"Deep love". Jan P. Matuszyński

Author: Angelus / Etiquetas: , ,


Con la frustración y rabia no contenidas de que una de las seis películas, Rascacielos flotantes (precisamente aquélla en la que tuve alguna responsabilidad en los subtítulos), que el Instituto Polaco de Cultura ha ofrecido a la Filmoteca de Andalucía no se proyecte en Sevilla, mientras que en Córdoba -sede de la institución y con menos de la mitad de población que la capital hispalense-, se hayan emitido todos los filmes y alguno en más de una ocasión, doy comienzo a las reseñas del ciclo de cine polaco contemporáneo que tres lunes de enero y febrero se proyecta en CICUS.

Deep love es un documental y su estética corresponde rigurosamente a este género cinematográfico. Esta declaración de intenciones debiera haber sido leída previamente por aquellos que protagonizaron una espantada de la sala en los primeros quince minutos del filme y haberles servido como aviso para navegantes de agua dulce. La obra se centra en la vida de Janusz Solarz, "Soley": antiguo profesional de éxito, experto buceador y docente, quien sufre, en enero de 2009, una embolia cerebral a causa de una hipertensión no tratada. Conocemos a Janusz con cincuenta y ocho años, en su etapa postictus, con dificultades motoras y una insuficiencia oral casi total para pronunciar mensajes coherentes; sin embargo, estas minusvalías contrastan con una cara bronceada y una sonrisa perenne; su rostro irradia fuerza y optimismo vital. Es cierto que mantiene a su lado a una pareja, antigua alumna de buceo, que está constantemente pendiente de sus actos, que sus amigos lo ayudan y aprecian y que se deduce una cierta independencia económica -ello no es óbice para que en su página web solicite ayuda monetaria de cara a la necesaria rehabilitación- para poder viajar y dedicarse a su pasión favorita: la inmersión a grandes profundidades; actividad que le devuelve a la vida activa y que casi no supone para él obstáculo alguno.

A excepción de una mínima retrospección que da cuenta de una entrevista televisiva cuando Janusz estaba aún en plenitud física, la película alterna las inmersiones acuáticas, la rehabilitación y la vida en común con su preocupada pareja, Joanna Hereta. El comienzo in medias res y una cámara nerviosa no facilitan el visionado de una obra ya de por sí alejada de los intereses comerciales patrios. Aquellos para los que el comienzo se convirtió en un obstáculo insalvable, debieran lamentar por siempre haberse perdido una obra más que estimable, con una fotografía y un sonido, raro esto último en el cine polaco, encomiables; escuchar los intentos elocutivos del protagonista exige una fuerte dosis de empatía con el personaje, que se suple con la beatitud que desprende su rostro. Si algo rechaza en la película quien esto escribe es la actitud paternalista y de aguafiestas de la pareja (pareciera la antagonista, la mala de la película). 

Ni valoro, ni me interesa el mensaje vital de superación personal de las limitaciones físicas que se desprende del filme, sino sus cualidades narrativas y estéticas y he de decir que el realizador se ha embarcado en un viaje arriesgado, con un protagonista casi mudo, y ha salido a flote. Las últimas secuencias silentes del objetivo logrado por Janusz, buceando a sesenta metros de profundidad en el Blue Hole de Dahab (Egipto), bien valieron la asistencia al acto en una tarde-noche sevillana de perros, y pese a una copia facilitada de la película que mantenía un subtítulo doble: inglés y español -en impremeditado ejercicio multilingüístico-, hurtando una parte considerable de espacio a la pantalla.

video

"Leviatán". Andréi Zvyáguintsev

Author: Angelus / Etiquetas: ,


Leviatán, el monstruo marino creado por Yahvé, es el símbolo de la sociedad rusa postsoviética en el filme homónimo ahora en cartel y hace poco a concurso en el Festival de Cine Europeo de Sevilla. Una sociedad caciquil y corrompida desde la base de sus poderes fácticos: policía, justicia e iglesia. Esto es lo que denuncia en su película el director Andréi Zvyáguintsev, y para ello toma como punto de referencia el microcosmos de una localidad costera y la desgraciada peripecia de Kolia: un pobre hombre, mecánico, casado en segundas nupcias con un bella mujer y con un hijo de su primer matrimonio. En pocos días, Kolia se ve despojado de su casa, de su libertad  y de su esposa; las dos primeras ausencias, por la voracidad del alcalde -el cacique local-; la mujer, por las consecuencias de una infidelidad protagonizada por un antiguo amigo llegado desde Moscú para asistir al protagonista en su infructuosa defensa jurídica.

