POLONIA, “EL CRISTO DE LAS NACIONES”. Reseña de "La sangre y el ámbar. Viaje a Polonia con subtítulos", David Torres.

Author: Hutch / Etiquetas: , , , ,

Antes de entrar en el "top ten" de las memorias, quiero comentar un estupendo libro sobre Polonia que he leído estas Navidades.

Adam Mickiewicz es el poeta nacional de Polonia. Nacido en la actual Lituania, su poesía romántica pretendía inflamar el espíritu nacional polaco en una época oscura -todo el siglo XIX- en la que Polonia dejó de existir como país; calificar a su tierra como “el Cristo de las naciones” era una manera mística de aludir al sufrimiento secular de esta nación y una llamada a sus compatriotas para rebelarse y resucitar como país. El autor de este libro de viajes, David Torres, hace hincapié en este aspecto de la historia de Polonia, “la sangre” del título, pero al mismo tiempo nos descubre las pequeñas joyas, “el ámbar”, de un país cuyo presente encierra un pasado que le condiciona, al igual que el ámbar es testimonio de un pasado vivo con sus hierbas o insectos aprisionados en él.

Ya habrá ocasión en otro momento para hablar del escritor, quiero ahora centrarme en este libro de viajes e intentar plasmar aquí la idiosincrasia de un país muy cercano para quien esto escribe y que el autor ha descrito con sabiduría, perspicacia y amenidad.

¿Por qué Polonia? Dos motivos tenía David Torres para emprender el viaje a este país eslavo: primero, conocer personalmente al entonces gran autor vivo de las letras polacas, el escritor de ciencia-ficción Stanisław Lem (¡qué gran obra Solaris!), y segundo, su novia de aquel entonces era de allí, Joanna (Aśka), a la cual está dedicado el libro. David Torres asumió con valentía (y temeridad) el reto de enfrentarse a este país en su más crudo y auténtico elemento: el invierno polaco en el mes de enero, con temperaturas entre diez y veinte grados bajo cero y un horario solar reducido, aunque, como él mismo confiesa, jamás habría acometido esta empresa sin Aśka: reconoce con humildad su incapacidad para los idiomas y su total dependencia hacia ella, quien le ejerció como traductora y puso los subtítulos al viaje.

El itinerario que siguió la pareja no ofrece sorpresas y es el típico trayecto de cualquier ruta turística por Polonia: de la capital y casi centro geográfico, Varsovia, hacia el este para ver el Parque Nacional de Białowieża y la reserva de bisontes; desandar, posteriormente, el camino y volver a Varsovia pasando por la otrora brillante pero ahora decrépita ciudad de Lublin; iniciar, a continuación, la marcha hacia el Báltico haciendo escalas en la diminuta pero coqueta cuna de Copérnico, Toruń, y la mayor fortaleza de ladrillo del mundo, el castillo teutónico de Malbork, para recalar en el Trójmiasto (“Tres ciudades” literalmente): Gdańsk (Danzig en alemán), Sopot y Gdynia, centros monumental, veraniego y portuario, respectivamente, del mar Báltico; atravesar, finalmente, Polonia de norte a sur para terminar en la capital histórica y cultural de Polonia, Cracovia (ésa que el poeta José Hierro unía a Nueva York y Venecia, en un triángulo selecto de ciudades amadas) y la cercana localidad turística de montaña, Zakopane, junto a la cordillera de los Tratas.

Un trayecto simbólico en cruz, que no olvidó el recorrido “martiriológico” de los campos de concentración de Majdanek, Treblinka y, sobre todo, Oświęcim (más conocido por su nombre alemán, Auschwitz). No depara, pues, grandes sorpresas este recorrido, salvo la visita obligada a la familia de Aśka en la ciudad de Kutno. La esencia y principal reclamo, a mi juicio, del libro no está en esta ruta turística, sino en otro aspecto: dicho recorrido le sirve al autor como excusa para indagar y profundizar en la esencia nacional de Polonia, en general, y de los polacos, en particular. Para ello, contó con la inestimable colaboración de su novia, pero el propio escritor, además, se documentó con profusión para hacer el viaje, de hecho el libro termina con una bibliografía básica. Creo que ése era el objetivo de David Torres: no se hace turismo en Polonia a veinte bajo cero, salvo si lo que se pretende es captar, con sacrificio, la idiosincrasia de un país y sus gentes. Esto es lo que descubrió el autor y que a continuación me propongo, en resumen, comentar.

