FIN DE AÑO Y LISTA AL CANTO (II)

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19- Por los senderos donde crece la hierba, Knut Hamsun. No es exactamente un libro de memorias, sino el diario (1945-48) de reclusión de los años que el premio Nobel noruego debió pasar por su colaboración con el invasor nazi; tras la liberación, sufrió varios internamientos hasta la resolución de su caso en los tribunales, y de ese tiempo es esta especie de diario. He leído excelentes diarios (como los de José Jiménez Lozano y, sobre todo, El cuaderno gris de Joseph Pla), pero prefiero la autobiografía: la coherencia del pasado como un todo compacto, frente al dato puntual, la cotidianeidad y espontaneidad del presente. Sin embargo, este libro no es una muestra ortodoxa del género: en determinados momentos son recuerdos lo que se nos cuenta y, además, todo el libro posee una esencia memorialística. Knut Hamsun lo escribió con 85 años, cuando el gran patriarca de la literatura noruega ya había dado todo de sí; a pesar de ello, es notable y excita la curiosidad de lo que podría haber dado a la imprenta si unos años atrás hubiera escrito lo que habría sido sin duda una excelente, por forma y contenido, autobiografía.

18- El porvenir es largo, Louis Althusser. Estas memorias surgen como explicación y justificación del homicidio de su mujer. Filósofo marxista de gran influencia, con problemas psíquicos, mató a su mujer en un inexplicable acto de enajenación mental, lo que provocó el internamiento de dos años en un psiquiátrico hasta su exculpación criminal con motivo del diagnóstico de enfermedad mental. El hecho de no haber podido defenderse en un juicio público es lo que motiva la escritura del libro. Se trata del mayor acto de desnudamiento personal que he leído.

17- Permiso para vivir, Alfredo Bryce Echenique. Voluminoso, anárquico y exitoso libro. No sigue un orden cronológico, lo que provoca un esfuerzo en la lectura, aunque salvado este escollo inicial el lector habitual puede disfrutar de las constantes en la escritura del peruano: humor, ironía, relativismo y escepticismo.

16- Memorias, entendimientos y voluntades, Camilo José Cela. La obra abarca el periodo juvenil de la estancia del autor en Madrid y la guerra civil hasta la publicación de Pascual Duarte. En líneas generales, el libro es interesante, con algunas salvedades: la primera, se trata de una suma de anécdotas y a una autobiografía hay que exigirle la trayectoria vital del que escribe; la segunda, su recuerdo como soldado de la guerra es indignante e irresponsable puesto que la narra como un episodio divertido; tercera, también me disgustan las digresiones de todo tipo y anacrónicas respecto al momento narrativo, más que nada porque no conecto por temperamento con el autor. A pesar de todo esto, insito en que el libro merece mucho la pena: es de agradecer el tono general de humor, la originalidad compositiva con la utilización de pequeños diálogos con interlocutor ficticio y la recurrencia a la publicidad y al santoral de la época. Muchos años antes de la publicación de este libro, Cela había escrito La rosa, en el que se retrotrae a su niñez: el libro adelanta las líneas generales de Memorias,... aunque, comparado con el anterior, posee el encanto de la niñez y el hecho de que no se le puedan imputar responsabilidades al niño Cela.

15- Antes que anochezca, Reinaldo Arenas. Antes que anochezca en el parque en el que el autor -homosexual y disidente cubano- está escribiendo este libro por culpa de estar perseguido por el régimen castrista. Si algo caracteriza a esta obra es que es tremendamente hiperbólica: sin dudar de las atrocidades de Castro y de sus experiencias sexuales, todo da la sensación de estar muy exagerado e hinchado. Es un libro en el que se palpa la vida, que quema, que rezuma amor por la vida (una existencia que al escritor, enfermo de SIDA, se le está escapando); quizá sea éste el motivo de su desmesura. Gran documento sobre Cuba, la homosexualidad y la enfermedad.

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