Es en esa imbricación entre lo público y lo privado donde hay que buscar la base argumental y narrativa de esta bella y perturbadora película: la lucha de un insignificante obrero contra todo un sistema, pero también su drama sentimental. El director apoya esa dualidad con una alternancia rítmica de secuencias, pero con una constante estética: elegantes movimientos de cámara y encuadres precisos (aquí hay un director que sabe planificar las escenas y buscar el ángulo mejor desde el que filmar). Los personajes mejor configurados (e interpretados) de la película no son los que protagonizan el tormentoso triángulo sentimental, sino los del alcalde, inmenso el actor Roman Madjanov (su ausencia hacia la mitad del filme hace que se resienta el interés de la obra) y la esposa del amigo policía (reflejo del matriarcado eslavo). Las espectaculares imágenes del entorno de la localidad, reforzadas por una premiada fotografía, ofrecen apoyo dramático a la historia.

Muchos espectadores guardarán en la retina la imagen del esqueleto de la ballena varada del cartel del filme, pero uno destaca sobre todo la secuencia de la excavadora que destruye la casa de Kolia, filmada de frente y con una tremenda pala-boca que devora, cual monstruo, toda una existencia reflejada metonímicamente en la vivienda. Otro monstruo se erige como lo más condenable moralmente del filme: la iglesia ortodoxa rusa, cómplice y beneficiaria, a la postre, del crimen: esa secuencia final del nuevo edificio religioso, construido sobre el terreno de la casa usurpada, resulta sangrante.

Y un elemento omnipresente y embrutecedor: el alcohol, el temible vodka ruso, herencia evasiva de la era soviética, y del que una generación entera aún no ha podido escapar.

Magia a la Luz de la Luna

Author: Angelus / Etiquetas: ,


Woody Allen continúa fiel a sus obsesiones. En ésta su entrega anual da cuenta de los locos años 20, del emergente jazz y del mundo galante de Scott Fitzgerald. Pero, ante todo, el filme es un homenaje silente al musical My fair lady, de George Cukor, del que toma la carcasa para la trama amorosa y los personajes principales: el maduro gruñón instalado en el pedestal de la sabiduría escéptica y la misantropía, la humilde joven arribista que engaña a la alta sociedad, el pretendiente bobalicón y el compadre que abre los ojos del protagonista, en esta ocasión en versión femenina. Todo ello envuelto en el mundo de la magia y el espiritismo (lo más endeble del filme) que hicieron furor a comienzos del siglo pasado. Colin Firth da réplica con elegancia a Rex Harrison, pero le falta el toque creíble de ironía de éste; Emma Stone carece del glamour de Audrey Hepburn y resulta ridícula en sus trances místicos, aunque se esfuerza en dotar de verosimilitud a su personaje.

La película brilla por una estética suntuosa, similar a la de Medianoche en París (al igual que ésta, parece también que Allen fuera ofreciendo pistas culturales para espectadores avezados): fotografía refulgente, vestuario impecable y exteriores con encanto. El rimo narrativo es trepidante, lo que unido a lo exiguo del metraje, convierten su visionado en un pasatiempo ameno y de efecto terapéutico.

Rematando el año. Lo mejor de 2014

Author: Angelus / Etiquetas: , ,


Ida, Ida, y otra vez Ida. El despertar emocional de una novicia y la memoria antisemita polaca ocultaron con su manto de nieve en blanco y negro la exuberancia colorística del resto de películas (¿y el arte?) de este agonizante año.

Una bella y dolorosa historia de amor tamizó con fortuna el conflicto árabe-israelí en Omar.

Wes Anderson dio otra vuelta de tuerca a su universo creativo naif, esta vez con el referente de Stefan Zweig, en El gran hotel Budapest.

No lo mejor, sino de lo peor del año fue la lamentable pérdida de un actor monstruoso, por devorador de planos: Philip Seymour Hoffman.

El cine español se salió de madre. Los ocho taquillazos vascos reventaron los tópicos y la simpleza argumental patrios. Menos mal que la creatividad artística norteó las obras de dos directores del sur, los sevillanos Alberto Rodríguez y Paco León, en la cima momentánea de su arte: La isla mínima y Carmina y amén.


No ha sido un bueno año "javieril": ni el solipsismo de Javier Marías, ni la non-fiction de Javier Cercas confirmaron sus respectivas obras precedentes. Uno, más bien, se dejó encandilar por la desmesura novelística de El jilguero, obra amasada de nostalgia y pintura.

Nos vemos allá arriba de Pierre Lemaitre fue una más que digna conmemoración narrativa del aniversario bélico. El éxito francés a veces depara alegrías.

Szymborska regresó de entre los muertos traída de las manos de Abel Murcia y Gerardo Beltrán: Hasta aquí.

2014 recuperó la mejor versión de David Torres: Todos los buenos soldados (Gila en Marruecos) y Lorenzo Silva: Los cuerpos extraños (A Bevilacqua y Chamorro les salen canas). Ambos en la estela del noir.


Peter Hammill, esta vez acompañado del guitarrista Gary Lucas, continúa la prédica de arte y ensayo en el desierto mediático del rock: Other world.

Angus y Julia Stone, con su falsa querencia indie, acariciaron los oídos de los degustadores de folk-pop con su disco homónimo.