Hay en el libro toda una serie de pequeños detalles que forman parte del paisaje físico y moral característicos de Polonia y que David Torres supo percibir: la hospitalidad eslava, el perchero como mobiliario omnipresente, la dificultad gramatical y fonética de uno de los idiomas occidentales más complicados del planeta (y que es la causa de la proverbial facilidad lingüística de los polacos), el caduco bigote masculino como signo identificador, la triste herencia comunista visible en los servicios públicos y, más que nada, en las mujeres encargadas de cobrar y permanecer en dichos servicios, el mal humor y desagradables maneras de muchos empleados tanto públicos como privados, la legendaria belleza de las mujeres polacas (aunque David, con tacto, sólo lo pone en boca de uno de los amigos de su novia y únicamente para referirse a las mujeres de una ciudad del este, Białystok), la presencia de borrachos en las calles, la calidad y abundancia de las cervezas, las cualidades y rituales del vodka, la necesidad en Varsovia de preservar ese megalómano monumento estalinista llamado Palacio de la Cultura y las Ciencias (tan criticado por muchos, pero que se ha convertido en el faro de la ciudad, sobre todo para sus visitantes), la belleza de una de las calles más extraordinarias del mundo, la ulica Mariacka en Gdańsk (descrita por David en un atardecer único), la omnipresencia de la iglesia católica. Todos estos detalles y alguno más, por aislado y en su conjunto, forman y deforman la vida en Polonia, pero la esencia del ser polaco está en otra parte, otro rincón de la historia y el alma polacas que el escritor se preocupa por describir con profusión y que parece aludido en el título: el sufrimiento -“la sangre”- y la actitud de los polacos ante él.

Tártaros, cosacos, teutones, suecos, prusianos, austriacos, alemanes y rusos han invadido, humillado, masacrado y, en algún caso, arrasado Polonia a lo largo de su triste historia. La lamentable ausencia de barreras geográficas en el este y oeste del país ha posibilitado que los polacos fueran fáciles presas del hambre voraz e imperialista de sus colosos vecinos alemanes y rusos. Como ya he dicho, la historia polaca está jalonada de guerras, invasiones y masacres, pero la sangre tiene su ápice en el siglo XX con la Segunda Guerra Mundial y el posterior dominio de la Rusia comunista. La descripción que hace David Torres de los campos de concentración nazis es demoledora y el efecto que causó en el autor más que evidente: “Polonia es un país hermoso, lleno de ganas de vivir, pero una vez, no hace mucho tiempo, durante la ocupación alemana, fue el infierno en la tierra”, “El sosiego, la paz que emana hoy día de las piedras, los árboles y las nubes de Treblinka parece anormal: la naturaleza debería estar chillando aún, aquí debería masticarse la sangre”, “No pude más. [...] Recuerdo que pensé: ‹‹Como ovejas. Como ovejas que llevan al matadero››. Pensé eso y todos los otros pensamientos se borraron. Me eché a llorar como un niño”.

No es el momento de abrumar a los lectores de esta reseña con datos numéricos y detalles tremendistas sobre las víctimas polacas durante la guerra mundial y durante los levantamientos de las ciudades o los guetos judíos, ni enumerar las atrocidades pertrechadas por ese gran genocida de la historia de la humanidad llamado Stalin, pero sí es necesario dejar constancia de la influencia y de la actitud de los polacos antes estas calamidades. Primero, hay que destacar la gran presencia de polacos esparcidos por el mundo, el secular exilio polaco provocó que grandes figuras de la intelectualidad se marcharán del país y en algún caso renunciaran a su lengua natal, hasta el punto de que otros países se hayan apropiado de dichas personalidades o cueste identificarlas como polacas, así: Chopin, Joseph Conrad, Arthur Rubinstein, o los Premios Nobel Isaac Bashevis Singer y Marie Curie. Segundo, el martirio polaco sigue presente en las vidas diarias de sus habitantes con la gran cantidad de monumentos, placas, actos conmemorativos o documentos televisivos. Y tercero, el polaco no olvida, no puede ni debe olvidar lo que pasó, pero ha opuesto el humor, la resignación optimista, la necesidad de ser libre, mirar adelante y ocupar el lugar que le corresponde en la tradición democrática europea, tras un letargo de cincuenta años bajo el yugo soviético. Tienen motivos para, a pesar de todo, estar orgullosos: parieron en 1791 la primera Constitución europea, frenaron al bolcheviquismo que amenazaba a toda Europa en 1920 en una batalla decisiva a las afueras de Varsovia y resquebrajaron el muro del telón de acero en los astilleros de Gdańsk.

