para todo, pero luego se me pasa.

Hala, a mentalizarse para la guardia que nos toca mañana.

Un abrazo, Jefe.

Alfaraz dijo...

Esta disección del poema de Panero (el bueno) demuestra lo que ya descubrió Trapiello cuando tuvo acceso a su biblioteca, que era un auténtico estudioso de la poética y análisis de la poesía.

Entre tantos desencantos una buena noticia: se recontruye en Astorga la casa del poeta que aparece en las imágenes para destinarlo a fines culturales.

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Angelus dijo...

Alfaraz, no sé si Leopoldo era el bueno, para Andrés Trapiello mejor que sus dos hijos; yo personalmente de los Panero aprovecho todo, hasta las memorias de Felicidad Blanch me fascinan.

Buena noticia la reconstrucción de la casa astorgana, la verdad es que daba pena verla y tan cerca de la catedral.

Un saludo.

Alfaraz dijo...

Cierto, las memorias de Felicidad lo son a la vez de una gran tristeza. En casa de mis padres queda alguna tarjeta de navidad que le enviaba a mi abuela materna, pues sus maridos eran primos.

De los hijos yo prefiero a Michi, recuerdo algunas de aquellas críticas de tv. en El Pais, magistrales. Ya podrían reeditar una selección, por cierto.

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Angelus dijo...

Alfaraz, se me ponen los dientes largos ante esas postales manuscritas por Felicidad Blanch.

Michi Panero es el que mejor me cae personalmente de los tres hermanos(apreciación que sólo deriva de la visión de las películas). Juan Luis: un neurótico resentido (pero gran escritor), Leopoldo María: ya sabemos todos de su locura (pero autor de versos contundentes, el título de este blog es de su cosecha); Michi, se inmoló en la noche madrileña, pero en las películas documentales muestra un desvalimiento que nos lo hace cercano y una conciencia lúcida de lo que fue realmente la familia Panero. Nunca leí nada de él.

Un saludo.