Basia Bułat desbordó la Sala Fun Club sevillana de simpatía, sencillez, virtuosismo instrumental y buenas canciones en un concierto versión solo.

Ravi Coltrane confirmó sobre el escenario del Teatro Central que los genes saxofonísticos no están echados a perder.

El noruego Jacob Young demostró sapiencia jazzística reclutando al trío polaco de Marcin Wasilewski.

"El niño", Daniel Monzón

Author: Angelus / Etiquetas: , ,


Daniel Monzón no parece un director español. Quizá por ello sería su nueva obra la más indicada para optar a los Óscar de la próxima edición y, así, nuestro cine podría resarcirse de tanto fracaso consecutivo (¿alguien recuerda cuál fue la última película española seleccionada por la Academia de Hollywood?). Su trayectoria cinematográfica da cuenta de un director que se va apropiando de diversos géneros/formatos y construye una obra con oficio y técnica, sin sorpresas, pero de buena factura. ¿No era esto lo que hacían los maestros del Hollywood dorado? A Monzón sólo le falta, en este sentido, un melodrama, aunque los tiempos no están, lo entiendo, para excesivas florituras.

El niño narra una trama policial con el trasfondo del tráfico de drogas en el Estrecho. Dos líneas argumentales -si bien es cierto que relacionadas y que confluyen al final- pugnan por llevarse la parte del león y ahí está precisamente su debe, en el guion: la historia de los policías acaba minimizada, cojea por falta de introspección (sí, "el personaje de Tosar está desaprovechado", es la tesis que rondará por la cabeza de muchos espectadores), mientras que la de los maleantes se hipertrofia, demorándose en una historia de amor empalagosa y rodada con excesiva premiosidad. Nadie podrá negar, sin embargo, que las escenas de acción son emocionantes y tienen una factura que no envidia nada a cualquier producto de mercadotecnia americano -aquí enlazo con el primer párrafo-, pero más afines al espíritu español, obviamente. Jesús Carroza se destaca como la estrella de la película: es cierto que no necesita actuar, que es su papel de siempre, pero ésas eran las críticas que recibían John Wayne y Cary Grant, ¡ahí es nada! En su contra, también, el afán cargante por reproducir el acento andaluz (colmo la entrada con otra interrogación retórica: ¿nadie ha pensado seriamente en incluir subtítulos?). Asimismo, la banda sonora no es, precisamente, un prodigio de sutileza.

Licantropunk da cuenta en su blog de la película con más perspicacia, como siempre, de la que yo pudiera hacer gala.

Lecturas veraniegas

Author: Angelus / Etiquetas: , , , ,

  • Victus, Albert Sánchez Piñol. Ahora que el Instituto Cervantes le ha hecho publicidad gratis al autor revocando una charla sobre su libro en Utrech, es buen momento para rescatar esta novela de 2012. La obra suya que prefiero con mucho es La piel fría, un prodigio en la estela de Solaris con una temática "lovecraftiana". Victus, por su parte, se inscribe en el género histórico al modo galdosiano: protagonista ficcionalizado, aunque con base real, inmerso en la vorágine histórica, en este caso, el asedio de Barcelona durante la Guerra de Sucesión. No entro en las verdades de la Historia, ni me importa, sino en la verdad literaria, y la extensa obra es verosímil, además de incluir grandes dosis de parodia para ambos bandos contendientes.
  • El canto de la sirenas, Eugenio Trías. Monumental obra sobre la música clásica. El filósofo le puede al divulgador, lo que convierte este ensayo en especializado por la terminología y las referencias utilizadas. Se trata de una colección de artículos sobre las principales figuras, según el autor, de la música clásica. Cuestionable cuanto menos es la ausencia de algunos autores clave, puesto que la tesis de Trías es que sólo lo innovador merece la pena. Asimismo, resulta chocante algunas analogías con determinadas obras cinematográficas, con las que el autor pareciera querer rebajar el tono del texto y acercar sus reflexiones al lector común.
  • Todos los buenos soldados, David Torres. Afortunadamente hemos recuperado al autor madrileño, después del descalabro de Punto de fisión. A David Torres se le atragantan las empresas de altura: ni El mar en ruinas (parodia de la Odisea), ni la antes referida, resultan obras acertadas puesto que pecan de exceso en sus pretensiones. La ahora minirreseñada cuenta un episodio de la larga guerra de Marruecos, esta vez en plena época franquista y con Gila como secundario de lujo. Las bases de novela negra y costumbrismo -donde David se desenvuelve como gato panza arriba- permiten que la novela se configure como un texto notable, que envidia poco a El gran silencio o Niños de tiza.
  • Recuerdos de Gustav Mahler, Alma Mahler. La famosa "devoradora" de artistas cuenta los recuerdos de la vida que compartió con el insigne compositor y director de orquesta. Destacan tanto la admiración por el artista, como el cuestionamiento del hombre privado. La amargura de su puesto secundario se va trasluciendo poco a poco en el avance de la lectura. Aun así y a pesar de que sus recuerdos haya que ponerlos en cuarentena, es un libro de memorias interesante, escrito con soltura.
  • El ruido eterno, Alex Ross. Imprescindible libro sobre la música del siglo XX, especialmente la clásica. Con ánimo divulgativo, el autor no escatima los tecnicismos musicales, a la vez que ofrece una visión coherente de la música y sus protagonistas para aquellos que deseen iniciarse. La implicación entre lo culto y lo popular es la vía que el autor explota para la viabilidad de la música clásica en el futuro y la recuperación de su valor otrora.