En definitiva, el libro escrito por David Torres no es un libro de viajes al uso. Quien pretenda únicamente conocer lo superficial y pintoresco del país que acuda a otro sitio, a las guías que cualquier editorial publica al respecto. En este libro de viajes, hay otra cosa, se araña la superficie para poner al descubierto la esencia de un país, la verdad pura y, a veces, descarnada; no es un libro apto para turistas cómodos.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Mi querido Angel.
Ha sido un placer recorrer Polonia de nuevo de tu mano y rememorar los pequeños y grandes detalles de un viaje encantador: desde la sorpresa de encontrarme con una una "Romualda Strasse" (perdón por la ortografía... no he llegado a aprender el Polaco a la perfección)hasta la magestuosidad del Palacio de la Cultura y las ciencias en Varsovia. Y sobre todo, la belleza de las mujeres... ¡¡¡ Realmente son guapas las polacas!!!
No me extiendo más, que mis "alumnos" me necesitan perfectamente despejado mañana.
Un abrazo.
Romu

Angelus dijo...

Anónimo,
Monika te mataría por lo de Strasse (es alemán); la calle (ulica) era la Romualda Tragutta. Tu visita fue un placer también para nosotros. He estado mirando las fotos de entonces: ¡Qué jóvenes éramos todavía!

Te agradezco tu comentario y espero que de vez en cuando te dejes caer por este tembladeral de sílabas, siempre y cuando tus "alumnos" te lo permitan.

Romu, un abrazo.

mag dijo...

Hola,
Que sorpresa saber de nuevo de ti! Gracias por tu e-mail. Es apasionante leer tu resumen de este libro e intentar adivinar cuales de las impresiones son las tuyas ;) un abrazo y una recomendación de otro pedazo de literatura por la red: es blog de un amigo de Madrid, se llama Proyecto Visiones. Sera racista decir que los espanoles teneis un estilo muy "vuestro" de escribir que siempre me ha atraido? (Un estilo que, por cierto, creo a un Bequer en vez de un Mickiewicz ;))
magda

Angelus dijo...

Mag,
Yo también me alegro de tu participación en este blog. Bueno, mis impresiones de Polonia son las que he destacado en la reseña, el autor comentaba otros aspectos que no he considerado relevantes ni cercanos a mí. A propósito, le mandé la reseña al autor (cuyo blog está "linkeado" en el mío) y dijo unas palabras muy emotivas al respecto, se puede leer en su blog:
http://www.hotelkafka.com/blogs/david_torres/?p=163#comments

En cuanto a la manera hispana de escribir, no sé, yo sólo soy un aficionado. Creo que en España tenemos a una especie de Mickiewicz: Espronceda, ¿no?

Gracias por tu comentario Magda.

Un abrazo.

Anónimo dijo...

Mi queridísimo Ángel, maestro:

Cómo me embarga la emoción al leerte, y sentir la tuya cuando hablas de Polonia, y de tu ciudad, Warszawa, nuestra Varsovia, que ya sabes que ambos la amamos aunque yo no fuera tan aficionada al Mercado Ruso como tú.
Ay, Ángel, qué buenos tiempos.
Rosarito

Angelus dijo...

Anónimo,
Emocionante es leer que me llames maestro. En tus palabras es un piropo, en la voz de mis alumnos (¡maeztro!) un exabrupto.

¿Por qué idealizamos tanto el pasado? Escucho a Frank Sinatra cantando "As times goes by" y me dejo seducir por la nostalgia:

http://www.ompersonal.com.ar/singinggrammar/astimegoesby.htm

"Tienes que recordar esto:
Un beso sigue siendo un beso
Un suspiro es sólo un suspiro
Las cosas esenciales tienen valor
Según pasan los años..."

Gracias por tus palabras, kochana.

el Agus dijo...

Queridos Angel y Monika.

Hace tiempo (demasiado) que no nos vemos.

Zambullirme en este blog ha provocado en mí una intensas emociones.

Es un placer leer unos comentarios de Literatura tan interesantes, y más escritos por un amigo como tú.

Y que decir de este libro que me descubres.

¡Esta semana me lo compro sin falta!

¡que grandes recuerdos de tan bello país!

Espero veros pronto, pero por el momento me conformaré con vuestra risueña foto del blog.

Un abrazo a ambos, y un brindis de vodka para Polska.

Angelus dijo...

El Agus.
Sí demasiado tiempo sin vernos; bueno, al fin y al cabo, vivimos bastante lejos ¿no? Me alegro de que por lo menos nos escribamos a través de mi blog.

Gracias por tus palabras respecto a mis entradas (la de Polonia está dando más juego que la de los libros de memorias). El libro de David Torres de verdad que merece la pena y más para alguien como tú que conoce el país. ¡Brindo por Polonia!, pero prefiero la cerveza polaca al vodka (Tyskie, por ejemplo).

Un abrazo.