LOS PANERO REVISITADOS. Reseña de Después de tantos años (1994) de Ricardo Franco.

Author: Hutch / Etiquetas: , , , ,



Después de tantos años es inencontrable en DVD. Debo a un compañero de trabajo la oportunidad internáutica de poder verla, comentarla y, así, repasar la historia de una familia literaturizada y siniestra como pocas.

Todo empezó en 1976 con el estreno -el rodaje había empezado dos años atrás- del largometraje de Jaime Chávarri El desencanto. El mayor acto de parricidio estético de la vida cultural española tuvo lugar con la proyección de este documental, en el que los miembros de la familia del poeta franquista Leopoldo Panero -muerto en 1962- hablan del patriarca sin ningún tapujo y, al mismo tiempo, comentan sus vidas y miserias familiares. Veinte años después, el malogrado Ricardo Franco asume con valentía el reto de dirigir la segunda parte de una película icono de la transición y la cinematografía españolas (la revista Rockdeluxe la eligió como uno de los mejores filmes españoles de la historia). En el transcurso de esos veinte años, la historia familiar de los Panero ha sido una sucesión de desencuentros y calamidades, ligeramente tamizados por el relativo éxito de la poesía de dos de los hermanos: Leopoldo María (el poeta maldito, el “enfant terrible” de la literatura española) ha continuado su particular “viaje al fondo de la noche” recorriendo la geografía española de manicomio en manicomio; Michi (el menor, “un niño mono” como se define a sí mismo en El desencanto) se quemó en la vida bohemia madrileña, alcoholizado hasta la cirrosis extrema y casi la parálisis corporal; Juan Luis (el mayor, un paranoico según Leopoldo María) ha coqueteado con el suicidio en alguna ocasión; la madre, Felicidad Blanch, murió de cáncer después de un penoso y largo tratamiento; y el padre… el padre yace injustamente sepultado por el olvido y el estigma del franquismo (ignorado de la misma manera que en El Desencanto se nos hurta cualquier imagen suya, tan sólo una estatua amordazada y cubierta con la bandera española, ¡qué metáfora visionaria más triste!).

Después de tantos años es una película fallida por incoherente, pero sugestiva e hipnótica, que no se merece, desde luego, el arrinconamiento al que se ha visto sometida tras su estreno. A la estética sobria hasta la desnudez, al documentalismo y al blanco y negro de El Desencanto, Ricardo Franco le opuso el colorismo paisajístico, una estudiada puesta en escena y una banda sonora comercial y obsesiva. Sin embargo, la película se ofrece como deudora de El Desencanto: igual que en ésta, como hilo argumental se utilizan las declaraciones de los tres hermanos (consagrando así una fórmula con éxito) y son varias las secuencias entresacadas de ella.

El desencanto supuso una orgía del morbo: se asiste boquiabierto y ¿ansioso? al desgranamiento de las miserias familiares sin poder apartar la vista de la pantalla. Pero, como dice Michi, El Desencanto es Bambi si la comparamos con la película objeto de esta reseña. Ya he resumido más arriba la vida de sus protagonistas en el lapso que media entre ambos largometrajes, y es esa decrepitud la que nos muestra la película. Lo primero que se oye en el filme es a Michi diciendo: “la memoria es lo más cruel que hay en el mundo, te recuerda permanentemente que cada día estás más cerca de la muerte”. A partir de estas palabras, toda la película echa a rodar cuesta abajo en un festival de decadencias y resentimientos personales; es penoso contemplar el lamentable estado físico de los hermanos, prematuramente envejecidos: Michi, sujetándose en las paredes del pasillo de su tétrica casa para poder andar, y Leopoldo María, con una cara estragada por los excesos y la medicación, embobado mirando el objetivo de la cámara y la boca abierta en gesto de ausencia del mundo. El único que se salva es el hermano mayor, Juan Luis, paradójicamente el que en su escritura más preocupación por los temas del paso del tiempo y la muerte muestra: los años han sido más misericordiosos con él; Juan Luis ha optado por un apartamiento radical de la familia y un retiro casi monacal en Gerona, lo que seguramente le ha preservado de esa enfermedad degenerativa llamada “Panero”, pero lo que también en la película le hace más extraño y distante para con el espectador.

Las perlas que destilan los hermanos merecen figurar en una antología del derrumbe personal y el disparate: “llega un momento en la vida en la que te das cuenta que todo se ha destruido”, “en el entierro de mi madre Leopoldo había intentado resucitarla con un beso en la boca”, “este es un país necrófilo repugnante”, “me ha salido todo muy mal, tienes una mujer que te pega, ganas poco, no te pagan los artículos, vives mal, envejeces mal, te quedas paralítico, ¿qué más?, “yo y mi padre la hicimos pasar la vida más perra del mundo”, “mi madre nos condenó a todos al alcoholismo”, “nadie sabe lo atroz que es vivir con alguien que es poeta maldito, violento y loco”, “me miro al espejo y me reniego, demacrado, más feo que Picio”, “el infierno es la única realidad de la vida”.

Todas estas lindezas merecían otra estética cinematográfica: menos formal y artificosa; hay en la película un desajuste grave entre forma y contenido. ¿Qué pintan las baladas “new age” y etéreas de Loreena McKennitt y Nightnoise repetidas obsesivamente, por más que la letra de la canción de este último grupo, “Shadow of time”, haga referencia al paso del tiempo? Su inclusión como banda sonora de la película es el mayor defecto del filme, hasta el punto de resultar sumamente cargante. En la misma línea, pero en menor medida, se podría decir lo mismo del recurso al paisajismo gratuito de postal, sea de las montañas vascas o la ribera catalana. La inclusión de planos de El Desencanto, más allá del homenaje evidente, no encaja con la estética adoptada en el film. Sobran, asimismo, las secuencias tomadas de la película Frankenstein, con las que se pretende establecer un paralelismo entre el loco de Leopoldo María Panero y el monstruo del doctor Frankestein, porque, a pesar del parecido físico (¡!) entre ambos, la comparación se antoja forzada e innecesaria.