Toni Cantó ante Rajoy. Microrrelato

Author: Angelus / Etiquetas: , ,

Mariano Rajoy estrecha la mano de Pedro Sánchez en el Palacio de la Moncloa. AFP. 28/07/2014

"Cuando llegó era un niño delicado, / no quería mancharse / jugando en el descampado. / Era un tipo legal, / un amigo, un aliado." (Manuel Raquel, Tam Tam Go!)

Se presentó en la Moncloa radiante. Plantando cara a las cámaras e insultantemente joven y apuesto, exhibía una sonrisa de campaña presidencial norteamericana y venía dispuesto a insuflar vida a esa rosa desmayada e intubada por el científico de la calva y la barba rala. El otro, tranquilo, avezado en esto de los advenedizos, no tuvo más remedio que estrechar su mano en el rutinario gesto para la prensa, pero su mirada, aun en escorzo, lo delataba; un asomo de duda, de perplejidad, azotaba su gesto de gallego: "¡Manda carallo! Me anuncian al nuevo jefe de la oposición y me doy de bruces con el petimetre de Toni Cantó".

"Llenar el vacío", Rama Burshtein

Author: Angelus / Etiquetas: ,


Malos tiempos para Israel. Pero, ¿acaso lo han sido buenos alguna vez? A las condenas más o menos oportunistas de la campaña antiterrorista iniciada hace algunos días en Gaza, se suma, en materia específica de este blog, la casi coincidencia en la cartelera de sendas películas de los bandos enfrentados, la palestina Omar y la israelí Llenar el vacío. Si la primera trasciende el enfrentamiento armado para ofrecer un mensaje intemporal sobre la problemática de las relaciones personales y los sentimientos humanos, la segunda tiene una malsana ideología centrípeta: no existe nada más allá de la comunidad ultraortodoxa jasídica alrededor de la que gira la totalidad de la trama del filme y a la que pertenece asimismo su directora, Rama Burshtein.

La protagonista, Shira, es una joven judía a la que intentan convencer para que se case con su cuñado, tras enviudar repentinamente éste de su joven esposa, hermana de Shira. La boda resolvería el problema del cuidado que requiere su primogénito y la marcha del viudo a Bélgica, donde tiene concertado otro matrimonio. Pero esta solución no tiene en cuenta los anhelos de la joven, quien ve cómo de pronto su prometido, de la misma edad, la repudia. La hora y media de metraje de la película es una constante agonía interior de la chica, escindida entre sus deseos y su obligación, a la vez que un documento folclórico de las costumbres de la comunidad hasídica a la que pertenecen todos los personajes del filme.

El problema de la película no radica tanto en el credo subyacente; al fin y al cabo, la pertenencia a determinados grupos sociales, aunque intransigentes, es muestra de una decisión vital perfectamente respetable, como en la estrechez de miras, el continuo contemplarse el ombligo y una estética irritante: frenesí de planos medios cortos, puesta en escena claustrofóbica y una fotografía que pretende elevar el color blanco tipo Ariel a la categoría de arte -véase el cartel-; elementos que alejan a este espectador y le provocan rechazo. Ni siquiera la sobrevalorada interpretación de Hadas Yaron como Shira, premiada en Venecia, amortiza el precio de la entrada. Sí, parafraseando fácilmente el título, es difícil llenar el vacío que implica el visionado de esta obra.

"Omar", Hany Abu-Assad

Author: Angelus / Etiquetas: , ,


Si alguien hubiese querido apreciar significativamente por medio del celuloide -al margen de calidades estéticas- cuál es la situación de desamparo de los palestinos en la Cisjordania árabe no debiera haber dejado escapar la proyección de la película canadiense Inch´Allah de Anaïs Barbeau-Lavalette hace, por estas fechas, un año. Ahora bien, que nadie en este momento pretenda tal cosa con el filme palestino Omar de Hany Abu-Assad, actualmente en cartelera. La nacionalidad de la obra no deja lugar a dudas sobre el lado del que se inclina la balanza de simpatías en el conflicto, sin embargo, el director ha sabido escapar a la tentación panfletaria, para centrar su película en un drama personal de amores, traiciones y fidelidades. Por esto, es digno de aplaudir su filme y, por esto, va a escapar a la coyuntura temporal y quedar en la retina de los degustadores de buen cine, más allá de tesituras ideológicas y circunstancias históricas mutables.

