FIN DE AÑO Y LISTA AL CANTO (V)

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Doy por terminada, con esta última serie, la lista de libros de memorias. Espero que os haya resultado interesante y servido de alguna utilidad lectora. No he pretendido establecer ningún canon, sino mostrar solamente mis preferencias. Si continúo con el blog allá por finales de año, prometo otra lista sobre otra materia. En fin, allá va, "la crème de la crème".

4.- Memorias, Leni Riefenstahl. Ella iba para estrella de cine; posiblemente lo hubiera sido a la misma altura de una Marlene Dietrich si hubiera emigrado a Hollywood en el momento oportuno, pero le sobraban algunas cualidades y defectos: talento, ambición, dotes de mando y, sobre todo, una fascinación por la figura de Hitler que la cegó y que, en último término, arruinó su carrera artística. De sus dotes como actriz dan testimonio las películas alemanas de las que fue protagonista, de su capacidad como cineasta quedarán para la posteridad sus filmes filonazis: testimonio de una aberración, pero de una calidad artística incuestionable (al nazismo se le puede achacar casi todo, pero el aparato de propaganda y la veta artística fueron rotundos). Un motivo recurrente recorre estas memorias: la autoexculpación de colaboración con el nazismo, algo que los tribunales decretaron rápidamente al finalizar la Segunda Guerra Mundial, pero que no impidió su inclusión en una lista negra por la que se le negó cualquier posibilidad de volver a dirigir (¡una verdadera pena!). A pesar de ello, fue una mujer indomable: se marchó a África para realizar reportajes fotográficos sobre los nuba y con 80 años llevaba a cabo documentales submarinos. Esa misma vitalidad es la que se percibe en sus memorias. En 2002 murió a la edad de 101 años. ¡Descanse en paz!

3. Contra toda esperanza, Nadiezhda Mandelstam. La mujer del poeta ruso Ossip Mandelstam, cuenta en este libro las penalidades sufridas por su marido durante la persecución estalinista, que le condujeron finalmente a la muerte. La autora juega con su nombre propio en el título (Nadiezhda es esperanza). Estremecedor relato de la purga soviética hacia la intelectualidad ( Anna Ajmátova y Marina Tsvetáieva incluidas) . A pesar del horror vivido en carne propia, el relato está ausente de ira y de revancha: las sufrimientos del gran poeta ruso y de ella misma intentando infructuosamente salvar la vida de su marido, están narradas con admirable estoicismo.

2. Adiós a todo eso, Robert Graves. Libro escrito cuando todavía era joven (33 años). Sin duda, lo más destacable es su memoria como oficial durante la Primera Guerra Mundial. Las experiencias traumáticas vividas en la trinchera y la reflexión angustiada del sinsentido de la guerra son un testimonio escalofriante y de primera mano. Parece ser que existe una versión primigenia de la obra que desconozco, y de la que el autor desgraciadamente expurgó algunos elementos, aun así, creo que se trata de un alegato pacifista modélico escrito por un gran literato.

1. La lengua absuelta, La antorcha al oído, El juego de ojos, Elias Canetti. Los tres tomos autobiográficos del Premio Nobel son la memoria viva de la Europa de la primera mitad del XX. Nacido en la actual Bulgaria, ya desde pequeño dominaba varias lenguas: el búlgaro, el sefardí (su familia provenía de España) y el alemán, lengua en la que escribiría su producción literaria, aunque el origen judeo-español estaría siempre muy presente en su pensamiento. Es acomplejante la capacidad memorística de esta hombre, al que no es exagerado calificar de "cabeza privilegiada". A pesar de la fama de su novela Auto de fe, seguramente sean estas memorias la llave que le abrieron el Nobel. Si hay que poner un pero a esta monumental obra es que el autor se nos escabulle, hay una gran ausencia en el libro, la de sí mismo: el yo narrativo no acaba de entregarse al lector.

*- El mundo de ayer, Stefan Zwieg. Me he permitido la licencia de otorgar un lugar privilegiado a esta obra, por eso está al margen numérico: es un libro fascinante y de cabecera. Judío vienés de origen burgués, Stefan Zweig da una visión nostálgica del imperio austro-húngaro que se vino abajo con el estallido de la Primera Guerra Mundial. Seguramente el escritor no fuera objetivo describiendo esa época, su posición en la atalaya burguesa e intelectual no le dejó ver muchas amarguras, pero esto no importa, la fascinación que supone la lectura de esta obra arrasa con toda consideración histórica y clasista. Para establecer un paralelismo con otra obra de arte, se asemeja el ambiente evocado a la película "Carta de una desconocida" de Max Ophüls, no en vano él mismo es el autor de la novela.

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