Después de tantos años merece mucho la pena y tiene logros innegables. Michi Panero como conductor y mano derecha del director es todo un acierto, ya lo fue en El Desencanto: es el personaje más humano, lúcido, desvalido y entrañable de los tres. Los “travelling” sobre los cuerpos en la ducha de Leopoldo María y, sobre todo, de Michi en la cama cual Cristo yacente, repetido varias veces, merecen figurar entre lo más escogido del cine español. Los motivos recurrentes de los planos de cementerios y las desapariciones de los hermanos en las secuencias en las que van caminando, hacen pensar en una estructura bien meditada. La sorpresa final del encuentro entre Michi y Leopoldo María en un cementerio (los tres habían puesto como condición al director no compartir plano) y su regreso juntos al pueblo leonés origen de la familia, con Michi apoyado para caminar en su hermano, emocionan hasta al espectador más insensible.

Para concluir, quiero parafrasear a Michi Panero, el verdadero protagonista de ambas películas, en el final de El Desencanto: “la saga, literaria y biológica, de los Panero parece ser que se agotará por voluntad propia en esta segunda generación de poetas. No habrá, pues, otra oportunidad de salvación para una estirpe condenada a la soledad y el desencanto.”

11 comentarios:

Ewa dijo...

¡Hola Ángel! ¡¡Interesantísimo!! Precisamente, estoy cursando una asignatura sobre el documental y estoy buscando una peli para analizar. A ver si consigo esta y la veo.
Por cierto, me encanta el nombre del blog :) Un fuerte abrazo, Ewa.

Pedro de Paz dijo...

No he visto ni El Desencanto ni ésta, pero siempre me han llamado mucho la atención las vicisitudes vitales de los Panero. Como las de Haro Ibars. El malditismo me fascina, no puede evitarlo.

Interesante reseña, Ángelus.

Abrazos,
Pedro de Paz

Angelus dijo...

Ewa, gracias por tu comentario. ¡Suerte en la búsqueda de la película!, si la consigues ya me dirás dónde. El nombre del blog, lamentablemente, no es invención mía, sino del poeta cuyo retrato colgué en la reseña, Leopoldo María Panero, quien hace una metáfora exquisita: "verso / tembladeral de sílabas", espero que me perdone el plagio.
Abrazos.

Pedro de Paz, gracias por tus palabras y ¡bienvenido! a este humilde blog. Ambas películas son extraordinarias, en el significado originario de la palabra, sobre todo, la primera. Creo que el malditismo de Leopoldo María es bastante autocomplaciente y tiene mucho de pose.
Saludos.

Anónimo dijo...

Muy interesante el blog, además el primer artículo hablas de un poeta castellano que tenía su residencia de verano en mi pueblo natalicio (castrillo de las piedras- León).
Espero poder seguirlo de vez en cuendo, aunque delas lista dse libros que pones en los siguientes post no he leíudo ninguno de ellos...
Saludos. Gaspar

Angelus dijo...

Anónimo, sabía que te iba a interesar esta entrada: recuerdo que decías que de pequeño tirabas piedras a la casa de los Panero. Gracias por tu comentario y tus palabras, serás siempre bienvenido por este blog (eres el primer "vayatelero" en participar).
Un abrazo, Gaspar.

Licantropunk dijo...

Aquí está. Sí señor. Muy bueno: mejor que mi post, je, je.
Ahora que te leo, creo que fui un poco duro con Ricardo Franco. Supongo que "El desencanto" me gustó tanto, me pareció tan buena, que "Después de tantos años" me defraudó bastante (en la primera el 'morbo' se intuía mientras que en la segunda era más fácil).
O sería que el verdadero desencanto fue contemplar el triste destino de tres juventudes perdidas.
Me ha gustado mucho tu reseña.
Saludos.

Angelus dijo...

Licantropunk, aunque he tardado más de un mes en responder a tu comentario (debido a que acabo de leerlo: las entradas antiguas no las suelo revisar), debo darte las gracias por tus alabanzas; ya sabes, que esta entrada está inspirada en una tuya.

Saludos (retrasados)

alicia dijo...

Hola Angel. Acabo de encontrar tu blog por casualidad buscando unas cosas de Leopoldo María. Coincido contigo en cuanto a las dos películas que vi hace muchos años (mi marido las tenía en VHS) y que estoy intentando encontrar en DVD. ¿Me puedes decir algo de "La Estancia Vacía"? (que por cierto, tampoco encuentro). Un abrazo

Angelus dijo...

Alicia, ¡bienvenida al blog! De ese documental del que me preguntas no sé nada porque no lo he visto. La única información que puedo darte es que mañana se preestrena un documental sobre Leopoldo Panero: "Los abanicos de la muerte" de Luis Miguel Alonso Guadalupe, rodado en Astorga y Madrid.
Saludos.

Betina Fernández Mattio dijo...

Salgo de la Filmoteca de ver El desencanto.. Me ha parecido una ola que me arrasatró hasta dejarme aturdida en la orilla.Por eso, si bien proyectaban a continuación Después de tantos años, necesito digerirla.. Espero poder encontrarla. Hoy era el ultimo passe de "Despues de tantos años".. Excelente tu crónica.gracias

Angelus dijo...

Betina, ¡gracias! En mi recuerdo se engrandece la película. Sesión doble para tomárselo con calma. Saludos.