Omar es un joven panadero palestino enamorado de la hermana del cerebro de una pequeña célula terrorista latente, de la cual él mismo también es miembro. Para ver a su joven amada, debe arriesgar la vida salvando el muro israelí que separa sus localidades. Con la sangrienta entrada de la célula en acción, se desencadena el verdadero conflicto de la obra: es entonces cuando aparece en escena el jefe judío de los servicios de inteligencia, motor de la tragedia (y posterior venganza) de Omar y motivo último de su drama personal; la presencia de un traidor árabe que delata ante los judíos a sus compañeros y la intriga de su descubrimiento no son esenciales, la película no es una obra de espionaje ni un thriller. Con el apoyo de una pareja de protagonistas jóvenes, bellos y muy naturales en su interpretación, el director estiliza la puesta en escena y la fotografía lo justo para crear una obra de arte, no un mero documento histórico; además, el simbolismo de algunas escenas (en la celda de aislamiento o la ascensión repetida del muro) teje una red interpretativa múltiple para un receptor perspicaz.

Las elipsis extrañas, las mutaciones injustificables en la cara del protagonista y un enredo demasiado "enredado" del supuesto thriller, no deberían quitar mérito a una obra cuajada. Tampoco es mérito mío descubrirlo, los premios y nominaciones ya avisan de ello. El año ya ha deparado dos obras maestras: la polaca Ida y ésta, todo lo que venga después será un añadido grato. El centro de gravitación cinematográfico se sitúa, de momento, en el extrarradio. ¡Ah!, un aviso para navegantes: el final, aunque previsible en su instante postrero y crítico, sacude el ánimo del espectador como un latigazo.

Relato familar

Author: Angelus / Etiquetas: ,


DUELO

Siento que alguien camina a mi lado, que sube conmigo las escaleras, que permanece de pie mientras duermo, mirándome desde lejos para no perturbar mi descanso. No es una presencia notoria, es, simplemente, un hálito de la noche que se cuela en mi habitación, una nube que cruza mi espacio durante el día, una y otra vez. No creo en fantasmas; lo que no atrapan los sentidos no existe en mi vida, así que supongo que todo esto no es sino producto de mi cerebro que recibe a manos llenas las sustancias químicas de los medicamentos.

Desde que murió mi marido y la casa se quedó medio vacía, la tristeza se adueñó definitivamente de mí y me convertí en su marioneta. Levantaba un brazo porque él me lo pedía, cogía una taza vacía que después volvía a colocar en su sitio, abría los ojos sólo para mirarlo a él. Así estuve durante más de un mes hasta que una familiar lejana, Domi, vino a verme y, casi sin mediar palabra, metió algunas de mis cosas en una pequeña bolsa de viaje, me montó en su destartalado coche y me llevó a su casa del pueblo. Es una persona muy habladora, pero, por fortuna, no exige que le prestes atención. Eso facilitó mucho las cosas; no hubiese podido soportar las frases de consuelo que suelen decirse en estos casos, los ánimos repetidos que me hubieran llevado a un más profundo desaliento.

Lo del médico vino después. También fue Domi quien me animó a ir. Las consultas quincenales resultan bastante tediosas, siempre las mismas frases repetidas hasta el agotamiento: Es un proceso normal, hay que pasar por un periodo de duelo, es conveniente que usted comparta sus sentimientos con otras personas que han pasado por lo mismo. Me gustaría decirle que sólo voy a su consulta por las recetas de las pastillas, que el duelo ha formado parte de mi vida desde hace bastantes años, pero no quiero ser descortés con alguien que hace su trabajo lo mejor que puede. Al comienzo del tratamiento me sentía aturdida y aun más desganada, pero, poco a poco, he ido percibiendo que algo se fortalecía en mi interior y que vuelvo a interesarme por cosas que creía olvidadas, como caminar al lado del río durante el atardecer o coser; también mirar la colección de flores secas que fui atesorando desde que mi hermana Ángeles, el único miembro viajero de la familia, me regaló un ramo hecho por ella misma. Desde el principio me di cuenta de que todas estas actividades placenteras para mí, lo eran  antes de mi boda con mi difunto esposo, y que las fui abandonando al poco de casarnos, al mismo tiempo que llenaba el espacio y el tiempo que ellas dejaron con la rutina de las tareas en casa, las sesiones de televisión nocturnas, que a él tanto le gustaban, y las visitas a los familiares durante el fin de semana. Dejé de caminar y mi cuerpo adquirió la forma de una rueda deshinchada.

La vida en casa de Domi es apacible, sin sobresaltos. Ella trabaja por las mañanas hasta las tres y yo hago la comida, algo que no me disgusta en absoluto, más bien al contrario, me divierte pensar en el menú del día siguiente y, mientras cocino, puedo  pensar en otras cosas,  poner en orden mi mente  y mis deseos, imaginar cómo será mi vida en un futuro no muy lejano. Cuando estamos juntas hablamos mucho y nos entendemos a la perfección: no exigimos que la otra haya entendido sus palabras; de noche, me tranquilizo escuchando en silencio cómo el corazón del pueblo va latiendo cada vez más despacio hasta alcanzar el ritmo lento y la respiración  suave del sueño.

Algunas tardes nos sentamos cada cual en su sillón, una frente a la otra, con un vaso de zumo en la mano, y recordamos en voz alta nuestra infancia, nuestros juegos en la solana durante el invierno, los largos veranos en los que el pueblo se llenaba de forasteros, de una tropa de niños con los que poder jugar al escondite. A veces nos quedamos en silencio; entonces es el momento de poner cerco a los recuerdos, porque pueden escaparse por prados ajenos a su tiempo y ocuparlos por completo. Cuando esto ocurre, me levanto, voy a la cocina y hago la comida para el día siguiente.

Ayer el psiquiatra me dio el alta. Me siento como un árbol al que le hubiesen quitado las ramas secas, quebradas, y volviera a mostrarse fuerte, dueño de su espacio. He comprado una bicicleta para salir a pedalear por las tardes; me enteré de que hay una agradable ruta por las afueras, a los pies del monte, entre castaños y nogales. Un conocido de Domi me ha dicho que, si quiero, él puede acompañarme algunos días para que no vaya sola. Intuyo que pretende algo más de mí, y eso me asusta; una nueva vida compartida, con las ataduras y sacrificios que trae consigo, no entra en mis nuevos planes de vida. Le he agradecido su ofrecimiento, mientras pensaba en que yo jamás estoy sola, porque ese aliento constante me acompaña aún a todas partes.

Ofelia, un haiku y Peter Hammill

Author: Angelus / Etiquetas: , ,

John Everett Millais, Ophelia. 1852

Canto concluido.
Ofelia entrega el cuerpo 
al río amante.

That token drag on your cigarette,
That well-known face in the fire,
It could be someone you can't forget,
Someone you've learnt to admire.
And it's strange...
How the feeling goes;
All change-
Down the river Ophelia goes.
You're treading water, the price is steep,
You say you'll cope with it all;
You've made some promises you can't keep,
You throw yourself against the wall.
You throw yourself against the wall.
You throw yourself against the wall.
And it's strange...
How the feeling goes;
All change-
Down the river Ophelia goes.

You heard a noise in the firegrate,
You look to see who goes there -
It's just the stranger, he's come too late
And even he's unprepared
To find the cupboard so bare
Ophelia goes
All change-
Down the river Ophelia goes

It´s so strange...
When Ophelia goes
All change-
Down the river Ophelia goes

It's so strange...
Down the river.
Peter Hammill, Ophelia. 1981

"Los cuerpos extraños", Lorenzo Silva

Author: Angelus / Etiquetas: , ,


Octava entrega ya de las aventuras de esta particular pareja de guardias civiles, Rubén Bevilacqua y Virginia Chamorro, quienes han visto cómo el tiempo va ascendiendo su graduación y sumando miembros al equipo investigador. El centro de operaciones se ha trasladado esta vez a Valencia, icono patrio del despilfarro en época de vacas gordas y de las corruptelas generalizadas. Lorenzo Silva, siempre atento a la actualidad, se centra en la corrupción urbanística en un ayuntamiento de la zona; de ese mundo malsano es de donde proviene el asesino -creo que no destripo la trama- de la alcaldesa Karen Ortí Hansen, mujer de rectitud probada en cuestiones de moralidad pública, pero laxa en su vida íntima (la herencia luterana materna justifica para el narrador esta paradoja).

Lorenzo Silva se preocupa por dotar de vida más allá de la novela a sus protagonistas. Entre entrega y entrega, la pareja de guardias civiles sufre el transcurrir inexorable del tiempo y la vida les deja huella, en especial, a Chamorro, que arrostra un drama personal del que sólo casi al final de la obra le hará partícipe a su compañero. El lector asimismo se percata de que la vida alrededor de Vila también muda: su hijo se hace mayor y una amante extraída de su vida profesional alivia puntualmente las necesidades físicas y afectivas. La pareja envejece a la par que sus lectores y mientras leemos estas líneas, Vila y Chamorro serán presas de avatares diarios de los que Lorenzo Silva estará muy atento para extraer lo más significativo. ¿Ese avance vital supondrá por fin la unión sentimental de ambos, ya preludidada desde los orígenes de la serie y tan esperada por sus ávidos lectores? Me atrevo a aventurar que sí: el escritor no demorará por mucho más tiempo dar gusto a esta ansiedad lectora.

Lorenzo Silva ha pretendido en Los cuerpos extraños mantener la intriga hasta casi el final del libro, sin embargo, un lector asiduo de sus textos periodísticos, así como un mero conocedor de las inquietudes del escritor madrileño no se deja engatusar fácilmente por el juego al despiste que lleva a cabo el novelista. El culpable del asesinato no puede ser otro más que alguien relacionado con la corrupción urbanística, y no precisamente aquel a quien apuntan todos los indicios, por simple cuestión de estrategia narrativa. ¿Tara de la novela? Creo que no: en las "simples" novelas de intriga detectivesca (Agatha Christie) esta cuestión pueda que sea el núcleo en torno al cual gire toda la obra, pero en una novela de serie negra genuina, la trama está puesta al servicio de un engranaje social viciado que se pretende poner de manifiesto, cuando no denunciar literalmente. Y esto es lo que sucede con la obra: la España del pelotazo pone sobre el tapete el cadáver exquisito de una danesa que pretendió reformar a pequeña escala la manera de hacer política.

Si algo chirría en esta novela es un "defecto" que ya se venía apuntando desde la magnífica La estrategia del agua -obra culmen de la serie para quien esto escribe-, a saber: el ingenio verbal del brigada de la guardia civil en las réplicas de los diálogos es excesivo, la causticidad "bevilacquense" es ya un rasgo de estilo, pero deja una impronta en la lectura de inverosimilitud y caracteriza al protagonista como un ser que se acerca peligrosamente al precipicio del pedantismo. Lorenzo Silva debiera vigilar este aspecto en la construcción de su personaje porque a poco que se descuide puede hacer irritante y cargante a su protagonista, con lo que el edificio textual podría desmoronarse desde el cimiento del investigador, clave en la configuración de una novela negra. Para decirlo con otras palabras: hay demasiado del escritor en su personaje; la inteligencia y la cultura -innegables- de Silva (véase la semejanza sonora con Vila) se reflejan en exceso en el guardia civil, quien da la impresión de querer compensar un complejo económico y de escalafón con el bagaje cultural y la agudeza verbal.

Donna Tartt, "El jilguero"

Author: Angelus / Etiquetas: , ,


Una obra sobre la aflicción por la pérdida del ser querido, sobre cómo un adolescente, a raíz de un desgraciado accidente, va dando bandazos a lo largo de su vida hasta al final encontrar la redención social y la reconciliación personal. Eso es la monumental novela El jilguero de Donna Tartt, quien ha sabido conjugar la "alta" y "baja" literatura, el aplauso crítico y el éxito de ventas, la introspección psicológica y la novela río sui géneris, las reflexiones culturales y el placer de leer una historia bien contada. No sé si las alabanzas de Stephen King le han hecho un favor a la autora o si bien las prevenciones estéticas que pudiera despertar el famoso autor de "best sellers" transmutan la laudatoria en veneno; en todo caso, este primer clásico del siglo XXI engatusa al lector con su pericia narrativa.

La mayor parte de la novela es una gran retrospección hecha por el protagonista, Theo Decker, desde un hotel de Ámsterdam, que pretende justificar el estado de confusión y alienación en el que se encuentra, y que tiene su arcano germen en la pérdida de la madre en un atentado terrorista acaecido en un museo neoyorquino. A raíz de ese hecho luctuoso, el protagonista recorre dispares núcleos familiares, compensando el débito afectivo con la amistad, el amor platónico, el alcohol y las drogas. Hasta la entrada en la Universidad y mientras Theo es joven, la novela atrapa por su conjunción de narración y autorreflexión vital, pero a partir de ahí, se producen extrañas elipsis (como si la autora se hubiera dado cuenta de que su obra iba camino, no de las 1.100 páginas que finalmente encierra, sino del doble, y decidiera darse prisa por hacer madurar a su personaje). El aire "dickensiano" de ese Theo joven es innegable y traerlo a colación no tiene ningún mérito, aunque sí es obligatorio para poner de manifiesto el simpático vagabundeo de pillastre del protagonista.

El texto tiene su particular "macguffin": el robo que hace el niño Theo Decker del cuadro de Carel Fabritius de 1654 El jilguero -reproducido al final de la entrada-, aprovechando el desconcierto policial tras el atentado antes citado e instigado de alguna manera por la alabanzas que del mismo le había hecho su madre antes de fallecer (poseer el cuadro se convierte así en una manera de conjurar a la muerte). La difícil guarda que debe llevar a cabo Theo, la búsqueda policial y sus implicaciones mafiosas, aportan al texto gotas de intriga y suspense, a la vez que dan pie a reflexiones culturales.

"Los huesos olvidados", Antonio Rivero Taravillo

Author: Angelus / Etiquetas: , , ,


La primera incursión de Antonio Rivero Taravillo en la novela apuesta sobre seguro: cimientos ensayísticos -no en vano el autor es biográfico de reconocida solvencia-, continuas referencias poéticas -Luis Cernuda, Octavio Paz...-, aprovechamiento del aniversario del Premio Nobel mexicano, antecedentes exitosos en el juego narrativo ficcional que toma como base a personajes reales de la guerra civil -Soldados de Salamina de Javier Cercas y Enterrar a los muertos de Ignacio Martínez de Pisón- y descripción de espacios sobradamente conocidos por el melillense -México y Sevilla-, nos ponen sobre la pista de un compendio de materiales con los que Taravillo ha pergeñado su artilugio narrativo y que sabe manejar con sobrada soltura dado su bagaje libresco.

La obra parte de la ficción: el autor se inventa a un personaje que investiga la vida del militante del POUM, desaparecido durante la guerra, Juan Bosch, este sí con base escrupulosamente real. Dicho personaje creado de la nada es su propia hija, Encarna Expósito -docente de secundaria prematuramente jubilada-, quien viaja de España a México en pos de las huellas de un casi desconocido para ella padre, recorriendo, así, el bumerán espacial que caracterizó las andaduras de Bosch huyendo o "huyéndole" de las vicisitudes políticas de la época. Encarna finalmente acaba escribiendo, con los materiales recogidos de diferentes fuentes, su particular versión de los años finales paternos; esta narración es la que nutre la segunda parte, la menos interesante y más apegada a la Historia, de las tres en las que se divide la novela. En la primera, conocemos a Encarna en su viaje a México para entrevistarse con unos decrépitos Octavio Paz y Elena Garro, ambos bien conocedores de su padre, incluso el Nobel amigo de Bosch ya desde la infancia. En la tercera parte de la novela, el narrador se centra en Encarna en dos momentos temporales y espaciales diferentes, los cuales intentan una doble justificación: la de la búsqueda de sí misma en la que a la postre se han convertido sus pesquisas y, por otro lado, el subjetivismo con el que ha escrito algunos pasajes.

Más allá de la denuncia política de la persecución ejercida "por" los comunistas (esa preposición es clave poética e ideológica en la novela, como percibirá el lector) en la retaguardia republicana, la obra llama la atención ante todo por dos aspectos: su configuración como puzle narrativo en multiperspectivismo que intenta recomponer, con la nebulosa de la memoria, la figura del poumista Juan Bosch, y, fundamentalmente, el soberbio y encandilador estilo con el que ha sido compuesta la narración: la capacidad para los tropos de la prosa de Taravillo (en quien el poeta puede a veces al narrador), el cuidado y preciso lenguaje y la sintaxis trabajada, otorgan al texto una pátina de elegancia y alejamiento de lugares comunes. Dos peros -Ricardo Senabre podría ultimar- contrapesan esta alabanza estilística: la ausencia frecuente en las oraciones de relativo del artículo entre la preposición y el pronombre, que hace rechinar un poco la lectura ("Recordó aquellos días de la Feria de Abril, en su juventud, en que regresaba a casa"), y cierta artificiosidad de los diálogos, que pudiera alejar del libro al lector común, pues la novela habría que considerarla más bien como un artefacto narrativo destinado a literatos, no en vano su protagonista es profesora de Lengua y Literatura.

Jazz en Sevilla

Author: Angelus / Etiquetas: , , , ,


Como cada mayo, la Universidad sevillana ofrece un ciclo de Jazz que poco a poco va ocupando el lugar de privilegio que otrora tuviera el Teatro Central, preocupado ahora más por la danza moderna y demás artes escénicas.

Tord Gustavsen Quartet inauguró el jueves 15 los conciertos internacionales de este año. Con una puesta escena muy cuidada: trajes negros, luz tenue cenital y una elocución casi susurrante, el cuarteto del pianista noruego seguro que sorprendió a más de uno por la sutileza, intimismo y autorreflexión de su propuesta musical (el largo invierno escandinavo se trasladó a tierras meridionales). Sin protagonismos excesivos de cada instrumento (piano, batería, saxo -¡estupendo!- y contrabajo), pero con los solos habituales en las formaciones jazzísticas, tan solo desentonó el contrabajista y no por su calidad sonora, sino por un volumen excesivamente bajo y el antiestético carcaj que colgaba del instrumento.

Philip Catherine dio, al día siguiente, una lección magistral de entrega y sabiduría sonoras. Al frente de un trío de batería, guitarra y órgano, impuso su ley ante un público entusiasmado por la precisión digital del guitarrista belga. Nunca he sabido encajar demasiado la guitarra en las melodías del jazz (no bebo los vientos por Jim Hall o Kenny Burrell), pero en el escenario Catherine apabulló por su técnica y calidad musical: fue un placer escuchar ese sonido tan especial que ofrece el órgano Hammond.

El saxofonista James Carter, ayer sábado, rebajó el listón del festival con exhibiciones circenses, payasadas y un batería primitivo y monótono. En la estela de Charlie Parker, quiso encandilar al público -¡y lo logró!- con un bebop de virtuosismo instrumental y ataques swing en los teclados del órgano Hammond de su parteniare Gerard Gibbs. Las piezas con el clarinete chirriaron y tan solo levantó el vuelo en las composiciones finales, ya un poco más comedido.